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En esta página habrá un compilado de extras, escenas cortadas, historias cortas y otros contenidos adicionales dentro de la serie, publicados junto con Las Crónicas de Cazadores de Sombras o por la misma Cassandra Clare. Estos incluyen escenas borradas, historias compartidas luego de la publicación de la serie, etc.

Ciudad de Hueso

Prólogo original

Fuente: "Escenas borradas" del sitio web de Ciudad de Hueso
Notas de CC: Este era el prólogo original de Ciudad de Hueso. Había querido contar algo de la historia desde el punto de vista de Jace, pero una vez que avancé con el libro me di cuenta de que lo mejor era dejarlo solo desde la perspectiva de Clary. Lo hacía un personaje más misterioso y siempre divertido.

Las Marcas en su piel contaban la historia de su vida. Jace Wayland siempre había estado orgulloso de ellas. Algunas de las otras personas jóvenes en la Clave no les gustaba las letras negras desfiguradas, no les gustaba el dolor ardiente de la estela cuando cortaba la piel, no les gustaba las pesadillas que venían cuando las runas eran grabas muy fuerte en la carne de algunos que no estaban listos. Jace no tenía simpatía por ellos. Era su propia culpa que no fueran fuertes.

Él siempre había sido fuerte. La mayoría de los chicos obtenían sus primeras Marcas cuando tenían quince. Alec había tenido trece, y eso era muy joven. Jace había tenido nueve. Su padre había cortado las Marcas en su piel con una estela hecha de marfil tallado. Las runas deletrearon su nombre verdadero, y otras cosas más. "Ahora eres un hombre", había dicho su padre. Esa noche Jace soñó con ciudades hechas de oro y sangre, con altas torres de huesos puntiagudas como astillas. Él casi tenía diez años y nunca había visto una ciudad.

Ese invierno su padre lo llevó a Manhattan por primera vez. El duro pavimento estaba sucio, los edificios muy cera el uno del otro, pero las luces eran brillantes y hermosas. Y las calles estaban llenas de monstruos. Jace solo los había visto antes en los manuales instructivos de su padre. Vampiros galantes, con rostros muertos blancos como el papel. Licántropos con sus dientes afilados y su olor a lobo. Brujos con sus ojos como los de los gatos y orejas puntiagudas, a veces colas bifurcadas saliendo del dobladillo de una chaqueta elegante de terciopelo.

"Monstruos," su padre había dicho, con disgusto. Su boca curvada en la esquina. "Pero sangran tan rojo como lo hacen los hombres cuando los matas."

"¿Qué hay sobre los demonios? ¿Sangran rojo?"

"Algunos lo hacen. Algunos sangran sangre fina como veneno verde, y algunos sangran sangre plateada o negra. Tengo una cicatriz de un demonio que sangró ácido del color de los zafiros."

Jace miró a la cicatriz de su padre a modo de pregunta. "¿Y haz matado a muchos demonios?"

"Si," dijo su padre. "Y algún día tu también lo harás. Naciste para matar demonios, Jace. Está en tus huesos."

Sería años más tarde que Jace vería un demonios por primera vez, y por ese entonces su padre ya había estado muerto por varios años. Él empujó a un lado su camiseta y miró la cicatriz donde el primer demonios había clavado sus garras en él. Cuatro garras paralelas que corrieron desde su clavícula a su hombro, donde su padre había marcado las runas que lo harían rápido y fuerte, y lo escondieron de los ojos de los mundanos. Ligero como el viento, fuerte como la tierra, silencioso como el bosque, invisible como el agua.

Jace pensó en la chica de su sueño, la del cabello pelirrojo trenzado. En el sueño, él no había sido invisible para ella. Ella lo había mirado con nada más que consciencia; había habido reconocimiento en sus ojos, como si le fuera familiar. Pero ¿cómo una chica humana veía a través del glamour?

Él se había despertado temblando, frío como si su piel hubiera sido arrancada. Era aterrador sentirse tan vulnerable, más aterrador que cualquier demonio. Él podría preguntarle a Hodge sobre runas para protegerse de las pesadillas en la mañana. Quizás habría algo sobre eso en uno de sus libros.

Pero ahora no había tiempo. Había habido informes de actividad oscura en un club nocturno en el centro, cuerpos humanos encontrados drenados al salir el sol. Jace se encogió de hombros en su chaqueta, controló sus armas, sus manos Marcadas tanteando sobre piel y metal. Las Marcas que ningún ojo humano podría ver... y estaba encantado, pensando en la chica de su sueño, el modo en que ella lo miró, como si no fuera diferente de como era ella. Despojadas de su magia, las Marcas de su cuerpo era solo marcas, después de todo, con no más poder que las cicatrices en su muñeca y pecho, o la cicatriz profunda sobre su corazón cuando el asesino de su padre lo había apuñalado cuando tenía diez años.

"¡Jace!"

El sonido de su nombre lo sacó de su ensueño. Los estaban llamando del corredor, Alec e Isabelle, impacientes, ansiosos por la cacería y el matar. Barriendo las pesadillas de su mente, Jace fue a reunirse con ellos.

Juramento de Magnus

Fuente: Tumblr

Una historia que tiene lugar durante Ciudad de Hueso desde el punto de vista de Magnus. La primera edición de Ángel Mecánico viene con ella.

Magnus Bane yace sobre el suelo de su apartamento en Brooklyn, mirando al cielo desnudo. El piso estaba un poco pegajoso, como los estaba casi todo en el apartamento. Vino de hadas derramado mezclado con sangre en el suelo, corriendo en riachuelos a lo largo de las desagradables alfombras. El bar, que había sido una puerta colocada a través de dos latas de basura metálicas abolladas, había sido demolido en algún punto de la noche durante una vívida lucha entre un vampiro y Bat, uno de los hombres lobos de la manada del centro. Magnus se sentía satisfecho. No era una buena fiesta a menos que algos resultarse roto.

Pasos suaves y acolchados pasaron por el piso hacia él y luego algo se aferró a su pecho; algo pequeño, suave y pesado. Él miró hacia arriba y se encontró a si mismo mirando a un par de ojos verdes dorados que encajaban con los suyos propios. Presidente Miau.

Acarició a su gato, quien pasó sus garras felizmente en la camiseta de Magnus. Unas pocas serpentinas cayeron del techo y aterrizaron sobre ambos, causando que Presidente Miau saltara a un lado.

Con un gruñido, Magnus se levantó. Usualmente se sentía así luego de una fiesta - cansado pero muy herido para dormir. Su mente estaba zumbando por los eventos de la noche, pero como un CD rayado, seguía volviendo al mismo punto y se mantenía allí, enviando sus recuerdos en un remolino.

Esos niños cazadores de sombras. Él no había estado sorprendido de que Clarissa lo hubiera rastreado finalmente, él sabía que el recurso provisional del hechizo de memoria de Jocelyn no duraría para siempre. Él se lo había dicho, pero ella había estado determinada a proteger a la niña tanto como pudiera. Ahora que la había conocido, consciente y alerta, él se preguntaba su ella realmente necesitaba toda esa protección. Ella era feroz, impulsiva y valiente, y suertuda como su madre.

Eso era si creías en la suerte. Pero algo debía haberla llevado hasta los cazadores de sombras del Instituto, posiblemente los únicos que podrían protegerla de Valentine. Era una pena que Robert y Maryse se hubieran ido. Él había lidiado con Maryse más de una vez, pero habían pasado años desde que viera a la generación más joven.

Él tenía un recuerdo bago de visitar a Maryse y Hodge, y que allí había dos chicos en el vestíbulo, de más o menos once años, batallando adelante y atrás con cuchillos serafín de entrenamiento. Una chica con el cabello en dos trenzas había estado observándolos y discutía sonoramente por no haber sido incluida. Él había tomando muy poca nota de ellos en ese momento.

Pero ahora, verlos lo había sacudido, especialmente los chicos, Jace y Alec. Cuando tienes tantos recuerdos, a veces era difícil identificar al exacto que querías, como echar un vistazo en un libro de diez mil páginas para encontrar el párrafo correcto.

Esta vez, sin embargo, lo sabía.

Él rastreó a través del desagradable suelo y se arrodillo para abrir la puerta del armario. Dentro, hizo a un lado ropas y varios paquetes de pociones, siendo a través de la pared por lo que quería. Cuando emergió, tosiendo por las bolas de polvo, estaba arrastrando un baúl de madera de tamaño decente. Aunque había vivido un tiempo largo, necesitaba viajar ligero; para mantener cada momento de su pasado. Él sentía que de alguna manera lo tiraban hacia abajo, impidiendo que se moviera hacia a delante. Cuando vives para siempre, solo puedes pasar poco tiempo mirando hacia atrás.

Había pasado mucho tiempo desde que había abierto el baúl, se abrió con un chillido de bisagras que enviaron a Presidente Miau corriendo debajo del sofá, su cola retorciéndose.

El montón de objetos en el interior el baúl parecía el tesoro de un dragón fastidioso. Algunos de los objetos brillaban con metales y piedras preciosas-Magnus sacó una antigua tabaquera con las iniciales WS grabadas sobre la parte superior en rubíes parpadeantes y sonrió ante el mal gusto de la cosa, y también por los recuerdos que evocaba.

Los otros parecían nada especial: una desteñida, cinta de seda de color crema que había sido de Camille; una caja de fósforos del Club de la Nube con las palabras "Yo sé lo que eres" escrito en la cubierta interior por la mano de una dama; una quintilla* firmada OFOWW; un pedazo medio quemado de papel de escribir del club de Hong Kong, un lugar que le había sido prohibido, no por ser un brujo, sino por no ser blanco.

Él tocó un pedazo de soga trenzada casi en el fondo del montón, y pensó en su madre. Ella había sido la hija de un hombre colonial holandés y una mujer indonesia que había muerto al dar a luz y cuyo nombre Magnus nunca había conocido.

Estaba casi en el fondo del baúl cuando encontró lo que estaba buscando y lo sacó, entrecerrando los ojos: una fotografía de papel negro y blanco montado en cartón duro.

Un objeto que realmente no debería haber existido, y no si Henry no se hubiera obsesionado con la fotografía. Magnus podría imaginárselo ahora, agachándose dentro y fuera por debajo de la capucha del fotógrafo, corriendo con las placas húmedas hacia el cuarto oscuro que él había creado en la cripta para revelar la película, gritándole a sus sujetos fotográficos que debían permanecer quietos. Esos eran los días en los que a fin de fotografiarse, debían permanecer quietos por minutos cada vez. Nada fácil pensó Magnus, la esquina de su boca alzándose, por el equipo del Instituto de Londres.

Estaba Charlotte, su pelo oscuro recogido en un moño práctico. Ella estaba sonriendo, pero con ansiedad, como entrecerrando los ojos por el sol. A su lado estaba Jessamine en un vestido que parecía negro en la foto, pero que Magnus sabía que había sido de color azul oscuro. Tenía el pelo rizado y cintas de serpentinas caían desde el ala de su sombrero de paja. Ella se veía muy bonita, pero no como Isabelle: una niña de su misma edad que amaba ser cazadora de sombras, mostraría sus moretones y cicatrices de sus marcas como si fueran joyas, en lugar de esconderse con encaje de Malinas.

Al otro lado de Charlotte estaba Jem, pareciendo un negativo fotográfico él mismo con el pelo plateado y los ojos vueltos casi blancos; su mano descansaba en su dragón de jade con cubierta de caña, y su rostro estaba vuelto hacia Tessa.

Tessa, su sombrero estaba en su mano y sus largos rizos castaños volaban libres, ligeramente borrosos por su movimiento.

Había un débil halo de luz alrededor de Will: como correspondía a su naturaleza y no habría sorprendido a nadie que lo conociera, él no había sido capaz de quedarse quieto para la foto. Como siempre, estaba sin sombrero, su pelo negro rizado en las sienes. Era una pérdida no ser capaz de ver el color de sus ojos, pero todavía era hermoso y joven y un poco de aspecto vulnerable en la fotografía, con una mano en su bolsillo y la otra detrás de su cuello.

Había pasado mucho tiempo desde que Magnus había mirado la fotografía que el parecido entre Will y Jace lo golpeó de repente. Aunque era Alec quién tenía ese pelo negro y aquellos ojos -ese mismo sorprendente color azul oscuro-era Jace el que tenía más de la personalidad de Will. Al menos en la superficie -la misma arrogancia aguda que oculta algo frágil debajo, el mismo ingenio agudo...

Trazó el halo de luz alrededor de Will con un dedo y sonrió. Will no había sido ningún ángel, aunque tampoco había sido tan deficiente como muchos pensaban. Cuando Magnus pensaba en Will, incluso ahora, pensaba en él goteando agua de lluvia en la alfombra de Camille, suplicando a Magnus por ayuda que nadie más podía darle. Fue Will el que le había introducido la idea de que cazadores de sombras y Submundos podría ser amigos.

Jem fue de Will, la mejor mitad. Él y Will habían sido parabatai, al igual que Alec y Jace, y compartían esa misma evidente cercanía. Y Alec y Jem eran ambos inusuales en lo que a Cazadores de Sombras concernía, Alec había golpeado a Magnus de un modo en nada parecido a Jem- Alec era nervioso y dulce, sensible y preocupado, mientras que Jem había sido tranquilo, y rara vez se molestaba, más viejo que sus años- Alec emanaba una inocencia profunda hasta la médula; que era rara entre los cazadores de sombras- una cualidad que, Magnus tuvo que admitir, lo atrajo como una polilla a una flama, a pesar de todo su propio cinismo.

Magnus miró a Tessa de nuevo. Pensó que ella no fue convencionalmente bonita en la forma en que Jessamine había sido bonita, su rostro estaba vivo con energía e inteligencia. Sus labios se curvaban en las esquinas. Ella estaba de pie, como Magnus suponía era apropiado, entre Jem y Will.

Tessa. Tessa, quien, como Magnus, vivía para siempre. Magnus miró los restos en la caja de los recuerdos de amor del pasado, algunas de cuyas caras se quedaron con él tan claramente como el día que las había visto por primera vez, y algunos cuyo nombre apenas recordaba. Tessa, que, como él, había amado a un mortal, alguien destinado a morir de un modo en que ella no lo estaba.

Magnus volvió a poner la fotografía en el baúl. Él sacudió la cabeza, como si pudiera limpiarla de recuerdos. Había una razón por la que él rara vez abría el baúl. Los recuerdos le pesaban, le recordaban lo que él había tenido una vez, pero ya no. Jem, Will, Jessamine, Henry, Charlotte - de una manera que era increíble que aún recordara sus nombres. Pero conocerles había cambiado su vida.

Conocer a Will y sus amigos había hecho a Magnus jurarse a sí mismo que nunca volvería a involucrarse en asuntos personales de Cazadores de Sombras. Porque cuando te preocupas por mortales, ellos te rompen el corazón.

"Y no lo haré", dijo a Presidente Miau solemnemente, tal vez un poco borracho. "No me importa lo encantadores que sean o lo valientes o que tan indefensos parezcan, nunca nunca nunca lo haré -"

En la planta baja, el timbre sonó, y Magnus se levantó a contestar.

El punto de vista de Jace en el Invernadero

Fuente: TMI source
Punto de vista de Jace de su primer beso con Clary.

Besé tus labios y rompí tu corazón

La campana del Instituto empieza a sonar, el profundo latido de corazón de la cumbre de la noche.

Jace deja su cuchillo. Es una navaja pequeña y prolija, con el mango de hueso, que Alec le dio cuando se convirtieron en parabatai. La usa constantemente y el agarre se está desgastando por la presión de su mano.

"Medianoche," dice él. Puede sentir a Clary a su lado, su respiración suave en el frío, el olor a hojas del invernadero. Él no se fija en ella, sino que mira hacia adelante, en los brotes brillantes de la planta de medianoche. No está seguro de por qué no quiere mirarla. Recuerda la primera vez que vio el florecimiento de las flores, durante la clase de horticultura, sentado en un banco de piedra con Alec e Izzy a cada lado de él, y los dedos de Hodge en el tallo de la flor - los había despertado cerca de la medianoche para mostrarles esa maravilla, una planta que normalmente crece sólo en Idris - y recordé el aliento de la captura en el aire de la medianoche invernal, a la vista de algo tan sorprendente y tan hermoso.


Alec e Isabelle han estado interesados, pero no, recuerda, atrapado por la bellezaque había sido. Le preocupa, incluso ahora, cuando las campanas repican, en que Clary sea igual: interesada o complacida, incluso, pero no encantada. Él quiere que ella sienta lo que hay sobre la medianoche, aunque no sabría decir por qué.

Un sonido escapa de su boca, un suave "¡Oh!" La flor está floreciendo: abriéndose como el nacimiento de una estrella, todo el polen brillante y pétalos de oro blanco. "¿Florecen todas las noches?"

Una oleada de alivio lo inunda. Sus ojos verdes brillantes, fijos en él. Ella flexiona los dedos inconscientemente, la forma en que ha llegado a comprender que hace cuando está deseando tener un bolígrafo o un lápiz para capturar la imagen de algo delante de ella. A veces desearía poder ver como ella: ver el mundo como un lienzo para ser capturado en la pintura, tizas y acuarelas. A veces, cuando ella lo mira de esa manera él se encuentra casi ruborizándose, una sensación tan extraña que casi no se reconoce. Jace Wayland no se ruboriza.

"Feliz cumpleaños, Clarissa Fray", dice, y su boca se curva en una sonrisa. "Tengo algo para ti." Hurga, un poco, alcanzando en el bolsillo, aunque no cree que ella se de cuenta. Cuando presiona la piedra de luz mágica en su mano, él es consciente de lo pequeños que son sus dedos - delicados pero fuertes, callosos de horas de aguantar lápices y pinceles. Los callos le hacen cosquillas en sus dedos. Se pregunta si el contacto con su piel le acelera el pulso a ella de la forma en que lo hace hace cuando ella le toca.

Aparentemente no, porque se aleja de él con una expresión que muestra curiosidad solamente. "Sabes, cuando la mayoría de las chicas dicen que quieren un pedrusco, no quieren decir, sabes, literalmente, un pedrusco."

Él sonríe sin querer. Lo cuál es inusual en él mismo, por lo general solo Alec e Isabelle pueden hacerle reír. Sabía que Clary era muy valiente la primera ver la que conoció - caminando en esa habitación después de Isabelle sin armas y sin preparar, tuvo el tipo de valor que no asocian con los mundanos, pero el echo de que ella lo hizo reír aún le sorprende más.

"Muy divertido, mi sarcástica amiga. No es una pierda, precisamente. Todos los Cazadores de sombras tienen una luz mágica. Que te traerá la luz, incluso entre las sombras más oscuras de este mundo y de los demás."

Eran las mismas palabras que su padre había hablado con él, al darle su primera piedra mágica. "¿Qué otros mundos?" Jace le había preguntado, y su padre se había reído solamente. "Hay más mundos a un suspiro de distancia de éste que granos de arena en una playa." 

Ella le sonríe y hace una broma sobre los regalos de cumpleaños, pero él siente que ella se emociona, se desliza la piedra en el bolsillo con cuidado. La flor medianoche ya está derramando sus pétalos como una lluvia de estrellas, iluminando su cara con una iluminación suave. "Cuando tenía doce años, quería un tatuaje", dice. Un mechón de pelo rojo cae sobre sus ojos, Jace enfrenta a la necesidad de extender la mano y quitarlo hacia atrás.

"La mayoría de Cazadores de Sombras consiguen sus primeras marcas a los doce años. Debe haber sido tu sangre. "

"Tal vez. Aunque dudo que la mayoría de los Cazadores de Sombras se hace un tatuaje de Donatello de las Tortugas Ninja Mutantes en su hombro izquierdo." Ella sonríe, de esa manera que hace cuando dice cosas que son totalmente inexplicables para él, como si las estuviera recordando con cariño. Le llega una punzada de celos por sus venas, aunque no está seguro de lo que está celoso. Simon, quién entiende sus referencias del mundo mundano y Jace no puede ser parte él. El mundo mundano en sí al que ella podría volver algún día, dejandole a él y a su universo de demonios y cazadores, las cicatrices y la batalla, ¿con gratitud por detrás?

Se aclara la garganta. "¿Querías una tortuga en el hombro?"

Ella asiente con la cabeza, y su cabello se cae fuera lugar. "Quería cubrir mi cicatriz de la varicela." Quita una tira de la camiseta a un lado. "¿Ves?"

Y lo ve: hay algún tipo de marca en el hombro, una cicatriz, pero ve más que eso: ve la curva de su clavícula, la fina capa pecas en la piel como una capa de oro, la curva suave de su hombro, el pulso en la base de su garganta. Ve la forma de su boca, los labios entreabiertos. Sus pestañas cobrizas, cómo las baja. Y es arrastrado a través de una ola de deseo, un tipo que nunca ha experimentado antes. Él deseó chicas antes, sin duda, y satisfizo ese deseo: siempre había pensado en él como hambre, la necesidad de un tipo de combustible que el cuerpo desea.

Nunca había sentido deseo de esta manera, un fuego limpio que quema el pensamiento, que hace que sus manos - no tiemblen, exactamente, pero vibran con energía nerviosa. Aparta los ojos de ella, a toda prisa. "Se está haciendo tarde", dice. "Tenemos que irnos."

Ella lo mira, con curiosidad, y no puede evitar la sensación de que esos ojos verdes pueden ver a través de él. "¿Alguna vez has salido con Isabelle?", preguntó.

Su corazón todavía late con fuerza. No entiende bien la pregunta. "¿Isabelle?" repite. ¿Isabelle? ¿Qué tiene Isabelle que ver con esto?

"Simon se preguntaba," dice ella, y él odia la forma en que ella dice el nombre de Simon. Él nunca había sentido nada como esto antes: nada lo ponía tan nervioso como ella. Recuerda ir hacia ella en el callejón detrás de la cafetería, la forma en que había querido llamarla a fuera, lejos del muchacho de cabello oscuro con el que estaba siempre, a su mundo de sombras. Había sentido incluso entonces que ella pertenecía  donde él pertenecía, no en el mundo mundano, donde las personas no eran reales, donde pasan más allá de su visión como marionetas en un escenario. Pero esta chica, con sus ojos verdes lo cubrió como una mariposa, ella es real. Como una voz escuchada en un sueño, que sabes que proviene del mundo de la vigilia, ella es real, perforando la distancia que ha puesto tanto cuidado de sí mismo como una armadura.

"La respuesta es no. Quiero decir, puede haber habido un momento en que uno u otro lo considerase, pero es casi una hermana para mí. Sería extraño."

"¿Quieres decir que Isabelle y tú nunca -"

"Nunca".

"Ella me odia", dijo Clary.

A pesar de todo, Jace casi se ríe, como un hermano podría, se toma un cierto deleite en observar a Izzy cuando está frustrada.

"Sólo la pones nerviosa, porque ella siempre ha sido la única chica en un grupo de chicos que la adoran, y ahora ya no es."

"Pero ella es tan hermosa."

"Tu también lo eres", dice Jace, de forma automática, y ve que la expresión de Clary cambia. No puede leer su rostro. Es casi como si nunca le ha dicho a una chica que es muy guapa antes, pero no puede recordar un momento en que no fue calculado. Fue accidental. Le hacía sentir como ir a la sala de entrenamiento y lanzara cuchillos y patadas y puñetazos y luchara contra las sombras hasta que estuviera ensangrentado y agotado, y como si su piel estuviera abierta, esa era la forma en la que estaba acostumbrado.

Ella se le queda mirando, en silencio. La sala de entrenamiento es, entonces.

"Probablemente deberíamos bajar", dice otra vez.

"Está bien." Él no puede decir lo que ella está pasando por su voz, tampoco; su capacidad para leer a la gente parece le ha abandonado y no entiende por qué. Rayos de luz de la luna llegan a través de los cristales del invernadero hacia su camino de salida, Clary ligeramente por delante de él. Algo se mueve delante de ellos - una chispa de luz blanca - y de repente ella se queda parada y medio se vuelve hacia él, y de repente está en el círculo de sus brazos, y es cálida y suave y delicada y la está besando.

Y se asombra. Él no funciona de esta manera; su cuerpo no hace las cosas sin su permiso. Es su instrumento tanto como el piano, y él siempre ha estado en perfecto dominio del mismo. Pero ella sabe dulce, como manzanas y cobre, y su cuerpo en sus brazos es tembloroso. Ella es tan pequeña, sus brazos van a su alrededor, para sostenerla, y se pierde. Entiende ahora por qué los besos en las películas se filman como son, con la cámara dando vueltas sin parar, dando vueltas: el suelo es inestable en sus pies y se aferra a ella, por pequeña que sea, como si pudiera sostenerlo.

Sus manos suaves por la espalda. Puede sentir su respiración contra él; un grito de sorpresa en medio de  los besos. Sus delgados dedos en su pelo, en la parte posterior de su cuello, enredando suavemente, y recuerda la flor de medianoche y la primera vez que lo vió y pensó: aquí hay algo muy bonito que pertenece adecuadamente en este mundo.

La fuerza del viento es audible para él primero, Instruído como está para escucharlo. Se retira de Clary y ve a Hugo, ubicado en el hueco de un pequeño ciprés. Sus brazos están todavía alrededor de Clary, su peso ligero contra él. Sus ojos están medio cerrados. "No te asustes, pero tenemos audiencia", le susurra. "Si Hugo está aquí, Hodge no debe andar lejos. Tenemos que irnos."

Su ojos verdes aletean todo el camino abiertos, y parece divertida. Eso pica un poco en su ego. Después de ese beso, ¿no debería estar ella desmayándose a sus pies? Pero ella está sonriendo. Ella quiere saber si Hodge está espiando. La tranquiliza, pero siente su suave sonrisa con un viaje a través de sus manos unidas - ¿Cómo ocurre eso? - mientras ellos van camino hacia abajo.

Y entonces lo entiende. Él entiende por qué las personas se dan la mano: él siempre había pensado que se trataba de posesión, diciendo: Esto es mío. Pero se trata de mantener el contacto. Se trata de hablar sin palabras. Se trata de que te quiero conmigo y no te vayas.

La quiere en su habitación. Y no de esa manera - ninguna chica ha estado nunca en su habitación de esa manera. Es su espacio privado, su santuario. Pero quiere a Clary allí. Quiere que ella lo vea, la realidad de él, no la imagen que muestra al mundo. Quiere que se acueste en la cama con ella y tenerla envuelta dentro con él. Quiere observar su respiración suavemente durante la noche; verla como nadie la ve: vulnerable y dormida. Para verla y ser visto.

Así que cuando llegan a su puerta, y ella le da las gracias por el picnic de cumpleaños, él aún no suelta su mano. "¿Te vas a dormir?"

Ella inclina la cabeza hacia arriba y puede ver que su boca lleva la huella de sus besos: un color de rosa, como los claveles en el invernadero, y se le hace un nudo en el estómago. Por el Ángel, piensa, estoy tan...

"¿No estás cansado?" pregunta ella, rompiendo sus pensamientos.

Hay un hueco en la boca de su estómago, una irritabilidad nerviosa. Quiere empujarla de nuevo hacia sí mismo, para verter en ella todo lo que siente: su admiración, sus recién adquiridos conocimientos, su devoción, su necesidad.

"Nunca he estado más despierto".

Ella levanta la barbilla, un movimiento inconsciente, rápido, y él se inclina hacia abajo, ahuecando la cara con su mano libre. No quería darle un beso aquí - demasiado público, demasiado fácil para ser interrumpidos -, pero no puede dejar de tocar su boca con la suya con ligereza. Sus labios en los de él, se apoya en ella y no puede parar. Estoy tan -

Es en ese preciso momento que Simon abre la puerta de la habitación y sale al pasillo. Y Clary se aleja de él a toda prisa, volviendo la cabeza a un lado, y él se siente con un dolor agudo como el de una venda que se quita de la piel.

Estoy muy jodido.

No para humanos

Fuente: Cassandra Clare en Tumblr
Una pieza corta que Cassandra Clare y Holly Black escribieron para el proyecto de John Green para Awesome hace unos años. Es un cruce entre la serie Modern Faerie Tale de Holly Black y Shadowhunter Chronicles. Kaye, Roiben, Corny y Luis son todos de los libros de Holly. Esto se establece antes del comienzo de City of Bones y cuenta la historia de Jace mencionada anteriormente acerca de comer comida de hadas y correr desnudo por Fifth / Madison Avenue con cuernos en la cabeza.

Kaye realmente no esperaba que Cazadores de sombras vinieran a Moon in a Cup , especialmente el día de la inauguración.

Ella ni siquiera estaba realmente segura de lo que hicieron los Cazadores de Sombras. Parecían creer que el mundo estaba amenazado por demonios, usaban muchas armas, se tatuaban entre sí y no confiaban en nadie que no fuera uno de ellos. Kaye había señalado una vez que nunca había visto un demonio y, realmente, había visto muchas cosas raras. El Cazador de sombras con el que ella había estado hablando había afirmado que no ver ningún demonio solo demostraba que los Cazadores de sombras estaban haciendo su trabajo. Ella había dejado de discutir después de eso. No puedes demostrar una negativa, había dicho Corny.

Sin embargo, le molestaba, porque no solo creían en los demonios, sino que también creían que las hadas como ella eran parte demoníacas. Eso hizo que todo el armamento y la rareza fueran un poco más nerviosos de lo que podrían haber sido de otra manera. Pero a Luis le gustaban y, además, Kaye necesitaba clientes. Solo esperaba que no comieran los bollos. Moon in a Cup era su sueño y ahora que estaba sucediendo, estaba increíblemente nerviosa. Le encantaba el olor del expreso en el aire, las nubes de vapor y el sonido de la leche espumosa. Adoraba todas las cosas que ella y sus amigas habían robado de las ventas de segunda mano y de los márgenes de la carretera. Mesitas de madera raídas que ella, Valerie y Ruth habían decorado con postales, hojas de música y páginas de enciclopedias. Sillas pintadas de oro. Arte extraño y astas extrañas y algunos paisajes con serpientes de mar pintadas encima de ellos. Copas desparejas que iban desde porcelana china hasta cuencos descascarillados con imágenes de patos en ellas y tazas con eslóganes para negocios que llevaban mucho tiempo cerrados. Todos y cada uno de ellos se sentían como un tesoro para ella, pero nunca había tenido nada antes o era muy responsable. Está preocupada sobre si podría manejarlo, si le gustaría una vez que fuera real - durante meses

Y ahora, finalmente, por fin, el lugar estaba abierto.

Ravus y Luis habían pintado un gran cartel anunciando la GRAN APERTURA, que colgaba sobre el registro. Allí, en botes algo organizados, fueron los ingredientes para muchas cosas, tanto mortales como menos. Además de varias bebidas de café, incluyendo el terrorífico Red Eye y el Dirty Chai, servían infusiones de hierbas hechas de ortiga, cardo mariano y diente de león, rosa mosqueta y adormidera, azadón y pata de caballo. Entonces uno de los caballeros Unseelie, Dulcamara, le había enviado a Kaye una gran canasta de pasteles: bollos, muns, todas las tartas, todo horneado con frutas de hadas, ninguna de las cuales Kaye podía imaginarse a sí misma. Corny los había sacado, pero los marcó NO PARA HUMANOS, lo que Kaye temía que pudiera confundir a las personas que llegaban de la calle. Aun así, había estado demasiado ocupada para hacer algo más que prometerse a sí misma que iba a vigilarlos.

El lugar ya estaba medio lleno para cuando llegaron los Cazadores de Sombras. Había una tonelada de hadas que Kaye no sabía, habitantes de la corte de Roiben, mirando con curiosidad la decoración. Corny estaba ayudando a Kaye detrás de la barra, mezclando una taza de té de algas marinas para un kelpie vestido con agudeza que le guiñó un ojo. Corny no le devolvió el ojo, probablemente porque Luis lo estaba mirando desde el otro lado de la habitación con una expresión divertida, flanqueado por Val, su corto pelo rojo que crecía en rizos, Ravus, y la mejor amiga de Val, Ruth, con su nueva novia cuyo cabello estaba teñido el color de un arándano.

Sin embargo, Luis dejó de mirar a su novio y miró hacia la puerta cuando entraron los Cazadores de Sombras. Solían llamar la atención, a pesar de que a menudo se veían encantados como si realmente no lo quisieran. Aun así, era difícil ignorar a un grupo de personas altas y fuertemente armadas cuyos pómulos eran tan afilados como sus armas.

Era un grupo de tres de ellos: dos niños y una niña. El chico más alto tenía cabello negro y ojos azules, y llevaba una aljaba de arcos colgando de su hombro. Tenía las manos en los bolsillos y estaba mirando como si realmente no quisiera estar allí. El chico a su lado era rubio, muy rubio, con el pelo del mismo color que las sillas de oro pintadas. Llevaba una larga chaqueta de cuero por lo que las armas que tenía sobre él probablemente estaban ocultas, aunque Kaye estaba segura de que estaban allí. La niña tenía el mismo cabello largo y negro que el chico alto, hermanos, supuso Kaye, aunque sus ojos estaban oscuros. Llevaba un top de encaje y una falda de terciopelo, y una especie de brazalete dorado muy inusual que se enroscaba una y otra vez en su brazo.

"¡Meliorn!", Gritó la chica al entrar, y corrió por la habitación para arrojarse en los brazos de un caballero hada con una armadura blanca. Kaye lo reconoció como uno de los caballeros de la Corte Seelie, una especie de tipo silencioso, engreído. Devolvió el abrazo de la cazadora de sombras.

"Isabelle", dijo. "Eres tan adorable como un sauce".

Kaye sonrió para sí misma. Ah, cumplidos de hadas. Algunos sauces eran encantadores y otros no, por lo que el cumplido no significaba mucho. Sin embargo, la chica Shadowhunter, Isabelle, parecía ronronear bajo sus palabras; agarrándolo por sus orejas ligeramente puntiagudas, ¿tal vez solo medio fae? - ella lo besó cálidamente. Bueno, eso era nuevo. Cazadores de sombras saliendo con hadas

Los dos muchachos se acercaron al bar, mirando a su alrededor como si estuvieran seguros de que alguien estaría honrado de servirles café. Kaye no estaba tan convencida. "Entonces, ¿qué es un Red Eye?", Preguntó el rubio.

"Es un shot de espresso en una taza de café", explicó Kaye. "No para aficionados". El niño rubio sonrió. Tenía ese tipo de sonrisa que las personas realmente guapas que sabían que eran guapas lo hicieron. Fue más que un poco intimidante. "Creo que encontrarás que no soy un aficionado en nada".

"Entonces, ¿eso significa que quieres uno, o no?" Kaye siempre se sentía incómoda con chicos como él, seguros de que se estaban riendo de ella.

"Creo que significa que si sales de detrás de ese mostrador y pasas unos minutos conmigo en algún lugar un poco más privado, no estarás decepcionado". Kaye lo miró boquiabierta. ¿Realmente estaba sugiriendo que fueran a tener sexo? Como en ese momento, en el medio de su turno? O tal vez quiso decir algo más. Ella lo miró de nuevo. No, probablemente no.

"Jace", siseó el chico parado junto a él. "Solo pide una maldita galleta o algo así".

"Me gustan las galletas", dijo Jace, con una sonrisa particularmente encantadora, "pero lo que realmente prefiero son las mujeres bonitas con la piel verde".

"Reduze su velocidad, Capitán Kirk", dijo Corny. "Ella tiene novio."

"¿Uno serio?", Inquirió Jace, todavía estaba sonriendo de esa manera encantadora que hacía difícil irritarse.

"Él tiene una espada seriamente grande", dijo Corny. "Y él estará aquí en cualquier momento".

La mano de Jace fue a su cintura. "Bueno, si se trata de espadas realmente grandes, estamos discutiendo ..."

El chico de pelo oscuro bajó la cabeza sobre la encimera. "Deja de coquetear sin sentido", dijo. "O voy a golpear mi cabeza a través de este caso de pastelería".

"Desearía que no lo hicieras", dijo Kaye. "Acabamos de tenerlo instalado".

"Tranquilízate, Alec." Jace se encogió de hombros, de una manera que no hizo ningún daño y mostró su sonrisa a Corny. "En ese caso, supongo que tendremos que conformarnos con dos Red Eyes y un bollo".

"Los bollos no son para humanos", protestó Kaye. "No somos humanos", dijo Jace. Kaye estaba a punto de protestar, cuando Corny deslizó un plato con un bollo sobre la encimera con un gesto.

Ella quería arrebatárselo (la fruta de las hadas no era sabia para nadie), pero sería malo para los negocios que los vendedores no los vean, especialmente cuando actualmente están pagando por ellos. Además, pensó, tratando de convencerse a sí misma, a la gente le gustaba la fruta de las hadas. Los volvió un poco locos, claro, y hubo una ocasión en que Corny recitó todas las letras de Synchronicity mientras las comía y esa otra vez que quizás estuvo involucrado en una orgía, pero en general, Jace probablemente estar bien. Se suponía que los cazadores de sombras fueran diferentes. Tal vez tenían cierto control sobre sí mismos que los seres humanos comunes no tenían. El rumor sobre ellos era que eran parte del ángel, y Kaye no podía imaginar a los ángeles corriendo por ahí recitando todas las letras de Synchronicity o entrando en situaciones orgiásticas. Por otra parte, tampoco podía imaginar a los ángeles golpeándola. "Disfrútalo", dijo, dándose por vencida y colocando sus bebidas de café en el mostrador.

Alec tomó el cambio que repartió y lo tiró en el recipiente de la propina. Ella se sintió mal por él. Era obvio que estaba un poco enamorado de Jace, e igualmente obvio que estaba teniendo un mal día.

Observó mientras se abrían paso a través de la tienda y se dejaban caer en un sofá frente a Isabelle y Meliorn, que estaban ocupadas frotándose las narices y haciéndose muecas el uno al otro. Jace y Alec pusieron los ojos en blanco.

Otro chico entró, tambaleándose un poco. Su cabello negro pegado hacia arriba, grueso con brillo, y parecía estar muy, muy borracho. Tenía una pila de papeles con él y los estaba distribuyendo a los clientes. Cada vez que alguien tomaba uno, había un pequeño estallido eléctrico de brillo. Finalmente él se tendió en un sillón cerca de Isabelle, y se inclinó hacia ella.

Se separó de Meliorn, frunciendo el ceño, parecía estar diciendo algo sobre el cumpleaños de su gato mientras agitaba otro trozo de papel. O tal vez estaba hablando de su propio cumpleaños, ya que sus ojos se veían muy parecidos a los ojos de un gato, sin parpadear. Kaye se preguntó qué era él. No es un hada, y tampoco es un Cazador de sombras.

"¿ Magnus El Magnifico ?", Dijo Isabelle, dudosa, luego se encogió de hombros. "Pero, oye, gracias por la invitación." Cogió el periódico, lo dobló y se lo metió por la parte delantera de la camisa antes de volver a besar a Meliorn.

Durante unos minutos, Kaye estaba absorta en preparar otra olla de té de algas marinas, pasarle tres tiros de espresso a un trío de duendes y hacer un Dirty Chai para un humano en un traje de negocios que parecía un poco nervioso, como si a pesar de no poder para ver a través del glamour a su alrededor, pudo discernir que algo sobre los otros clientes estaba un poco apagado. Él se escabulló tan pronto como ella le entregó su bebida, despejando el camino para que ella viera al otro lado de la habitación.

A donde Jace se quitaba la ropa. El plato de bollo en la mesa de café frente a él estaba vacío, y tenía una expresión soñadora en la cara: la expresión soñadora de un humano que había comido fruta de hadas. Ya se había quitado su largo abrigo, y estaba poniéndose a trabajar en los botones de su camisa. "Jace", Siseó Alec. "Jace, ¿qué estás haciendo?

"Hace calor aquí", dijo Jace, con voz arrastrada.

Dos cuchillos golpean el suelo.

Al otro lado de la habitación, varias hadas comenzaron a reírse. Jace se quitó las botas y los calcetines.

"Corny", dijo Kaye. "Has algo. Esto es completamente tu culpa, ya sabes. Le diste esos bollos ".

Corny estaba mirando a Jace desvistiéndose con las cejas levantadas y una expresión de agradecimiento en su rostro. "Creo que podría ser una especie de genio. No podrías pagarme para detener esto

Jace se había quitado la camisa. Kaye entrecerró los ojos y tuvo que admitir que Corny tenía razón. Rara vez viste un cuerpo así fuera de los diferenciales de las revistas. Algunas personas tenían seis paquetes; Jace parecía tener un paquete de doce. No parecía humanamente posible. "Podría ser bueno para los negocios", reflexionó y se tomó una taza de espresso. Ella pensó que iba a necesitarlo.

"¿Tal vez podríamos hacer que lo haga todos los días?", Dijo Corny, mientras Jace se desabrochaba los vaqueros. Alec intentó detenerlo, pero Jace se movió ágilmente fuera de su camino y pateó los jeans con un floreo.

"No trates de detenerme, Alec", dijo Jace. "Este cuerpo debe ser libre".

Isabelle levantó la vista de besar a Meliorn y sus ojos se agrandaron. "Santa mierda", dijo ella. "Jace ..." Ella comenzó a ponerse de pie, pero Jace ya se había dirigido a la puerta. Hizo una pausa y se inclinó, sin grandes aplausos, cogió el cornamenta de la pared y se los colocó suavemente en la cabeza.

Luego salió corriendo por la puerta, justo cuando Roiben entró. Roiben, con su larga capa negra, alzó ambas cejas plateadas y miró a Jace con una pequeña sonrisa en la comisura de los labios. Miró a su alrededor para hacerle una pregunta a Meliorn y luego pareció pensarlo mejor. Entonces, abruptamente, comenzó a reírse.

"Oh, por el Ángel", dijo Alec con tristeza. "Otro lugar al que nunca más podemos ir. Podrías pensar, en una ciudad tan grande como Nueva York ... "

Kaye notó que el borracho Magnus El Magnifico estaba mirando a Alec con un brillo en sus ojos felinos. Realmente estaba tan mal que Alec parecía demasiado hundido en la oscuridad para darse cuenta.

"Deberíamos haberle colgado un letrero a ese tipo", dijo Corny. "Imagina la publicidad". Y en ese momento, Kaye se dio cuenta de dos cosas. Una era que los Cazadores de Sombras podían ser buenos para matar cosas, pero sus vidas eran un desastre. Y la otra era que a ella le encantaría tener una cafetería.

Despierto

Fuente: Cassandra Clare en Tumblr
La escena donde Jace y Clary se encuentran por primera vez en el club Pandemonium, escrita desde el punto de vista de Jace, lanzada en la edición especial de tapa dura de Ciudad de hueso. Reenvasado estadounidense de Barnes and Noble.

"Era como si siempre estuviese medio despierto cuando otras personas estaban preocupadas. Y luego nos encontramos contigo y él se despertó".

- Isabelle a Clary, ciudad de cristal Un fragmento:

Jace miró a Alec e Isabelle. Matar a un demonio frente a un mundano, a menos que hubiera una amenaza inmediata, era algo así como un no-no. Se suponía que los mundanos no debían saber sobre los demonios. Por una de las primeras veces en su vida, Jace se encontró perdido. No podían dejar a la niña con el Eidolon; la mataría. Si dejaban el Eidolon solo, escaparía y mataría a alguien más. Si se quedaban y lo mataban, estarían expuestos.

"Noquea," murmuró Alec, en voz baja. "Solo ... golpeala en la cabeza con algo".

"Solo ve", le dijo Jace a la niña. "Sal de aquí, si sabes lo que es bueno para ti".

Pero ella solo plantó sus pies más duro. Podía ver la expresión de sus ojos, como signos de exclamación: ¡No! ¡No!

"No voy a ir a ningún lado", dijo. "Si lo hago, lo matarás".

Jace tuvo que admitir que eso era cierto. "¿Qué te importa?" Señaló al demonio con su cuchillo. "Esa no es una persona, niña. Puede parecer una persona y hablar como una persona y sangrar como una persona. Pero es un monstruo ".

"Jace! "Los ojos de Isabelle brillaron. Eran sin fondo, negros, enojados. Isabelle nunca se enojó más que cuando Jace se arriesgó a meterse en problemas o en peligro. Y estaba arriesgando ambos, ahora. Rompiendo la ley - hablando de negocios de Cazadores de Sombras con mundanos - y lo que era peor, a él le gustaba. Algo sobre esta chica, su nube de tormenta de pelo rojo y sus ojos verdes, le hizo sentir como si sus venas estuvieran llenas de pólvora y fuera una pareja.

Como si, si ella lo tocara, se quemara. Pero luego, amaba las explosiones.

Besado

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
— City of Bones

Parado en el hueco de la escalera del hogar de Magnus, Alec observó el nombre debajo del timbre de la pared. BANE. El nombre realmente no parecía encajar con Magnus, reflexionó, al menos, no ahora que lo conocía. Si es que tú realmente pudieras decir que conoces a alguien cuando asistes a una de sus fiestas, una vez, y después ellos salvan tu vida, pero no estás consciente para agradecerle. Pero el nombre de Magnus Bane le hizo pensar en una especie de figura imponente, con grandes hombros y una túnica morada formal de brujo, invocando al fuego y al relámpago. No a ese Magnus, quién era más bien una mezcla entre pantera y un elfo loco.

Alec respiró hondo y dejó salir el aire. Bueno, había llegado tan lejos, que tal vez podría seguir adelante. En lo alto, la bombilla descubierta colgaba como sombras barridas, mientras se aproximaba hacia delante y presionaba el timbre.

Un momento después una voz hizo eco a través del hueco de la escalera. "¿QUIÉN INVOCA AL GRAN BRUJO?"

"Emm" dijo Alec. "Soy yo. Digo, Alec. Alec Lightwood"

Hubo una clase de silencio, como si incluso el mismo pasillo se hubiera sorprendido. Después un sonido metálico, y la segunda puerta se abrió, dejándolo dentro de la escalera. Se dirigió hacia las tambaleantes escaleras dentro de la oscuridad, las cuáles olían como a pizza y polvo. El ascenso al segundo piso era brillante, la puerta al otro extremo abierta. Magnus Bane estaba apoyado en la entrada.

Comparado con la primera vez que Alec lo vió, lucía bastante normal. Su cabello negro todavía estaba en picos, y parecía adormilado; su cara, incluso con esos ojos de gato, muy juvenil. Usaba una camiseta negra con las palabras UN MILLON DE DOLARES colocada a través del pecho en lentejuelas, y vaqueros que colgaban bajos en sus caderas, tan bajos que Alec apartó la mirada, mirando hacia sus propios zapatos. Los cuáles eran aburridos.

"Alexander Lightwood," dijo Magnus. Tenía el leve rastro de acento, uno en el que Alec no podía poner sus dedos en la pronunciación de las vocales. "¿A qué debo el placer?"

Alec miro detrás de Magnus- "¿Tienes- compañía?" 

Magnus cruzó sus brazos, lo que hizo lucir bien a sus bíceps, y se apoyó contra el lado de la puerta. "¿Porqué quieres saberlo?"

"Esperaba poder tener una charla contigo."

"Hum." Los ojos de Magnus lo miraban de arriba a abajo. Realmente brillaban en la oscuridad, como el de los gatos. "Bien, entonces." Se volteó abruptamente y desapareció dentro del departamento; después de un momento de sorpresa, Alec lo siguió.

El desván lucía diferente sin cientos de cuerpos mezclándose en él. Era - bueno, no común, pero la clase de espacio en el que alguien tal vez viviría. Como la mayoría de los desvanes, tenía una enorme habitación central divida en "cuartos" por un grupo de muebles. Había una colección de cuadros, de sofás y mesas ubicadas a la derecha, hacia donde Magnus hizo un gesto a Alec. Alec se sentó sobre un sofá de terciopelo dorado con elegantes volutas de madera en los brazos.

"¿Te apetece un poco de té?" preguntó Magnus. No estaba sentado en una silla, pero se había tendido sobre una otomana con mechones y sus largas piernas estiradas frente a él.

Alec asintió. Se sentía incapaz de decir algo. Algo que fuera interesante o inteligente. Era siempre Jace el que decía las cosas inteligentes e interesantes. Él era el parabatai de Jace y esa era toda la gloria que necesitaba o quería: ser la estrella oscura de un supernova. Pero este era un lugar donde Jace no podía acompañarlo, algo con lo que Jace no podía ayudarlo.

"Seguro."

Su mano derecha sintió calor de repente. Miró hacia abajo, y se dio cuenta de que sostenía una taza de papel encerado de Joe, el Arte del Café. Olía como a Chai. Saltó, y apenas escapó de derramárselo sobre sí mismo. "Por el ángel -"

"Me ENCANTA esa expresión," dijo Magnus. "Es tan original."

Alec lo miró. "¿Robaste este té?"

Magnus ignoró su pregunta. "Así que," dijo "¿Porqué estás aquí?"

Alec tomó un trago del té robado. "Quería agradecerte," dijo, cuando tomo algo de aire. "Por salvar mi vida."

Magnus se inclinó hacia atrás sobre sus manos. Su camiseta rodó sobre su estómago plano, y esta vez Alec no tenía hacia dónde mirar. "Tú quieres agradecérmelo."

"Salvaste mi vida," dijo Alec, de nuevo. "Pero yo estaba delirando, y no creo que realmente te haya dado las gracias. Sé que no tenías que hacerlo. Así que gracias."

Las cejas de Magnus desaparecieron en su linea de cabello. "¿De... nada?"

Alec colocó su té abajo. "Tal vez debería irme."

Magnus se levantó. "¿Después de haber llegado tan lejos? ¿Todo el camino hacia Brooklyn solo para agradecérmelo?" Estaba sonriendo. "Eso sí que sería una pérdida de esfuerzo." Él se acercó y puso su mano sobre la mejilla de Alec, su pulgar acariciando su pómulo. Su toque se sentía como fuego, formando chispas a su paso. Alec se paralizó sorprendido - sorprendido del gesto, y sorprendido del efecto que estaba teniendo de él. Los ojos de Magnus se redujeron, y retiró su mano. "Huh," se dijo a sí mismo.

"¿Qué?." Alec repentinamente se preocupó sobre si había hecho algo mal. "¿Qué es?"

"Es tan sólo que..." Una sombra se movió detrás de Magnus; con fluida agilidad, el Brujo miró alrededor y recogió del suelo a un pequeño y atigrado gato de color gris y blanco. El gato se enredó misteriosamente en su brazo y miraba a Alec con sospecha. Ahora dos pares de ojos dorado-verde lo observaban. "No era lo que esperaba."

"¿De un Cazador de Sombras?"

"De un Lightwood."

"No sabía que conocieras tan bien a mi familia."

"He conocido a tu familia desde hace cientos de años." Los ojos de Magnus buscaban su rostro. "Y tu hermana, ella es una Lightwood. Tu -"

"Ella dijo que yo te gustaba".

"¿Qué?"

"Izzy. Mi hermana. Me dijo que yo te gustaba. Te gustaba. Te gustaba."

"Me gustabas, ¿Me gustabas?" Magnus enterró su sonrisa en la piel del gato. "Perdona. ¿Tenemos doce años? Yo no recuerdo haber dicho nada a Isabelle..."

"Jace lo dijo también." Alec fue contundente; era la única manera que conocía como ser. "Que yo te gustaba. Que cuando él subió aquí arriba, tu pensabas que era yo y te decepcionaste al ver que era él. Eso nunca sucede."

"¿No sucede? Bueno, debería."

Alec se sobresaltó. "No - me refiero a Jace, él es.... Jace."

"Él trae problemas," dijo Magnus. "Pero tú no tienes malicia. Lo cuál en un Lightwood, es una adivinanza. Vosotros siempre habéis sido una familia trazada, como unos Borgia de renta baja. Pero no hay mentiras en tu cara. Tengo el sentimiento que todo lo que dices sincero."

Alec se inclinó hacia delante. "¿Quieres salir conmigo?"

Magnus parpadeó. "Ves, eso es a lo que me refiero. Sincero."

Alec se mordió el labio y no dijo nada.

"¿Por qué quieres salir conmigo?," inquirió Magnus. Estaba frotando la cabeza de Presidente Miau, sus dedos largos doblaban las orejas del gato hacia abajo. "No es que no seas altamente deseable, pero la manera en qué lo has pedido, parecía como si pidieras algún tipo de ajuste -"

"Lo hago," dijo Alec. "Y pensaba que yo te gustaba, y dirías que sí, y podría intentar - quiero decir, podríamos intentar -," Puso su cara entre las manos. "A lo mejor fue un error."

La voz de Magnus fue suave. "¿Sabe alguien que eres gay?"

Alec sacudió la cabeza; se encontró respirando un poco fuerte, como si hubiera corrido una carrera. Pero que podía hacer, ¿negarlo? ¿Cuando vino aquí a hacer exactamente lo contrario? "Clary," dijo, con voz ronca. "Lo que fue... Fue un accidente. Y Izzy, pero ella nunca dirá nada."

"No a tus padres. ¿No a Jace?"

Alec pensó sobre Jace sabiéndolo, y alejó el pensamiento, fuerte y rápido. "No. No, y no quiero que ellos lo sepan, especialmente Jace."

"Pienso que podrías decírselo." Magnus frotó la barbilla de Presidente Miau. "Se rompió en pedazos como un puzzle jigsaw cuando pensó que ibas a morir. Se preocupa -"

"Pienso que mejor no." Alec seguía respirando rápidamente. Se frotó las rodillas de sus vaqueros con los puños. "Nunca he tenido una cita," dijo en voz baja. "Nunca he besado a nadie. Nunca. Izzy dijo que yo te gustaba y pensé -"

"No soy indiferente. ¿Pero te gusto? Porque este tema de ser gay no significa que debas arrojarte a cualquier tío y estará bien porque no sea una chica. Hay gente que te gusta y gente que no."

Alec pensó en su habitación en el Instituto, estando en un dolor delirante y envenenado cuando Magnus entró. Apenas le había reconocido. Estaba casi seguro que había estado gritando por sus padres, por Jace, por Izzy, pero su voz solo podía salir en un susurro. Recordó las manos de Magnus sobre él, sus dedos frescos y suaves. Recordó el fuerte agarre que mantuvo en el pecho de Magnus, por horas y horas, incluso después que el dolor se fuera y sabía que estaría bien. Se recordó mirando la cara de Magnus en la luz del amanecer, el oro del amanecer brillando como oro en sus ojos, y pensando lo extrañamente precioso que era, con su mirada y gracia de gato."

"Sí," dijo Alec. "Me gustas."

Se encontró con la mirada de Magnus de frente. El brujo le estaba mirando con una especie de mezcla de curiosidad, afecto y asombro. "Es tan extraño," dijo Magnus. "Genérico. Tus ojos, ese color -." Se paró y sacudió la cabeza.

"Los Lightwood, ¿sabías que nunca tuvimos ojos azules?"

"Monstruos de ojos verdes," dijo Magnus, y sonrió. Depositó a Presidente Miau en el suelo, y el gato se movió hacia Alec, y se frotó contra su pierna. "A Presidente le gustas."

"¿Es eso bueno?"

"Nunca salgo con alguien que no le guste a mi gato," dijo Magnus fácilmente, y se levantó. "Así que digamos, ¿Viernes noche?".

Una gran ola de alivio llegó a Alec. "¿De verdad? ¿Quieres salir conmigo?"

Magnus sacudió su cabeza. "Tienes que parar de jugar al difícil de conseguir, Alexander. Hace las cosas difíciles." Sonrió. Tenía una sonrisa como la de Jace - no era como si ellos se parecieran, pero el tipo de sonrisa que ilumina todo su rostro. "Vamos, te acompaño a fuera."

Alec se dirigió detrás de Magnus hacia la puerta principal, sintiendo como si el peso se hubiera ido de sus hombros, uno que ni él sabía que estaba llevando. Por supuesto que tendría que sacar una excusa sobre dónde iba a ir el viernes noche, algo en lo que Jace no quisiera participar, algo que necesitara hacer solo. O podría pretender que estaba enfermo y escaparse. Estaba tan perdido en sus pensamientos que casi tropezó con la puerta principal, contra la que Magnus estaba apoyado, mirándolo con ojos entrecerrados como medias lunas. 

"¿Qué sucede?," dijo Alec.

"¿Nunca has besado a nadie?," dijo Magnus. "¿Nadie en absoluto?"

"No," dijo Alec, esperando que eso no le descalificara para salir con él. "No un beso de verdad."

"Ven aquí." Magnus lo cogió por los codos y lo acercó más. Por un momento, Alec estaba totalmente desorientado por la sensación de estar tan cerca de otra persona, la clase de persona de la que él quería estar cerca tanto tiempo. Magnus era alto y delgado, pero no flaco. Su cuerpo era duro. Sus brazos ligeramente musculosos, pero fuertes. Era centímetros más alto que Alec, lo cual era raro, y se complementaban a la perfección. Los dedos de Magnus estaban debajo de su barbilla, levantando su cabeza ligeramente, y entonces se besaron. Alec escuchó un sonido saliendo de su propia garganta y luego sus bocas se fundieron con una urgencia descontrolada. Magnus, Alec pensó encantado, realmente sabía lo que hacía. Sus labios eran suaves, y superaba a Alec en experiencia, explorando su boca: una sinfonía de labios, dientes, lengua,.. cada momento despertando sensaciones que él ni sabía que tenía.

Encontró la cintura de Magnus con sus dedos, tocando su piel desnuda, la cual había estado evitando mirar hasta el momento, y deslizó su mano bajo la camiseta. Magnus se tensó por la sorpresa, pero luego se relajó. Dejó correr sus manos por los brazos de Alec, por su pecho, su cintura, encontrando las tiras del cinturón de Alec, tirando de ellas y acercándolo más. Su boca dejó la de Alec, y Alec sintió la presión caliente de sus labios por la garganta, donde la piel era tan sensible que parecía estar conectada con los huesos de sus piernas, las cuales estaban a punto de desfallecer. Justo antes de caerse al suelo, Magnus lo soltó. Sus ojos brillaban, y también lo hacía su boca.

"Ahora ya has sido besado," dijo, pasando por detrás de él y abriendo la puerta. "¿Nos vemos el viernes?"

Alec aclaró su garganta. Se sentía mareado, pero también aliviado. La sangre corría por sus venas como un coche de fórmula uno, todos los colores parecían brillar. Mientras salía por la puerta, se giró y miró a Magnus, quién le miraba con gracia. Dio un paso adelante y estiró al brujo hacia él. Magnus cayó sobre él, y Alec le besó. Fuerte, rápido, confuso, sin práctica, pero con todo lo que tenía dentro. Atrajo a Magnus más cerca de él, su propia mano entre los dos, y sintió el corazón de Magnus dar un brinco en su pecho.

Dejó de besarle y se apartó.

"El viernes." dijo, y dejó que Magnus se marchara. Dio la vuelta y se alejó por el pasillo, Magnus mirándole. El Brujo cruzó los brazos, se acomodó la camiseta donde Alec lo había agarrado, y sacudió la cabeza, sonriendo.

"Lightwoods," dijo Magnus. "Siempre tienen que tener la última palabra."

Cerró la puerta detrás de él, y Alec corrió bajando las escaleras de dos en dos, la sangre palpitando en sus oídos como si fuera música.

Ciudad de Ceniza

La Corte Seelie

Fuente: Cassandra Clare en Tumblr
"Esta era la versión original que aparecía en Ciudad de Ceniza. Fue eliminada de la versión final ya que ha mi editor no le pareció que fuera información necesaria."

"¿La Corte Seelie?" Clary dejó de bromear, confundida. "¿Pueden decirme que es?"

Fue Magnus quien le respondió. "El mundo de las hadas esta fragmentado en una serie de cortes locales enemistadas, usualmente una Corte Seelie y una Corte Noseelie, o una Corte Brillante y una Corte de la Noche. En teoría los miembros de la Corte Seelie son más amables, pero no estoy seguro de que en realidad sea así. El dicho también aconseja que no deberías ofender a un miembro de la Corte Seelie, pero no tienes que molestarte en ofender a uno de la Corte Noseelie. Desde el principio se presentaran poco amigables."

Porque es amargo

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare

La escena que se lleva a cabo durante las páginas 170-174 (177 - 181 en español) de Ciudad de Ceniza, en el capítulo La Corte Seelie, aquí desde el punto de vista de Jace. Incluso le dieron un nombre - "Porque es amargo." Porque bueno, Jace es amargo aquí.

"Pero me gusta
Porque es amargo,
Y porque es mi corazón"
—Stephen Crane

"Sé que no dejare a mi hermana en su corte”, dijo Jace," y puesto que no hay nada que averiguar de ella o de mi, ¿quizá nos hace el favor de liberarla?"

La Reina sonrió. Era una sonrisa hermosa y terrible. La reina era una mujer encantadora; ella tenía esa belleza inhumana perteneciente a las hadas, que parecía más la belleza de cristal duro que la de un ser humano. La Reina no aparentaba una edad en particular: podría haber tenido dieciséis o cuarenta y cinco años. Jace supuso que ahí era donde aquellos le encontraban su atractivo - personas habían muerto por el amor de la Reina - pero ella le dio una sensación de frío en el pecho, como si se hubiera tragado agua helada demasiado rápido. "¿Y si les dijera que puede ser liberada mediante un beso?" 

Fue Clary la que respondió, perpleja: "¿Quiere que Jace la bese" 

Tanto la Reina como la corte rieron, la sensación de frío en el pecho de Jace se intensificó. Clary no entendía a las hadas, pensó él. Habría intentado explicárselo, pero no había explicación, en realidad no. Cualquier cosa que la Reina quisiera de ellos, no era un beso de él; ella podría haberlo exigido sin todo este espectáculo sin sentido. Lo que ella quería era verlos bien cubiertos y luchando como mariposas. Era algo de la inmortalidad, él lo había pensado muchas veces: aplanando tus sentidos, tus emociones, la experiencia, incontrolable, las lamentables respuestas de los seres humanos que eran para las hadas lo que la sangre fresca era para los vampiros.

Algo de vida. Algo de lo que ellos carecían.

"A pesar de los encantos del joven", dijo la Reina, dirigiendo su mirada hacia Jace - sus ojos eran verdes, como Clary, pero no completamente como los de ella - "ese beso no liberaría a la muchacha."

"Podría besar a Meliorn", sugirió Isabelle, encogiéndose de hombros.

La reina movió la cabeza lentamente. "No. A nadie de mi Corte."

Isabelle alzó las manos; Jace quería preguntarle lo que había esperado – besar a Meliorn no le hubiese molestado a ella, así que, obviamente, la Reina no se preocupaba por él. Supuso que había sido bonito por su parte ofrecerlo, pero Iz, al menos, debió haberlo sabido mejor. Había tratado con las hadas antes.

Tal vez no era sólo conocer el pensamiento cultural de las Hadas, Jace se preguntó. Tal vez era saber cómo la gente disfrutaba ser cruel por el bien del pensamiento cruel. Isabelle fue irreflexiva, y a veces vana, pero ella no era cruel. Se echó el pelo negro hacia atrás y frunció el ceño.

"No pienso besar a ninguno  de los tres", declaró con firmeza. "Que quede claro".

"Ni falta que hace", dijo Simon, dando un paso adelante. "Si un beso es todo... "

Dio un paso hacia Clary, quien no se apartó. El hielo en el pecho de Jace se convirtió en fuego líquido, apretó sus manos a los costados mientras Simon tomaba suavemente a Clary por los codos y la miró a la cara. Ella apoyó sus manos en la cintura de Simon, como si lo hubiera hecho un millón de veces. Tal vez lo hubiera hecho, por todo lo que él conocía. Él sabía que Simon la quería, lo había sabido desde que los había visto juntos en esa estúpida cafetería, el otro chico prácticamente ahogándose por conseguir de su boca las palabras "te amo" mientras Clary miraba inquietamente a su alrededor, sus enormes ojos verdes viendo a todas partes. Ella no está interesada en ti, mundano, había pensado con satisfacción. Piérdete. Y luego se había sorprendido de sus pensamientos. ¿Qué diferencia hacía para el los pensamientos de una chica que apenas conocía?

Eso parecía haber ocurrido mucho tiempo atrás. Ella ya no era una chica que apenas conocía: Ella era Clary. Era la única cosa en su vida que le importaba más que nada, y viendo a Simon poner sus manos sobre ella, donde quiera que él quisiera, le hizo sentir al mismo tiempo enfermo, débil y mortalmente furioso. La urgencia de avanzar hacia ellos y separarlos era tan fuerte que apenas podía respirar.

Clary lo miró, su pelo rojo deslizándose sobre su hombro. Parecía preocupada, lo que era suficientemente malo. No podía soportar la idea de que ella pudiera sentir lástima por él. Apartó la vista rápidamente, y llamó su atención la Reina Seelie, quien brillaba de alegría: esto era lo que ella quería. Su dolor, su agonía.

“No,"  dijo la Reina, a Simon, con una voz suave como el filo de un cuchillo. "Tampoco es el beso que quiero."

Simón se alejó de Clary de mala gana. El alivio golpeó a través de las venas de Jace como sangre, ahogando lo que sus amigos estaban diciendo. Por un momento todo lo que importaba era que él no iba a tener que ver a Clary besando a Simon. Entonces Clary pareció enfocarse: estaba muy pálida y no podía dejar de preguntarse en qué estaba pensando. ¿Estaba decepcionada por no haber sido besada por Simon? ¿Aliviada igual que él? Pensó en Simon besándole la mano más temprano aquel día y lo empujó de su memoria con rencor, sin dejar de mirar a su hermana. Mira arriba, pensó. Mírame. Si me amas, te verás en mí.

Cruzó sus brazos sobre su pecho, de la forma que lo hacía cuando tenía frío o estaba molesta. Pero no levanto la vista. La conversación fue en torno a ellos: quien iba a besar a quien, qué iba a suceder. Rabia desesperada se levantó en el pecho de Jace y como de costumbre, encontró su escape en un comentario sarcástico. 

"Bueno, pues yo no voy a besar al mundano", dijo. "Preferiría quedarme aquí abajo y pudrirme”

"¿Para siempre?," dijo Simon. Sus ojos eran grandes, oscuros y serios. "Para siempre es una barbaridad de tiempo."

Jace volvió a ver a esos ojos. Simon era probablemente una buena persona, pensó. Amaba a Clary, quería cuidar de ella y hacerla feliz. El sería un espectacular novio. Lógicamente, Jace sabía, que era exactamente lo que quería para su hermana. Pero él no podía evitar mirar a Simón sin querer asesinar a alguien. "Lo sabía", dijo groseramente. "¿Quieres besarme, verdad?

"Claro que no. Pero si...- "

"Imagino que es cierto lo que dicen. No hay heterosexuales en las trincheras. 

"Es ateos, imbécil." Simon estaba de color rojo brillante. “No hay ateos en las trincheras.”

Fue la reina quien los interrumpió, inclinándose hacia adelante para que su cuello blanco y los pechos se mostraran por encima del escote de su vestido de corte bajo. "Aunque todo esto es muy gracioso, el beso que liberará a la muchacha es el beso que más desea," dijo ella. “Únicamente ése y nada más.”

Simon pasó de rojo a blanco. Si el beso que Clary más deseaba no era el suyo, entonces… La forma en que ella miraba a Jace, y Jace a Clary, contestó eso.


El corazón de Jace comenzó a latir con fuerza. Se encontró con los ojos de la Reina. "¿Por qué hace esto?"

"Yo más bien creía que te hacía un favor", dijo ella. "El deseo no siempre se ve reducido por la repugnancia. Ni tampoco se puede conferir, como un favor, a aquellos que más lo merecen. Y puesto que mis palabras obligan a mi magia, de ese modo podréis saber la verdad. Si ella no desea su beso, no será libre."

Jace sintió que la sangre le inundaba el rostro. Era vagamente consciente de que Simon argumentaba que ellos eran hermanos, que no estaba bien, pero lo ignoró. La Reina Seelie lo miraba, y tenía los ojos como el mar antes de una tormenta mortal, y él quería decir gracias. Gracias.

Y eso fue lo más peligroso de todo, pensó, mientras a su alrededor sus compañeros discutían sobre si Clary y Jace tenían que hacer esto, o sobre lo que ninguno de ellos estaría dispuesto a hacer para escapar de la Corte. Permitir a la Reina darle algo que quería - realmente, realmente quería - era ponerse en su poder. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?, se pregunto. Esto era lo que pensaba, lo que quería, despertó de un sueño, jadeando y sudando. Cuando él pensaba, sobre el hecho de que talvez nunca obtendría un beso de Clary, el quería morir, herirse o sangrar de mala manera, subir hasta el ático y entrenar por horas hasta que estuviera tan agotado que no hubiera más elección que salir, exhausto. Tendría contusiones en la mañana, lesiones, cortes y la piel raspada y si pudiese nombrarlas, todas habrían tenido el mismo nombre: Clary, Clary, Clary.

Simon seguía hablando, diciendo algo, enojado de nuevo. "No tienes que hacerlo Clary, es un truco -"

"Un truco no" aseguró Jace. La tranquilidad en su propia voz lo sorprendió. “Una prueba.” Miró a Clary. Ella se mordía el labio, mientras su mano herida sujetaba un rizo de su cabello; los gestos tan característicos, por lo que una gran parte de ella, rompió su corazón. Simon estaba discutiendo con Isabelle ahora mientras la reina Seelie descansaban atrás y se veía como un gato elegante, divertida.

Isabelle parecía exasperada. "¿A quién le importa, de todos modos? Es sólo un beso."

"Es cierto", dijo Jace.

Clary miró hacia arriba, por último, sus ojos verdes se apoyaron en él. Él se acercó a ella y como siempre el resto del mundo se alejó de ellos hasta dejarlos solos, como si estuvieran en un escenario vacío. El puso su mano en su hombro, volviéndole la cara. Había dejado de morderse el labio, y sus mejillas estaban sonrojadas, sus ojos de un verde brillante. Podía sentir la tensión en su propio cuerpo, el esfuerzo de retenerse, y no atraerla hacia si y tomar esta oportunidad, sin embargo peligrosa, estúpida e imprudentemente, besarla en la forma que pensó nunca podría, en su vida, ser posible de nuevo. 

“No es más que un beso” repitió y escucho la aspereza de su propia voz, y se preguntó si ella lo escuchaba, también.


No es que importara – no había manera de ocultarlo. Era demasiado. El nunca habría querido que fuera de esa forma. Siempre hubo chicas. Se preguntó a sí mismo, en la oscuridad de la noche, mirando a las paredes en blanco de su habitación, lo que hacía a Clary tan diferente. Ella era hermosa, pero las otras chicas también lo eran. Era inteligente, pero había otras muchachas inteligentes. Ella lo entendía, se reía cuando él lo hacía, vio a través de las defensas que puso hasta que las había derribado. No había Jace Wayland más real que él vio en sus ojos cuando ella lo miró.

Pero aún así, tal vez, podría encontrar todo aquello en otro lugar. La gente se enamoraba, lo perdía, y seguía adelante. No sabía por qué él no podía. No sabía por qué ni siquiera quería. Lo único que sabía era que cualquier cosa que le debiera al Cielo o al Infiero por esta oportunidad, lo iba a tener en cuenta.


Se agachó y le tomó las manos, uniendo sus dedos con los de ella y susurrando en su oído. "Puedes cerrar los ojos y pensar en Inglaterra, si quieres,” le sugirió.

Los ojos de ella revolotearon cerrados, sus pestañas parecían líneas de cobre contra su pálida y frágil piel. "Nunca he estado en Inglaterra," repuso ella, y la suavidad, la ansiedad en su voz casi le deshizo. Nunca había besado a una chica sin saber que lo quería también, por lo general más que él, y ésta era Clary, y él no sabía lo que ella quería. Deslizó sus manos sobre ella, sobre las mangas de su camisa aferrándose a sus hombros. Sus ojos permanecía aun cerrados, pero ella temblaba y se apoyaba en él - apenas, pero fue suficiente el permiso.

Su boca cayó sobre ella. Y eso fue todo. Todo el auto-control que había ejercido en las últimas semanas se había ido, como el agua estrellándose a través de un dique roto. Sus brazos se acercaron al cuello y él la apretó contra él, ella era suave y flexible, pero sorprendentemente fuerte como nadie a quien él hubiese sostenido antes. Sus manos se aplastaron contra su espalda, presionándola contra el y ella estaba en la punta de los pies, respondiendo ferozmente a su beso. Paseó la lengua por sus labios, abriendo su boca debajo de la de ella y le supo a sal y dulce, como el agua de hadas. Se aferró a ella con más fuerza, anudando sus manos en su cabello, tratando de decirle, con la presión de su boca, todas las cosas que nunca le había dicho en voz alta: Te amo. Te amo y no me importa que seas mi hermana; no estés con él, no lo quieras, no te vayas con él. Permanece conmigo. Quiéreme. Quédate conmigo.

No sé como estar sin ti.

Sus manos se deslizaron hasta la cintura, asiéndola contra él, perdido en la sensación de espiral que le atravesaba los nervios, la sangre y los huesos, y él sabía que no había nada que hacer ni decir para detenerse o retirarse, pero pronto oyó un siseo de risa – la Reina de las hadas – en sus oídos, y lo sacudió de nuevo la realidad. Se apartó de Clary antes de que fuera demasiado tarde, abrió sus manos alrededor de su cuello y dio un paso atrás. Se sentía como cortando y abriendo su propia piel, pero se apartó.

Clary lo miraba fijamente. Sus labios estaban separados, sus manos permanecían abiertas al igual que sus ojos. Detrás de ella, Isabelle se acercaba boquiabierta, Simón miraba como si estuviera a punto de vomitar

“Ella es mi hermana”, pensó Jace. “Mi hermana”. Pero las palabras no significaban nada. Bien podría haber sido una lengua extranjera. Si alguna vez tuvo la esperanza de llegar a pensar en Clary simplemente como su hermana, esto - lo que había sucedido entre ellos - lo había estallado en miles de pedazos, como un meteorito colisionando contra la superficie de la tierra. Trató de leer la cara de Clary - ¿sintió ella lo mismo?Parecía como si quisiera simplemente dar la vuelta y huir. “Sé lo que sentiste” intentó decirle a ella con los ojos, y era un medio triunfo amargo y medio suplicante. Sabía que lo sentía, también. Pero no hubo respuesta en su cara, ella envolvió sus brazos alrededor de sí, de la misma forma en que lo hacía siempre cuando estaba molesta, y se abrazó a sí misma como si tuviera frío. Apartó la mirada de él.

Jace sintió como si su corazón estuviese siendo apretado por un puño. Se volvió hacia la reina. "¿Ha sido eso lo bastante bueno?" inquirió. "¿La ha divertido?"

La reina lo miró: una vista especial y secreta compartida entre ambos. Se les advirtió acerca de nosotros, parecía decir su mirada. Que les haría daño, destrozando como se puede romper a una ramita entre tus dedos. Pero tú, que pensabas que nunca podrías ser tocado – eres el que ha sido quebrado. "Mucho" respondió ella. "Pero no creo que tanto como a ustedes dos."

Del capítulo 14

Fuente: "Escena eliminada" de Ciudad de Ceniza en el sitio oficial
Nota de CC: Esta escena estaba en el ARC para cenizas pero luego fue eliminada. Es una buena escena para Isabelle, creo, pero en realidad no era necesaria para la historia. Comienza exactamente en la parte superior de la página 288 en la edición estadounidense de tapas duras de Ciudad de Ceniza

"Qué conveniente. Todos están inconscientes o aparentemente delirantes", dijo el Inquisidor. Su voz como de cuchillo atravesó la habitación, silenciando a todos. "Subterraneo, sabes perfectamente que Jonathan Morgenstern no debería estar en tu casa. Debería haber sido encerrado bajo el cuidado del brujo".

"Tengo un nombre, ya sabes", dijo Magnus. "No", añadió, pareciendo haberlo pensado dos veces antes de interrumpir al Inquisidor, "eso realmente importa. De hecho, olvídalo todo".

"Sé tu nombre, Magnus Bane", dijo el Inquisidor. "Y un poco más sobre ti, además. Fuiste criado por los Hermanos Silenciosos de Madrid en el siglo diecisiete. Te nombraron y te expulsaron del mundo cuando tenías dieciséis años. Sé lo que has hecho, las cosas preferirías quedarte escondido. Tardó tanto en construir tu reputación, una palabra mía podría derribarla de nuevo. Así que ten en cuenta muy, muy cuidadosamente, si deseas permanecer involucrado en esta situación. Has fallado en tu deber una vez, no tendrás otra oportunidad ".

"Falló en mi deber?" Magnus frunció el ceño. "¿Solo con traer al chico aquí? No había nada en el contrato que firmé que dijera que no podía traerlo conmigo a mi propia discreción".

"Ese no fue tu fracaso", dijo el Inquisidor. "Dejarlo ver a su padre anoche, ahora ese fue tu fracaso".

Hubo un silencio aturdido. Alec trepó del suelo, sus ojos buscando los de Jace, pero Jace no lo miró. Su rostro era una máscara.

Luke habló primero. "Eso es ridículo", dijo. Clary rara vez lo había visto tan enojado. "Jace ni siquiera sabe dónde está Valentine. Deja de perseguirlo"

"Perseguir es lo que hago, Subterraneo", dijo el Inquisidor. "Es mi trabajo." Ella se volvió hacia Jace. "Dime la verdad, ahora, muchacho", dijo, "y todo será mucho más fácil".

Jace levantó la barbilla. "No tengo que decirte nada".

"¿De Verdad?" Las palabras del Inquisidor fueron como el toque de un látigo. "Si eres inocente, ¿por qué no te exoneras? Cuéntanos dónde estuviste anoche. Cuéntanos sobre el pequeño bote de placer de Valentine".

Clary lo miró fijamente. Ella no podía leer nada en su cara. Fui a caminar, había dicho. Pero eso no significaba nada. Tal vez realmente se había ido a caminar. Pero su corazón, su estómago, se sintió enfermo. ¿Sabes qué es lo peor que puedo imaginar? Simon había dicho. No confiar en la persona que amas más que a cualquier otra cosa en el mundo.

Cuando Jace no habló, Robert Lightwood dijo, con su profunda voz de bajo: "¿Imogen? ¿Estás diciendo que Valentine está - estaba - en un bote?"

"En el medio del East River", dijo el Inquisidor. "Eso es correcto."

"Es por eso que no pude encontrarlo", dijo Magnus, medio para sí mismo. Él todavía parecía aturdido. "Toda esa agua - interrumpió mi hechizo"

"¿Pero cómo Jace llegaría hasta allí?" Dijo Luke, desconcertado.

"Los cazadores de sombras son buenos nadadores, pero el agua del río está helada y sucia"

"Voló", dijo el Inquisidor. "Tomó prestada una motocicleta del jefe del clan de vampiros de la ciudad y la llevó al barco. ¿No es así, Jonathan?"

Jace había dejado caer sus manos a los costados; estaban apretados en puños. "Mi nombre es Jace".

"No hay Jace. Jace es un fantasma, una construcción que tú y tu padre inventaron para engañar a los Lightwoods para que os amaran. Eres el hijo de tu padre y siempre lo has sido".

El inquisidor se volvió hacia Isabelle. "Ve por el lado de esta casa", dijo. "Encontrarás un callejón de basura angosto. Hay algo bloqueando el otro extremo, algo cubierto con una lona. Vuelve y cuéntanos qué es".

"Izzy". Jace está adelgazado por la tensión. "No tienes que hacer lo que ella te dice".

Los ojos oscuros de Isabelle estallaban como petardos. "Quiero hacerlo. Quiero demostrarle que ella está equivocada acerca de ti". Ella habló como si el Inquisidor no estuviera allí mientras se ponía de pie. "Vuelvo enseguida".

"Isabelle--"

Pero ella se había ido, la puerta se cerró suavemente detrás de ella. Luke se acercó a Jace y trató de ponerle una mano en el hombro, pero Jace lo sacudió y fue a pararse junto a la pared. El Inquisidor lo miraba con avidez, como si ella quisiera beber cada gota de su miseria como el vino. Perra viciosa, pensó Clary. ¿Por qué lo está torturando así?

Porque ella tiene razón. La respuesta llegó como si otra voz, una voz traicionera, estuviera hablando dentro de su cabeza sin su deseo o permiso. Él hizo exactamente lo que ella dijo que hizo, mirándole la cara.

Pero la cara de Jace estaba en blanco, sus ojos eran todo lo que vivía detrás de la fachada lisa e imperturbable. Tal vez esto era parte de algún plan suyo para desacreditar al Inquisidor. Aunque no parecía que temiera desacreditarse, parecía ...

La puerta principal se abrió de golpe con un estallido e Isabelle regresó a la habitación, su negro cabello azotando su cara. Miró desde el rostro expectante del Inquisidor hasta los preocupados de sus padres, desde la mandíbula apretada de Jace hasta el furioso ceño fruncido de Alec, y dijo: "No sé de qué está hablando. No encontré nada".

La cabeza del Inquisidor retrocedió como la de un rey cobra. "¡Mentirosa!"

"Ten cuidado con lo que llamas a mi hija, Imogen", dijo Maryse. Su voz era tranquila, pero sus ojos eran fuego azul.

El Inquisidor la ignoró. "Isabelle", dijo, aligerando su tono con un esfuerzo obvio, "tu lealtad a tu amigo es comprensible".

"Él no es mi amigo". Isabelle miró a Jace, que la miraba aturdida. "Él es mi hermano."

"No", dijo el Inquisidor, en un tono casi compasivo, "no lo es". Ella suspiró. "¿Se da cuenta de qué es una infracción grave de la Ley que niega información a un oficial de la Clave?"

Isabelle levantó su barbilla, sus ojos ardiendo. En ese momento ella se veía como nada más que una copia más pequeña de su madre. "Por supuesto que me doy cuenta. No soy estúpida".

"Cristo, Imogen", espetó Luke, "¿honestamente no tienes nada mejor que hacer que intimidar a un grupo de niños? Isabelle te dijo que no vio nada, ahora déjalo".

"¿Niños?" El inquisidor volvió su mirada carámbana hacia Luke. "Así como eras un niño cuando el Círculo planeó la destrucción de la Clave, así como mi hijo era un niño cuando él ..." Se atrapó con una especie de grito ahogado, como si ganara el control de sí misma por la fuerza principal. "Imogen--"

El rostro del Inquisidor se contorsionó. "¡Esto no se trata de Stephen! ¡Esto es sobre la Ley!" Se giró hacia Isabelle, quien retrocedió, sorprendida por la furia en el rostro de la mujer mayor. "¡Desafiandome, rompes la Ley, Isabelle Lightwood! ¡Podría hacerte despojar de tus Marcas por esto!"

Isabelle había recuperado su compostura. "Puedes tomar tu Ley", dijo en un tono mesurado, "y meterla en tu ..."

"Ella está mintiendo." Las palabras fueron pronunciadas rotundamente, casi sin afecto. Clary por un momento solo para darse cuenta de que estaba hablando Jace; se movió para pararse frente al Inquisidor, en parte bloqueando a Isabelle de su vista. "Tienes razón. Hice todo lo que dijiste que hice. Tomé la moto, fui al río, vi a mi padre, y volví y escondí la bicicleta en el callejón. Lo admito todo. Ahora deja a Isabelle sola ".

Ciudad de Cristal

Una oscura transformación

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
Volviendose Sebastian: Un texto descartado de Ciudad de Cristal. La historia corta de como Jonathan Morgenstern tomo la identidad de Sebastian Verlac. Estuvo disponible en la edición especial de Ciudad de las Almas Perdidas en Walmart.
Era un bar muy pequeño situado en una calle estrecha y empinada de una ciudad amurallada llena de sombras. Jonathan Morgenstern llevaba sentado a la barra del bar al menos un cuarto de hora, tomando una copa, cuando se levantó y bajó la larga y desvencijada escalera que conducía al club. El sonido de la música parecía querer abrirse camino hacia arriba a medida que él bajaba: podía notar que la madera vibraba bajo sus pies.

El lugar estaba lleno de cuerpos que se retorcían y de un humo que lo disimulaba todo. Era el tipo de local por el que solían merodear demonios. Lo que lo convertía a su vez en el tipo de local que frecuentaban los cazadores de demonios.

Y el lugar ideal para alguien que iba a la caza de un cazador de demonios.

El humo de colores recorría el aire dejando tras de sí un vago aroma a ácido. Las paredes del club estaban cubiertas de grandes espejos. En ellos se vio a sí mismo atravesar la sala. Una esbelta figura vestida toda de negro, con el pelo igual que el de su padre, blanco como la nieve. Por la humedad, el calor y la ausencia de aire, notaba la camiseta empapada en sudor pegada a su espalda. Un anillo de plata brillaba en su mano derecha mientras ojeaba la estancia en busca de su presa.

Allí estaba, en la barra, como si intentara mezclarse con los mundanos.

Un chico. De unos diecisiete.

Un cazador de sombras.

Sebastian Verlac.

A Jonathan no le interesaba la gente de su edad —si había algo más aburrido que los adultos, eran los demás adolescentes— pero Sebastian Verlac era distinto. Jonathan lo había escogido, especial y específicamente del mismo modo en que ciertas personas elegirían un traje caro hecho a medida.

Jonathan caminó lentamente hacia él, dándose tiempo para estudiar al chico. Había visto fotografías, claro, pero la gente siempre resulta diferente en persona. Sebastian era alto, de la misma estatura que el propio Jonathan, y ambos compartían una constitución esbelta. Seguro que su ropa le quedaría perfecta. De pelo oscuro (Jonathan tendría que teñírselo, lo cual sería un engorro, pero no imposible). Sus ojos eran negros también, y sus rasgos, aunque irregulares, formaban un todo armónico: irradiaba una especie de carisma amigable que lo hacía atractivo. Su aspecto dejaba entrever lo poco que le costaría confiar en alguien, o sonreír.

Parecía bobo.

Jonathan se acercó a la barra y se apoyó en ella. Se volvió hacia el chico para que éste pudiera ver cómo lo observaba.

—Bonjour.

—Hola —respondió Sebastian en inglés, la lengua de Idris, aunque con un leve acento francés. Tenía los ojos entrecerrados. Parecía contrariado al saberse observado, como si se estuviera preguntando la naturaleza de Jonathan: ¿un camarada cazador de sombras, o tal vez un brujo sin ningún rasgo reconocible?

«Algo perverso se avecina  —pensó Jonathan— y ni siquiera te das cuenta.»

—Te enseñaré el mío si tú me enseñas el tuyo —sugirió, con una sonrisa. Podía verse sonreír en el mugriento espejo situado sobre la barra. Sabía que la forma en que la sonrisa iluminaba su rostro lo hacía casi irresistible. Su padre lo entrenó durante años para que pudiera sonreír así, como un humano.

La mano de Sebastian se tensó al agarrar la barra.

—Yo no...

Jonathan sonrió aún más y le tendió su mano para mostrarle la runa de clarividencia que tenía en el dorso. Sebastian expiró aliviado y sus ojos brillaron con complicidad, como si cualquier cazador de sombras fuese un camarada y un amigo en potencia.

—¿Vas tú también camino de Idris? —le preguntó Jonathan. Mantuvo en todo momento un tono profesional, como si soliera estar en continuo contacto con la Clave. Otro cazador de sombras dedicado a proteger a los inocentes. ¡Nunca se cansaba de aquello!

—Así es —respondió Sebastian—. Represento al Instituto de París. Soy Sebastian Verlac, por cierto.

—Ah, un Verlac. Una gran y antigua familia. —Jonathan aceptó su mano y le dio un firme apretón—. Andrew Blackthorn —dijo sin pestañear—. Del Instituto de Los Ángeles, originalmente, pero llevo un tiempo estudiando en Roma. Pensé que podría venirme aquí a echar un vistazo.

Había investigado a la familia Blackthorn, una gran estirpe, y sabía que éstos y los Verlac no habían coincidido en la misma ciudad al menos durante los últimos diez años. Estaba seguro de que no le costaría responder a un nombre falso: nunca le costaba. Tampoco es que se sintiera demasiado ligado a su nombre real, quizá porque siempre había sabido que no le pertenecía solamente a él.

El otro Jonathan se había criado en una casa no muy lejos de la suya, una que su padre solía visitar. El pequeño ángel de papá.

—Hacía mucho que no veía a otro cazador de sombras —continuó Sebastian. Llevaba un rato hablando, pero Jonathan se había olvidado de prestarle atención—. Qué alegría encontrarte aquí. Es mi día de suerte.

—Debe de serlo —murmuró Jonathan—. Aunque no todo se debe a la suerte, claro. Supongo que has oído algo sobre un demonio Eluthied que merodea por aquí.

Sebastian sonrió, tomó un último trago de su vaso y luego lo dejó sobre la barra.

—Cuando lo matemos, tomaremos una copa para celebrarlo.

Jonathan asintió con la cabeza e intentó parecer muy concentrado en buscar demonios por la sala. Estaban codo con codo, como un par de compañeros de armas. Estaba resultando tan fácil que casi le pareció aburrido: todo lo que había tenido que hacer era aparecer por allí, y aquí tenía a Sebastian Verlac ofreciéndose le como un cordero que se clava él mismo una espada afilada en el cuello. ¿Quién confiaba en cualquier extraño de ese modo? ¿Quién hacía amigos así de rápido?

Nunca había jugado limpio con los demás. Claro que nunca se le había brindado la oportunidad; su padre los había mantenido a él y al otro Jonathan separados. Un chico con sangre de demonio y otro con sangre de ángel: criarlos a ambos como propios y a ver cuál de los dos hace enorgullecer a papá.

El otro chico había fallado una prueba cuando era más joven y lo habían enviado fuera. Eso era todo lo que Jonathan sabía. Él en cambio había superado todas las pruebas que su padre le había propuesto. Quizá las había superado en exceso, demasiado bien, sin cometer un solo error, sin inmutarse ante la cámara de aislamiento, los animales, el látigo o la caza. Jonathan discernía una sombra en los ojos de su padre de vez en cuando, no sabía si de pena o de duda.

Pero ¿qué podía apenarlo? ¿Qué le hacía dudar? ¿No era Jonathan el guerrero perfecto? ¿No era todo lo que su padre había querido que fuera?

Los humanos eran muy complicados. 

A Jonathan nunca le había gustado la idea del otro Jonathan, de que su padre tuviera otro chico, otro que le hiciera sonreír a veces sin un atisbo de sombra en los ojos.

Una vez, Jonathan cortó las rodillas de uno de los muñecos con los que practicaba lucha, y se divirtió ensañándose con él un día entero: estrangulándolo, destripándolo y abriéndolo en canal del cuello al ombligo. Cuando su padre le preguntó por qué le había cortado parte de las piernas, Joanthan le dijo que quería saber qué se sentía matando a un chico de su propia estatura. 

—Disculpa, pero ahora no lo recuerdo  —  dijo Sebastian, quien por desgracia resultó ser bastante hablador  — . ¿Cuántos sois en tu familia?

—Oh, somos una gran familia – constestó Jonathan -. Ocho en total. Tengo cuatro hermanos y tres hermanas. 

Los Blackthorn eran, en efecto, ocho: la investigación de Jonathan había sido exhaustiva. No lograba imaginarse cómo sería convivir con tanta gente, con tanto desorden. Jonathan tenía una hermana, aunque no la conocía.

Su padre le contó que su madre se había marchado cuando él era un bebé. Estaba embarazada de nuevo e inexplicablemente triste y desolada porque no quería que su nuevo retoño fuera mejorado. Pero escapó demasiado tarde: Padre ya se había encargado de que Clarissa tuviese poderes angélicos.

Hacía tan sólo unas semanas, Padre había conocido a Clarissa por primera vez, y en su segundo encuentro Clarissa había demostrado que sabía utilizar sus poderes. Había enviado el barco de su padre al fondo del océano.

Una vez él y Padre controlaran y transformaran a los cazadores de sombras, echaran a perder su orgullo y su ciudad, Padre había decidido que Madre, el otro Jonathan y Clarissa vivirían con ellos.

Jonathan despreciaba a su madre por haberse escapado. Y su único interés en el otro Jonathan se debía a que le permitiría demostrar cuán superior le era: él era el verdadero hijo de Padre, su hijo de sangre, y su sangre tenía toda la fuerza de los demonios y del caos.

Pero le interesaba Clarissa.

“Clarissa nunca había decidido abandonarlo. Se la habían llevado y obligado a crecer entre mundanos, de todas las asquerosas criaturas posibles. Seguro que sabía que era distinta a todos los que la rodeaban, que estaba destinada a un futuro mejor, con todo su poder y su extrañeza latentes bajo su piel.

Debió de sentir que no había otra criatura como ella en el mundo.

Tenía una parte de ángel, como el otro Jonathan, no la sangre infernal que recorría sus venas. Él era realmente la hijo de su padre, fortalecido y forjado por los fuegos del infierno. Clarissa también era realmente hija de su padre, y ¿quién podría deducir los efectos de la extraña combinación entre la sangre de Padre y el poder del cielo que corría por sus venas? Quizá no fuera tan diferente a él.

La idea le entusiasmaba de una forma desconocida. Clarissa era su hermana; no le pertenecía a nadie más. Era suya. Lo sabía porque, aunque no soñaba muy a menudo (soñar era cosa de humanos), cuando su padre le explicó que su hermana había hundido su barco, soñó con ella.

Jonathan soñó con una chica caminando sobre las olas, su cabello era como una humareda escarlata alrededor de los hombros, enredándose y desenredándose en el viento indomable. Todo estaba oscuro, estaban en medio de una tormenta, y el mar embravecido mostraba restos de lo que había sido un barco y cuerpos que flotaban boca abajo. Ella los miraba con sus fríos ojos verdes y no sentía ningún miedo.

Clarissa lo había hecho: sembrar la destrucción como él mismo haría. En el sueño, se sentía orgulloso de ella. Su hermanita.”

"Y en el sueño reían juntos de todo el precioso desastre ocasionado a su alrededor. Estaban suspendidos sobre el mar; no podía herirlos, ya que la destrucción era su elemento. Clarissa metía en el agua sus manos, tan blancas como la luz de la luna. Al sacarlas estaban manchadas, y así se dio cuenta de que los mares eran de sangre.

Cuando Jonathan despertó de su sueño todavía sonreía.

Llegado el momento, había dicho Padre, estarían juntos, todos juntos. Jonathan debía esperar.

Pero no se le daba demasiado bien esperar.

—Tienes una expresión muy extraña —dijo Sebastian Verlac con voz clara y chillona, elevándola por encima del ruido de la música, al oído de Jonathan.

Jonathan se acercó a el y le susurró a su vez:

—Detrás tuyo. Demonio. A las cuatro.

Sebastian Verlac se volvió y el demonio, en forma de mujer de negra y abundante cabellera, se separó bruscamente del muchacho con el que estaba conversando y se escabulló entre la multitud. Jonathan y Sebastian lo siguieron hasta una puerta trasera en la que podía leerse SORTIE DE SECOURS en destartaladas letras rojas y blancas.

La puerta conducía a un callejón, que el demonio se apresuraba en atravesar para perderles la pista.

Jonathan saltó, tomó impulso en la pared de ladrillos contigua y usó la fuerza de su rebote para abalanzarse sobre la cabeza del demonio. Lo capturó al vuelo, espada rúnica en mano; oyó el silbido provocado al atravesar el aire.

"El demonio lo observó boquiabierto. La cara de mujer empezaba a deshacerse, y Jonathan vio aparecer sus verdaderas facciones: ojos de araña y boca con colmillos abierta de par en par. No le disgustaba. El líquido viscoso que corría por las venas de esa criatura también recorría las suyas.

Tampoco le inspiraba piedad. Mientras sonreía a Sebastian por encima del hombro del demonio, lo atravesó con su espada. Lo abrió en canal como había hecho antaño con el muñeco, del cuello al ombligo. Un grito descarnado resonó en el callejón al tiempo que el demonio se desvanecía, dejando tras de sí unas pocas gotas de sangre negra salpicadas en el pavimento.

—Por el Ángel —susurró Sebastian Verlac.

Miraba a Jonathan por encima de la sangre y el vacío entre ambos, con la cara pálida. Jonathan casi se alegró de ver que era lo suficientemente sensato como para estar asustado.

Pero no era así. Sebastian Verlac siguió sin darse cuenta de nada hasta el final.

—¡Eres increíble! —exclamó Sebastian con la voz rota pero llena de admiración—. ¡Nunca he visto a nadie moverse tan rápido! Alors, tienes que enseñarme a moverme así. En la vida he visto nada parecido a lo que acabas de hacer. 

—Me encantaría ayudarte —dijo Jonathan—, pero por desgracia debo marcharme en seguida. Mi padre me necesita, ¿sabes? Tiene planes. Y no puede llevarlos a cabo sin mí. 

Sebastian parecía decepcionado, por absurdo que resulte. 

—Oh, vamos, no me digas que te vas a ir —le dijo con voz persuasiva—. Cazar contigo ha sido divertidísimo, mon pote. Tenemos que volver a hacerlo algún día. 

—Me temo —respondió Jonathan con la mano en la empuñadura de su arma— que no va a ser posible. 

Sebastian no pareció demasiado sorprendido cuando Jonathan se abalanzó sobre él para matarlo. Notar la espada desgarrando la garganta de Sebastian y su sangre caliente desparramándose entre sus dedos hicieron reír a Jonathan. 

No sería conveniente que encontraran el cuerpo de Sebastian antes de tiempo, estropearía todo el juego, así que Jonathan lo acarreó por las calles como si estuviera acompañando a casa a un amigo que había bebido demasiado. 

En realidad no había tanta distancia hasta el pequeño puente que atravesaba el agua, débil como una verde filigrana o como huesos infantiles y mohosos. Empujó el cadáver hacia un lado y lo observó adentrarse en las aguas negras con un ligero sonido. 

El cuerpo se hundió sin dejar rastro, y ya se había olvidado de él antes incluso de que se hubiera hundido del todo. Vio los dedos curvarse con la corriente, como si volvieran a la vida e intentaran pedir ayuda, o al menos una explicación, y recordó su sueño: su hermana y un mar de sangre. El agua le había salpicado al caer el cuerpo al agua, había mojado sus mangas como símbolo de su bautismo con un nuevo nombre. Ahora era Sebastian. 

Fue paseando desde el puente hacia el barrio viejo de la ciudad, en el que se veían farolillos que escondían bombillas eléctricas, más decorado para los turistas. Se dirigía al hotel en el que se alojaba Sebastian Verlac. Lo había estudiado antes de ir al bar y había comprobado que le sería fácil entrar por la ventana y recuperar las pertenencias del chico. Después sólo le quedaba comprar un bote de tinte barato y... 

Un grupo de chicas con vestidos de noche pasó por su lado, notando su presencia, y una de ellas, ataviada con una falda plateada ajustada, lo miró directamente a los ojos y le sonrió. 

Se unió a ellas. 

—Comment tu t’appelles, beau gosse? —le preguntó otra de las chicas con voz ligeramente seductora—. ¿Cual es tu nombre guapo? 

—Sebastian —respondió rápidamente, sin dudarlo ni un segundo. Era la persona que le tocaba ser a partir de ahora, la que los planes de su padre necesitaban que fuera, en quien debía convertirse para seguir el camino que conduciría a la victoria y a Clarissa—. Sebastian Verlac. 

Miró al horizonte y pensó en las torres de cristal de Idris rodeadas de sombras, llamas y ruinas. Pensó en su hermana esperándolo en algún lugar del mundo. 

Sonrió. 

Supo que le iba a gustar ser Sebastian. 

Una partida repentina

Fuente: Simon & Schuster
El primer capítulo original de City of Glass, con un comentario de Cassie sobre lo que se cambió y por qué lo cambió. Verifique el enlace de arriba para el comentario de la nota al pie.

Clary cerró su mochila y miró alrededor de la habitación para ver si había olvidado algo. Madeleine le había dicho que haría frío en Idris debido a la gran elevación, por lo que había empacado sus camisas de manga larga, algunos jeans y sus suéteres. Ella no tenía un abrigo de invierno, pero no planeaba estar en Idris lo suficiente como para necesitar uno. Solo iba lo suficiente para obtener lo que necesitaba para ayudar a su madre. Entonces ella estaría de vuelta.

Por tercera vez en quince minutos, ella marcó el número de Simon en su teléfono móvil. Sonó y sonó, finalmente se dirigió al correo de voz.

Era la voz de Eric, no la de Simon, en el mensaje grabado. "Señoras, señoras", dijo. Aunque era la enésima vez que había escuchado la grabación, Clary no pudo evitar poner los ojos en blanco. "Si has llegado a este mensaje, eso significa que nuestro niño Simon está de fiesta. Pero por favor no peleen entre ustedes. Siempre hay suficiente Simon para todos. Hubo un grito ahogado, algunas risas y luego el prolongado sonido del pitido.

Ella colgó con el ceño fruncido. ¿Donde estuvo el? Él sabía que ella se iría hoy. ¿Cómo podría no estar aquí para desearle un viaje seguro?

Por supuesto, su último encuentro había sido un poco tenso. Se había sentado en su cama, mirándola con un miedo casi aterrador mientras ella hablaba sobre Madeleine e Idris y la cura de su madre.

"Verás, mi madre sabía que Valentine vendría a buscarla algún día", le había dicho sin aliento. "Ella sabía que trataría de torturar la ubicación de la Copa Mortal si pudiera". Ella usó esta poción que le hizo hacer brujo. Ella lo trajo a Nueva York con ella de Idris. Sabía que la pondría en una especie de animación suspendida, por lo que no sería útil para Valentine. Ella debe haberlo tomado cuando escuchó que el Ravener venía por ella. ¿No lo ves? Es por eso que los médicos no pueden encontrar nada malo con ella. Lo único que la curará es tomar la misma poción de nuevo ".

"Entonces, ¿dónde se supone que debes obtener más de la misma poción?", Preguntó Simon. "No parece ser algo que puedas recoger en la bodega local".

"Tendría que provenir del mismo brujo que lo hizo en primer lugar".

"¿Te refieres a Magnus Bane?" Dijo Simon. "Él era el hechicero que tu madre solía usar para esos hechizos de memoria, así que ..."

"No, no fue Magnus. ¿No estabas escuchando? Ella trajo la poción de Idris. Era alguien que ella conocía allí ".

"Entonces ...?" Simon dejó que el resto de la frase colgara delicadamente en el aire.

"Voy a ir a Idris", le dijo Clary.

Él palideció. Como ya estaba muy pálido, esto fue impresionante. "¿A Idris? ¿Por tí mismo? Clary-"

"No solo. Con los Lightwoods. Madeleine dice que irán de todos modos. Tienen que: La Clave está recordando a todos los jefes de los cónclaves en diferentes ciudades a Idris para algún tipo de reunión en la cumbre ".

"Pero ir a Idris, no parece seguro, Clary"

"Seguro como en cualquier otro lado", dijo Clary. "Quiero decir, sin nadie seguro de lo que Valentine va a hacer a continuación, o incluso dónde está ..."

"Tal vez es mejor para ti estar con los Lightwoods", dijo Simon después de una pausa. "Con Jace, de todos modos. Él nunca dejaría que te ocurriera nada ".

Él no dijo: "¿Qué me va a pasar mientras estás fuera? pero Clary sabía que lo estaba pensando. Simon solo había sido un vampiro un poco menos de una semana y todavía estaba tratando de adaptarse. Ella era una de las pocas personas con las que podía hablar al respecto, y se estaba yendo. Pensó en lo que debe ser para él, guardando ese secreto, yendo a la escuela todos los días, fingiendo que las cosas estaban bien. "Simon, lo siento ..."

Agitó su disculpa. "Tienes que hacer lo que tienes que hacer para ayudar a tu madre", dijo. "No me pondría en tu camino".

"Puedes pasar el rato con Luke", dijo ella. "Él estará aquí. En su mayoría en el hospital, pero él está cerca, y tu sabe que no le importa si necesita alguien con quien hablar ".

"Puedo hablar con Maia", dijo Simon

"Genial", dijo Clary, con una marcada falta de entusiasmo. Maia también era un hombre lobo. Un hombre lobo enamorada de Simon. Clary nunca había sido capaz de sentir afecto por ella, aunque lo había intentado. "Supongo que ella debe saber por lo que estás pasando, ¿eh?"

Simon no respondió. "Este es tu plan, acerca de ir a Idris", dijo. "¿Jace lo sabe?"

Clary negó con la cabeza.

"Va a enloquecer".

"No, no lo hará", dijo Clary. "Él estará bien".

Jace no estaba bien.

"No vas a ir", dijo. Estaba pálido, mirando; la miró como si ella se hubiera acercado sigilosamente y le hubiera golpeado en el estómago. "Si tengo que atarte y sentarme contigo hasta que este caprichoso capricho tuyo pase, no vas a ir".

"¿Por qué no?" Dijo Clary. La franqueza de la pregunta pareció enojar aún más a Jace. "Porque no es seguro".

"Ah, ¿y es tan seguro aquí?" Espetó Clary. "Casi he sido asesinado una docena de veces en el último mes, y cada vez ha estado aquí en Nueva York".

"Eso es porque Valentine se ha estado concentrando en los Instrumentos Mortales que estaban aquí." Jace habló con los dientes apretados. "Él va a cambiar su enfoque a Idris ahora, todos lo sabemos-"

"No estamos tan seguros de nada como todo eso", dijo Maryse Lightwood. Clary casi había olvidado que la mujer mayor estaba allí en la biblioteca con ellos. Estaba sentada detrás de lo que Clary siempre pensaría como el escritorio de Hodge, una gruesa tabla colocada sobre las espaldas de ángeles de caoba arrodillados. Las líneas agudas de agotamiento dibujaron la cara de Maryse hacia abajo. Su esposo, Robert Lightwood, había sido herido por el veneno de un demonio durante la batalla de la semana pasada, y había necesitado una enfermera constante desde entonces. "Y la Clave quiere ver a Clarissa, lo sabes, Jace".

"La Clave puede atornillarse a sí misma", dijo Jace.

Maryse frunció el ceño.

"La Clave quiere muchas cosas", agregó Jace. "No necesariamente debería obtenerlos a todos".

Maryse le lanzó una mirada, como si supiera exactamente de lo que estaba hablando y no lo apreció. "La Clave a menudo tiene razón, Jace. No es irrazonable que quieran hablar con Clary, después de lo que ha pasado. Lo que ella podría decirles ...

"Les diré lo que quieran saber", dijo Jace. "Me estarán interrogando durante semanas como están".

"Y espero que cuando lo hagan serás un poco más cooperativo y un poco menos obstinado", dijo Maryse. Giró sus ojos azules, tanto como los de Alec, en Clary. "Entonces quieres ir a Idris, ¿verdad?"

"Solo por unos días", dijo Clary. "No seré ningún problema. Madeleine incluso dijo que podía quedarme en su casa. Ella tiene uno en Alicante ".

"Sé que ella lo hace. La pregunta no es si tendrás algún problema; la pregunta es si estarás dispuesto a reunirte con la Clave mientras estás allí. Quieren hablar contigo. Si dices que no, dudo que podamos obtener la autorización para llevarte con nosotros ".

Jace estaba sacudiendo la cabeza.

"Me reuniré con la Clave", dijo Clary.

Maryse se frotó las sienes con las yemas de los dedos. "Entonces está arreglado". Sin embargo, ella no parecía estar tranquila; sonaba tan tensa y frágil como una cuerda de violín apretada hasta el punto de ruptura.

"Pero-" comenzó Jace.

Maryse agitó su mano hacia él en señal de despedida. "Es suficiente, Jace".

La boca de Jace era dura. "Te sacaré, Clary".

"Puedo salir", dijo, pero Jace ya la tenía cogida del codo y la estaba conduciendo hacia la puerta. Apenas habían salido al pasillo cuando él bajó el brazo y se giró para mirarla, frunciendo el ceño como una gárgola. "¿No escuchaste una palabra de lo que dije, Clary? Te dije que no puedes venir ".

"Pero Maryse dice que puedo, y no das las órdenes por aquí, ¿verdad?"

"Maryse confía demasiado en la Clave", dijo Jace. Echó a andar por el pasillo, haciendo que Clary luchara para mantener el ritmo. "Ella tiene que creer que son perfectos, y no puedo decirle que no lo son, porque-"

"Porque eso es algo que Valentine diría".

Sus hombros se tensaron. "Nadie es perfecto", fue todo lo que dijo. Estaban en el vestíbulo ahora; extendió la mano y apuñaló el botón del elevador con su dedo índice. "Ni siquiera la Clave".

Clary cruzó sus brazos sobre su pecho. "¿Es realmente por eso que no quieres que vaya? Porque no es seguro? "

Un parpadeo de sorpresa cruzó su rostro. Había sombras que le resonaban en los ojos, notó Clary sin querer, y oscuros huecos bajo sus pómulos. El suéter negro que llevaba solo hacía que su piel más clara y marcada por moretones resaltara más, y también las pestañas oscuras; era un estudio de contrastes, algo para pintar en tonos de negro, blanco y gris, con toques de oro aquí y allá, como sus ojos, para un color de acento ...

"¿Qué quieres decir?" Dijo Jace, sacándola de su ensoñación de pintura mental. "¿Por qué no querría que vinieras?"

Ella tragó saliva. "Porque-" Porque me dijiste que ya no tienes sentimientos hacia mí, y ves, eso es muy incómodo, porque todavía los tengo para ti. Y apuesto a que lo sabes.

"¿Porque no quiero que mi hermanita me siga a todas partes?" Había una nota aguda en su voz, mitad burla, mitad de otra cosa. El ascensor llegó con estrépito; extendió la mano para abrir la adornada puerta y la suave lana de su suéter le hizo cosquillas en la nuca.

"No iré allí porque estarás allí". Voy allí porque quiero ayudar a mi madre. Te lo dije."

"Puedo ayudarla por ti. Dime a dónde ir, a quién preguntar. Conseguiré lo que necesitas ".

Ella entró en el ascensor y se volvió hacia él. "Madeleine le dijo al brujo que sería yo quien vendría. Esperará a la hija de Jocelyn, no al hijo de Jocelyn.

"Entonces dile que hubo un cambio de planes. Yo iré, no tú ".

Ella se mordió el labio. "Madeleine dijo-"

"Madeleine dijo, dijo Madeleine," imitó salvajemente. "¿Esa mujer te ha lavado el cerebro?"

"Ella dijo," continuó Clary, "que el hechicero podría incluso no creer que eres quien dices ser. Dijo que la mitad de la gente de Idris cree que eres realmente el hijo de Valentine. Entonces, ¿qué te hace pensar que alguien que la ayudó incluso te ayudaría? Quiero decir, la razón por la que mi madre tomó esa poción en primer lugar fue para mantener las manos de Valentine fuera de ella- "

"¿Y no soy mejor que él? ¿Es eso lo que dices?

"¿Qué? No, por supuesto que no, sabes que creo que no eres como él, Jace ...

"Aparentemente", dijo, "no es suficiente para transmitir esa información a Madeleine".

Cerró la puerta entre ellos. Por un momento, ella lo miró a través de él: la malla de la puerta dividía su rostro en una serie de formas de diamantes, delineadas en metal. Un único ojo dorado la miró a través de un diamante, furiosa ira parpadeando en sus profundidades.

"Jace-" ella dijo, otra vez.

Pero con una sacudida y un traqueteo, el ascensor ya se movía, llevándola al oscuro silencio del Instituto.

Esa fue la última vez que vio a Jace. No había descolgado el teléfono cuando lo llamó desde entonces, por lo que había hecho todos sus planes para viajar a Idris con los Lightwoods utilizando a Alec como punto de referencia algo reticente y avergonzado. Alec. Ella suspiró y volvió a abrir su teléfono. Bien podría llamarlo y ver a qué hora iban a recogerla cuando salían de la ciudad.

Como ya no había un Portal en funcionamiento en el área de Manhattan, iban a tener que conducir a un lugar que no le habían revelado y utilizar un Portal allí. Eran tan reservados, Cazadores de sombras, pensó; era como si nunca pudieran olvidar esa parte de ella que había sido criada para creer que era mundana, ordinaria. Ella nunca sería realmente una de ellas, conocedora de sus secretos.

Alec tampoco respondía su teléfono. Clary cerró su teléfono móvil y maldijo. "Por el Ángel-"

Una risa suave llegó desde su puerta. Ella giró en redondo. Era Luke, con las manos en los bolsillos, mirándola con una expresión de cariño mezclado con diversión. Su camisa de franela estaba arrugada; probablemente había vuelto a dormir en la silla de plástico del hospital. "Ahora incluso estás jurando como un Cazador de sombras", dijo.

"Supongo que es atrapante", dijo Clary. Ella le sonrió. "Me alegra que vinieras a despedirte de mí, al menos".

"Nos despedimos anoche", le recordó Luke. Eso era cierto. Habían ido al hospital a ver a Jocelyn. Clary había besado a su madre y le había prometido que cuando regresara, tendría la cura de Jocelyn. Madeleine había estado allí, aunque ella y Luke eran extraños y rígidos el uno con el otro y le había prometido a Luke que cuidaría bien de Clary en Idris. Y luego, Clary y Luke habían regresado a la casa de Luke, habían comido pizza y habían mirado televisión hasta la medianoche, cuando regresó al hospital.

"Bueno, Simon parece haber decidido echarme, así que es bueno tener un segundo adiós de alguien".

"Probablemente solo esté preocupado de que vayas a Idris".

"Estás preocupado, y todavía apareces".

"Tengo el beneficio de la experiencia que me dice que el mal humor no resuelve nada", dijo Luke con una sonrisa. "Además, no tiene sentido tratar de decirte a ti o a tu madre qué hacer." Alargó la mano hacia atrás y sacó una bolsa de papel marrón. "Aquí, te conseguí algo para tu viaje".

"¡No tienes que hacer eso!" Protestó Clary. -Has hecho tanto ... Pensó en la ropa que le había comprado después de que todo lo que poseía había sido destruido. Le había dado un nuevo teléfono, nuevos suministros de arte, sin tener que pedirle nada. Casi todo lo que poseía ahora era un regalo de Luke.

"Yo quería". Él le entregó la bolsa.

El objeto dentro estaba envuelto en capas de papel de seda. Clary lo atravesó, su mano se apoderó de algo suave como la piel de un gatito. Ella lo sacó y dio un grito ahogado: era un abrigo de terciopelo color verde botella, anticuado con un forro de seda dorado, botones de latón y una amplia capucha. Ella lo dibujó, alisando sus manos con amor por el material blando. "Parece algo que Isabelle usaría", exclamó.

"Exactamente. Ahora te vestirás más como uno de ellos ", dijo Luke. "Cuando estás en Idris".

Ella lo miró a él. "¿Quieres que luzca como uno de ellos?"

"Clary, tú eres uno de ellos". Su sonrisa estaba teñida de tristeza. "Además, ya sabes cómo tratan a los de afuera. Cualquier cosa que puedas hacer para encajar . "

Un espasmo de culpa se apoderó de ella. "Luke, desearía que vinieras conmigo-"

"No es seguro para mí en Idris. Tú lo sabes. Además, no puedo dejar a Jocelyn ".

"Pero-" Clary se calló cuando sonó su teléfono. Ella se zambulló, revolviendo entre las sábanas enredadas y las pilas de papel de seda desechado. Ella apareció agarrándolo triunfalmente.

"¿Es Simon?", Preguntó Luke.

Echó un vistazo al número en la pantalla y su sonrisa se desvaneció en una expresión de perplejidad. "Es Jace". Abrió el teléfono. "¿Hola?"


"Clary?" Su voz familiar envió un escalofrío por su espina dorsal. "¿Dónde estás?"

"Estoy en casa de Luke. ¿Dónde más estaría? "

"Bien". Hubo una nota de alivio en su voz que la sorprendió. "Permanece allí."

"Por supuesto que me quedo aquí". Estoy esperando que ustedes vengan a recogerme. Ella vaciló. "Vienes a recogerme, ¿verdad?"

Él estaba en silencio.

"Jace, ¿qué está pasando? Ha pasado algo? ¿No vamos a ir a Idris ...?

Jace suspiró. "Nos vamos", dijo. "Pero no lo eres."

"¿Qué quieres decir con que no voy?" Su voz se disparó varias octavas. Luke hizo una mueca. "¡Maryse dijo que podía irme! ¡Revisamos esto! "

"Hubo un cambio de planes", dijo Jace. "No vendrás después de todo".

"Pero la Clave quería encontrarse conmigo"

"Resultó", dijo Jace, "que había alguien con quien querían conocer más". Y he hecho que tu no sea una condición para traerlo ".

Clary sintió como si hubiera pisado un cubo de agua helada.

"¿De traer a quién?", Susurró.

"Simon", dijo Jace.

"¿Qué quiere la Clave con Simon? Él es solo un mundano ...

"No es mundano, Clary. Él es un vampiro. Un vampiro que puede caminar a la luz del sol. El único vampiro que puede caminar a la luz del sol que cualquiera haya escuchado en toda la historia de la Clave. Por supuesto, están interesados ​​en él ".

"¿Lo van a lastimar?"

"No", dijo Jace, impaciente. "Por supuesto no. Ellos dieron su palabra oficial de que no lo harían ".

"No te creo", dijo Clary. Ella tomó un aliento tembloroso. "Jace, no hagas esto. No iré, está bien, prometo que me quedaré aquí, pero por favor no te lleves a Simon contigo ".

"Sin embargo, el peligro estaba bien para ti, ¿no?", Dijo enojado Jace. "Clary, Simon tampoco estará a salvo aquí. Él es único. Una aberración mágica. Ya hay rumores que circulan por Downworld sobre su existencia. Los vampiros sostuvieron un concilio anoche sobre qué hacer con él, algunos estaban a favor de matarlo directamente como una mutación peligrosa, y otros querían experimentar con él para ver si lo que le sucedió podía reproducirse. Sin mencionar que él es el enemigo público número uno de los hombres lobo ...

"Pero Luke controla los licántropos-"

"¡No todos los licántropos en el mundo, Clary! ¿Qué le pasó a Simon? Es enorme, no tiene precedentes. Todos querrán una parte de él. El lugar más seguro para él está en Idris, con el Clave, especialmente cuando no vamos a estar aquí para protegerlo ".

"Y dijiste que Maryse confía demasiado en la Clave. Deberías hablar ", dijo Clary con amargura. "¿Cómo pudiste hacer esto, Jace? Mi madre-"

"Sé lo que tu madre necesita para recuperarse", dijo Jace. "Y lo conseguiré para ti, te doy mi palabra sobre el Ángel".

"Por lo que sea que eso valga. No lo entiendo, Jace. ¿Por qué estás haciendo esto?"

Vaciló, solo por una fracción de segundo, entre una respiración y la siguiente. Su voz, cuando habló, era plana. "No puedo creer que no lo sepas".

"No hagas esto", dijo ella. Una pequeña parte de ella se preguntaba si estaría siendo irracional, pero estaba abrumada por su abrumadora sensación de abandono y terror. "Por favor, Jace-"

"Lo siento, Clary", dijo, y colgó.

Silencio. Clary marcó su número nuevamente y obtuvo una señal estática de ocupado. Pulsó el botón para volver a marcar y encontró el teléfono suavemente apreciado de su mano. "Clary", dijo Luke, sus ojos azules llenos de compasión. "Por lo que sabemos, probablemente ya haya pasado por el Portal. No tiene sentido-"

"¡Eso no es verdad!", Le gritó. "¡Ni siquiera se suponía que se hubieran ido todavía! ¡No pueden estar fuera!

"Clary-"

Pero ella ya estaba empujando más allá de él, su aliento duro en los oídos mientras corría fuera de la casa y bajaba por la calle Kent, en dirección al metro.

A Clary le llevó varios minutos despegar el glamour del Instituto hoy. Parecía como si otra capa de disfraz hubiera sido añadida a la vieja catedral, como una nueva capa de pintura. Arrastrándolo con su mente se sintió duro, incluso doloroso. Finalmente desapareció y pudo ver la iglesia tal como era. Las altas puertas de madera brillaban como si acabaran de ser pulidas.

Ella puso su mano en el pomo. Soy Clary Morgenstern, una de las Nephilim, y pido la entrada al Instituto-

La puerta se abrió. Clary entró. Miró a su alrededor, parpadeando, tratando de identificar qué era lo que se sentía de alguna manera diferente sobre el interior de la catedral.

Se dio cuenta de que la puerta se cerró detrás de ella, encerrándola en una negrura aliviada solo por el tenue resplandor de la ventana de la rosa que estaba muy arriba. Nunca había estado dentro de la entrada del Instituto cuando no había docenas de llamas encendidas en los elaborados candelabros que se alineaban en el pasillo entre los bancos.

Ella sacó su piedra de luz mágica de su bolsillo y la levantó. La luz se encendió, enviando brillantes picos de iluminación que se filtraban entre sus dedos. Iluminó las esquinas polvorientas del interior de la catedral mientras se dirigía al elevador que estaba en la pared cerca del altar desnudo. Ella señaló con impaciencia el botón de llamada.

No pasó nada. Después de medio minuto pasó, presionó el botón otra vez, y otra vez. Apoyó la oreja en la puerta del ascensor y escuchó. No es un sonido. El Instituto se había vuelto oscuro y silencioso, como una muñeca mecánica cuyo mecanismo de relojería finalmente se había agotado.

Clary dio un paso atrás y colapsó en uno de los bancos. El asiento era duro, angosto e incómodo, pero apenas lo notó. Se habían ido. Ido a Idris, donde no podía seguir. Salió de su vida, llevando a Simon a donde no podía protegerlo. Ella recordó a Magnus diciendo, "Cuando tu madre huyó del Mundo de las Sombras, era a ellos a quienes se estaba escondiendo. No los demonios. Los cazadores de sombras. Había tenido razón, y se había equivocado al confiar en los Nephilim. Ella había pensado que los Lightwood se preocupaban por ella, pero lo único que le importaba a cualquiera de ellos era su preciosa Clave. Incluso Jace-

Ante ese pensamiento, su garganta se contrajo y sintió que las lágrimas se derramaban en una inundación caliente. Ella se sentó llorando, agarrando la piedra mágica contra su pecho, donde latía y resplandecía como un corazón luminoso.

"Clary." La voz suave salió inesperadamente del silencio detrás de ella, haciéndola girar en su asiento. Una figura alta estaba detrás de ella, como un espantapájaros desgarbado. Vestía un traje de terciopelo negro sobre una remera brillante de color verde esmeralda, y varios anillos brillantemente enjoyados brillaban en sus dedos estrechos. También hubo botas de fantasía y una buena cantidad de brillo.

"¿Magnus?" Clary susurró.

"Clary, cariño". Su voz era tan musical como siempre. Se sentó junto a ella en el banco, su capa moviéndose a su alrededor como humo. "¿Estás bien?"

"No. Se han ido, y se llevaron a Simon-Jace me llamó y dijo, dijo- "

"Lo sé", dijo Magnus. "Fue un sucio truco para jugar. Él tiene mucho de su padre en él, tu hermano Jonathan ".

Un día antes, incluso una hora, Clary le habría dicho que no dijera algo así. Ahora ella solo se mordió el labio. "¿No hay nada que pueda hacer?", Estalló. "Debe haber alguna manera de llegar a Idris-"

"El aeropuerto más cercano es un país terminado. Si pudieras atravesar la frontera, asumiendo que incluso pudieras identificar el límite, habría un largo y peligroso viaje por tierra después de eso, a través de todo tipo de territorio de Downworlder. Nunca lo lograrías, no viajarías por tu cuenta ".

Ella se volvió hacia él. "Pero tu-

"Tendría que desobedecer una orden directa de la Clave para llevarte a Idris, Clary", dijo Magnus. "Me gustas, pero no tanto".

Ella soltó una carcajada. "¿Qué tal un Portal? ¿Si pudiera llegar a un Portal?

"No puedes. Los portales de Renwick y Madame Dorothea fueron destruidos, y no tengo idea de dónde podrían estar otros Portals. Ese tipo de información está estrechamente protegida. Y tengo que decírtelo, Clary ...

"Déjame adivinar. La Clave te ha ordenado que no me ayudes de ninguna manera. Clary habló con amargura. "Sé cómo funcionan ahora. Si Jace hizo algún tipo de trato con ellos, entonces probablemente fueron bastante cuidadosos al darle lo que él pidió ".

"¿Qué pidió?", Preguntó Magnus, los ojos de su gato chispeando con curiosidad.

"Creo que les dijo que les traería a Simon si pudieran prometerme que me mantendría alejado de lo que esté sucediendo en Idris", dijo Clary, casi de mala gana.

La boca de Magnus se curvó en la esquina. "Él realmente debe amarte".

"No", dijo Clary. "Creo que simplemente no me quiere cerca. Lo hago sentir incómodo ".

Magnus murmuró algo. Sonaba como un expletivo exasperado seguido de la palabra Cazadores de sombras, pero Clary no podía estar segura. "Mire", dijo. "Creo que Jace probablemente tenga razón. Manténgase al margen de lo que está sucediendo en Idris: será un área de desastre político".

Ella lo miró a él. La luz de la piedra mágica atrapó los bordes de sus afilados pómulos y el oro en sus ojos de gato. "Pero Simon", dijo ella. "¿Crees que él estará bien?"

"¿No dijo Jace que se aseguraría de que no le pasara nada?"

"Sí", dijo Clary. "Juró sobre el Ángel".

"Entonces estoy seguro de que él estará bien", dijo Magnus, pero ella había captado la leve vacilación en su voz antes de hablar. Ella no dijo nada en respuesta, solo se volvió la piedra mágica entre sus dedos, viendo la luz parpadear sobre el material verde oscuro de su abrigo. Hace solo una hora, había estado tan feliz de ponérselo-

"Simon es algo muy especial, Clary", agregó Magnus. "Un vampiro que puede soportar la luz del día. Él no está indefenso. Es posible que no necesite tu protección. Haría bien en aprender a usar los dones que tiene. Se puso de pie, una figura espectacularmente alta y delgada, oscura y con forma de araña en la tenue luz. "Como lo harías tú".

Llegada alternativa de Simon a Alacante

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
Nota de CC: en la versión original de la historia, Simon terminó en Idris como resultado del engaño de Jace y no como un accidente. Decidí que no me gustaba eso, hacía a Jace demasiado manipulador y a Clary demasiado indulgente con su mal comportamiento, así que lo alteré; Esta es, sin embargo, la primera escena original en la que Simon se despierta en Alacante y conoce a Sebastian y Aline. Bono: inclusión del misterioso apellido de Simon. Del Capítulo 2, Las torres de los demonios de Alacante.

"¿Dónde estamos?" Simon siseó entre dientes.

"Alacante", dijo Jace. "La Ciudad del Cristal". Y cuando Simon solo lo miró, agregó con un toque de impaciencia: "Estamos en Idris". Se asomó un poco por la ventana. "Ves", dijo, indicando las torres, "esas son las torres de los demonios". Están hechas del mismo material del que están hechas nuestras estelas y cuchillos serafín. Es un repelente de demonios- "

"¿Por qué me has traído hasta aquí?", exigió Simon, interrumpiendo la lección de Jace sobre la geografía local.

Los ojos de Jace se encontraron con los de él, y por un momento hubo algo en ellos, algo que suplicaba, y luego Jace dijo: "Estuviste de acuerdo. Esto es por Clary".

"¡No acepté nada!" Simon golpeó el alféizar de la ventana con su puño. Había esperado que doliera, pero no fue así; todavía no estaba acostumbrado a su nueva fuerza, y el golpe dejó una abolladura en la piedra. "Espera". Se le ocurrió una idea. "Clary, ¿te refieres a que ella está aquí?" Se giró como si esperara verla, pero solo había la misma habitación de piedra. "¿Donde esta ella?"

Jace se apartó el pelo con impaciencia. "Ella no está aquí, eso es todo. La cambié por ti".

"¿Tu qué? ¿De qué estás hablando? ¿Por qué alguien me querría en lugar de Clary?

"Mírame", dijo Jace con un poco de su vieja malicia, "ciertamente no lo haría, pero la Clave es un poco peculiar de esa manera. Ellos tienen sus maneras -"

"¿La Clave?" Simon miró a Jace. "¿Me trajiste aquí porque la Clave quería a Clary, y tú accediste a dársela?"

"Lo sé, un truco sucio, ¿no?" Comentó una voz ligera. Simon se volvió y vio a Isabelle Lightwood de pie en la puerta abierta. Vestía pantalones oscuros y una chaqueta de cuero blanca ajustada contra la cual su cabello parecía increíblemente negro. Junto a ella estaba su hermano, Alec, con vaqueros y una camiseta de manga larga con una marca rúnica negra garabateada en el frente. "Jace no nos dijo que no lo sabías hasta que ya estuvimos a través del Portal", continuó Isabelle, ignorando la mirada sucia que Alec le estaba dando. "Mamá y papá estaban furiosos, pero ¿qué pueden hacer? La Clave es la Clave y Jace hizo un trato con ellos. No podríamos regresar aunque quisiéramos".

"No hice un trato", dijo Simon. Miró desde el rostro impasible de Jace a Isabelle, sonriendo como si todo fuera un juego, a Alec, quien lo miró por sus sospechosos ojos azules y no dijo nada. "No estaba de acuerdo con nada de esto".

"Lo hiciste", dijo Jace, "cuando dijiste que harías cualquier cosa por Clary". Esto es cualquier cosa".

Jace lo miraba casi expectante; Simon sintió una chispa de ira dentro de él parpadear y luego morir. "Bien". Se alejó de la ventana. "Dije que haría cualquier cosa por Clary, y es verdad. Pero dime una cosa: ¿por qué quieres que Clary salga tan mal de Idris?

"Oh, no me importa de una manera u otra", dijo Isabelle alegremente, luego vio la expresión de Simon y levantó las manos. "Lo siento, le estabas preguntando a Jace, ¿verdad?"

"Isabelle", dijo Alec, en una voz como un gemido.

Jace solo miró a Simon, constantemente. Por un momento, Simon pensó que no iba a decir nada en absoluto. Finalmente, suspiró. "Mira, Simon -"

"¿Es ese el vampiro?" Dijo una voz suave desde la entrada. Una delgada adolescente estaba allí, un chico alto y moreno a su lado. La chica era pequeña, con el pelo negro brillante retirado de su rostro y una expresión traviesa. Su delicada barbilla se reducía a una punta como la de un gato. Ella no era exactamente bonita, pero era muy llamativa.

El chico a su lado era más que sorprendente. Probablemente era de la altura de Jace, pero parecía más alto: era ancho de hombros, con un rostro elegante e inquieto, todos pómulos marcados y ojos negros. Había algo extrañamente familiar en él, como si Simon lo hubiese conocido antes, aunque sabía que nunca lo había conocido. Los negros remolinos de tinta de las marcas se levantaban del cuello de la camisa del chico, y había una marca curva en su rostro, justo debajo de su ojo izquierdo, lo que sorprendió a Simon: la mayoría de los Cazadores de sombras cuidaban de mantener a las marcas fuera de sus rostros.

"¿Podemos verlo?", continuó la chica, entrando en la habitación, el chico justo detrás de ella. "Nunca antes había estado tan cerca de un vampiro, ni siquiera uno que no estuviera planeando matar. No puedo creer que mis padres te hayan permitido traerlo a la casa. Miró a Simon de arriba abajo, como si estuviera tomando sus medidas. "Es lindo, para ser un subterráneo".

"Tendrás que perdonar a Aline; ella tiene la cara de un ángel y los modales de un demonio Moloch", dijo el chico con una sonrisa, avanzando. Tendió su mano hacia Simon. "Soy Sebastian. Sebastian Verlac".

Simón tardó un momento en darse cuenta de que el chico le estaba ofreciendo la mano a Simon para que la estrechara. Perplejo, lo sacudió, y la misma extraña sensación que había tenido antes pasó sobre él: la sensación de que este chico era alguien que él conocía, alguien familiar. "Soy Simon. Simon Lewis".

Sebastian todavía estaba sonriendo. "Y esta es mi prima, Aline Penhallow. Aline -"

"No le doy la mano a subterráneos", dijo Aline rápidamente, y fue a apoyar a Jace. "Realmente, Sebastian, a veces puedes ser tan extraño". Simón notó que hablaba con un ligero acento, no británico ni australiano, sino algo más. "Ellos no tienen alma, ¿sabes? Vampiros".

La sonrisa de Sebastian desapareció. "Aline -"

"Es verdad. Es por eso que no pueden verse a sí mismos en los espejos, o salir al sol..."

Muy deliberadamente, Simon retrocedió, hacia el parche de luz solar frente a la ventana. Sintió el sol caliente en su espalda, su cabello. Su sombra estaba echada, larga y oscura, por el suelo, casi llegando a los pies de Jace.

Aline respiró hondo, pero no dijo nada. Fue Sebastian quien habló, mirando a Simon con curiosos ojos negros: "Así que es verdad", dijo. "Los Lightwood", lo dijeron, pero no pensé..."

"¿Que no estábamos diciendo la verdad?", Dijo Jace. "Es verdad. Es por eso que Clave está tan curiosa acerca de él. Él es único".

"Lo besé una vez", dijo Isabelle, a nadie en particular.

Las cejas de Aline se dispararon. "Realmente te dejan hacer lo que quieras en Nueva York, ¿no?" Dijo ella, sonando medio horrorizada y medio envidiosa. "Recuerdo que la última vez que te vi, Izzy, ni siquiera habrías considerado-"

"La última vez que nos vimos, Izzy tenía ocho años", dijo Alec. "Las cosas cambian. Ahora, ¿vamos a quedarnos aquí por el resto del día, o vamos a bajar y encontrar algo de comer, que es lo que estábamos discutiendo antes de que Jace viniera a ver a Simon?"

"Podría comer", dijo Simon, y sonrió a Aline, lo suficientemente amplio como para mostrar sus caninos puntiagudos. Ella dio un grito de aprecio.

"Deja eso, Lewis", dijo Jace. "Mira, puedes venir abajo con nosotros si prometes portarte bien".

"¿Lewis? ¿Me estás llamando por mi apellido ahora?

"Pensé que era mejor que 'vampiro'", dijo Jace mientras todos comenzaron a salir de la sala, y Simon tuvo que aceptar que, en general, esto era cierto.

Jace y Alec

Fuente: Tumblr
Nota de Cassandra Clare: Esto es la versión original de la escena que empieza en la página 137 de Ciudad de Cristal. En la versión original,Jace besa a Alec, más para demostrar algo que para otra cosa, pero la escena resultante me hizo reír, hizo reír a mis compañeros de crítica e hizo reír a mi editor, histéricamente. Era, simplemente, demasiado ridícula para funcionar.

Jace miró a Alec fijamente. Luego dijo: "¿Qué hay entre tú y Magnus Bane?" 

Alec sacudió la cabeza hacia un lado, como si Jace le hubiera abofeteado o empujado. "Yo no - no hay nada -” 

"Yo lo sé", dijo Jace, anticipándose a él. "No soy estúpido. Dime la verdad”. 

"No hay nada entre nosotros", dijo Alec - y, a continuación, viendo la mirada en la cara de Jace, agregó con gran renuencia ", nada más. Ya no hay nada entre nosotros. ¿De acuerdo? "  

"¿Y eso por qué? A Magnus realmente le gustas. " 

"Déjalo, Jace", dijo Alec en un tono de advertencia. 

Jace parecía no haber sido advertido. "Magnus dice que es porque estás colado por mí. ¿Es eso cierto? "

Hubo un momento de silencio absoluto. A continuación, Alec dio un aullido desesperado de horror y levantó las manos para cubrir su rostro. "Voy a matar a Magnus. Matarlo de verdad. " 

"No lo hagas. Él se preocupa por ti. De verdad. Creo eso ", dijo Jace, intentando sonar un poco torpe. "Mira. No quiero empujarte a hacer nada, pero ¿tal vez querrías …- " 

"Llamar a Magnus? Mira, eso es un callejón sin salida, sé que estás tratando de ser útil, pero…- " 

"…Besarme?" Jace terminó. 

Alec lo miró como si estuviera a punto de caer de su silla. "¿QUÉ? ¿Qué? ¿Qué?" 

"Una vez hecho." Jace hizo lo posible por parecer como si este fuera el tipo de una sugerencia que hace todo el tiempo. "Creo que podría ayudar." 

Alec miró con algo parecido al horror. "No quieres decir eso." 

"¿Por qué no querría decirlo?" 

"Porque eres la persona más heterosexual que conozco. Posiblemente el más heterosexual de todo el universo. " 

"Exacto", dijo Jace, y se inclinó y besó a Alec en la boca. 

El beso duró aproximadamente cuatro segundos antes de Alec lo tirara con fuerza lejos de él, levantando sus manos, como si evitara que Jace fuera hacia él nuevamente.  

Parecía como si estuviera a punto de vomitar. "Por el Ángel", dijo. "No vuelvas a hacerlo de nuevo. " 

"Ah, ¿sí?" Jace sonrió, y casi en serio. "¿Tan malo ha sido?" 

"Es como besar a mi hermano,” dijo Alec, con una mirada de horror en sus ojos. 

"Pensé que podrías sentirte de esa manera." Jace cruzó los brazos sobre el pecho. "Además, estoy pensando que pasaré por alto la ironía en todo lo que acabas de decir. "  

"Podemos pasar por alto lo que quieras", dijo Alec fervientemente. "Eso sí, no vuelvas a besarme otra vez. " 

"No voy a hacerlo. Tengo otros asuntos que atender. "Jace se puso de pie, pateando la silla hacia atrás. "Si alguien pregunta dónde estoy, diles que fui a dar un paseo. "  

"¿Dónde vas a ir en realidad?" Alec preguntó, mirándolo de pie en la puerta. "A ver a Clary?"  

"No" Jace sacudió la cabeza. "Me voy al Gard. Voy a sacar a Simon de la cárcel.”


La cabaña de Ragnor Fell

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
Nota de CC: Esta es la forma en que la escena que comienza en la página 160 en Ciudad de Cristal, donde Clary y Sebastian visitan a Magnus en la cabaña de Ragnor Fell, originalmente estaba escrita. Hab[ia una configuración mucho más elaborada, que corté por razones de ritmo. Aún así, la escena original sí presenta a Magnus en pantalones de harén. Del Capítulo 7.

"Estamos aquí", dijo Sebastian abruptamente, tan abruptamente que Clary se preguntó si realmente lo había ofendido de alguna manera, y se deslizó de la espalda del caballo. Pero su rostro, cuando la miró, era todo sonrisas. "Hicimos un buen tiempo", dijo, atando las riendas a la rama inferior de un árbol cercano. "Mejor de lo que pensé que haríamos".

Indicó con un gesto que debería desmontar, y después de un momento de vacilación, Clary se bajó del caballo y se arrodilló en sus brazos. Ella se agarró a él cuando él la atrapó, sus piernas inestables después del largo viaje. "Lo siento", dijo tímidamente. "Lo siento, no fue mi intención atraparte".

"No me disculparía por eso." Su aliento era cálido contra su cuello y ella se estremeció. Sus manos se detuvieron un momento más en su espalda antes de que la dejara ir a regañadientes. "Me gusta ese abrigo", dijo, con los ojos fijos en ella como lo habían hecho sus manos hace un momento. "No solo se siente genial, sino que el color hace que tus ojos luzcan aún más verdes".

Todo esto no ayudaba a las piernas de Clary a sentirse menos inestables. "Gracias", dijo, sabiendo muy bien que estaba sonrojada y deseando sinceramente que su piel clara no mostrara el color tan fácilmente. "Así que, ¿es esto?" Miró a su alrededor, estaban de pie en una especie de pequeño valle entre colinas bajas. Había una cantidad de árboles de aspecto nudoso alineados alrededor de un claro. Sus ramas retorcidas tenían una especie de belleza escultural contra el cielo azul acero. Pero de lo contrario... "No hay nada aquí", dijo Clary frunciendo el ceño.

"Clary". Había risa en su voz. "Concéntrate."

"¿Te refieres a un glamour? Pero normalmente no tengo que...

"Los glamoures en Idris a menudo son más fuertes que los glamoures en otros lugares. Puede que tengas que esforzarte más de lo normal. Él le puso las manos en los hombros y la giró suavemente. "Mira el claro".

Clary miró. Y silenciosamente realizó el truco mental que le permitía quitar el glamour de lo que disfrazaba. Se imaginó a sí misma frotando trementina en un lienzo, despegando capas de pintura para revelar la verdadera imagen debajo, y allí estaba, una pequeña casa de piedra con un tejado agudo a dos aguas, humo saliendo de la chimenea en un elegante rizo. Un sinuoso camino bordeado de piedras conducía a la puerta principal. Mientras miraba, el humo que salía de la chimenea dejó de curvarse hacia arriba y comenzó a tomar la forma de un vacilante signo de interrogación negro.

Sebastian se rió. "¿Creo que eso significa quién está allí?"

Clary jaló su chaqueta más cerca de ella. De repente, se sintió increíblemente fría: el viento que soplaba sobre la hierba llana no era tan rápido, pero aun así había hielo en sus huesos. "Parece sacado de un cuento de hadas".

Sebastian no estuvo en desacuerdo, solo comenzó a caminar. Clary lo siguió. Cuando llegaron a los escalones de la entrada, Sebastian tomó su mano. Inmediatamente, el humo que se enroscaba en la chimenea dejó de formarse en signos de interrogación y comenzó a hincharse en forma de corazones ladeados. Clary le arrebató la mano, se sintió inmediatamente culpable, y alcanzó la aldaba de la puerta para disimular su vergüenza. Era pesada y de bronce, con forma de gato, y cuando la dejó caer golpeó la puerta de madera con un golpe satisfactorio.

El golpe fue seguido por una serie de ruidos de chasquidos. La puerta se estremeció y se abrió. Más allá, Clary solo podía discernir la oscuridad. Miró de reojo a Sebastian, su boca repentinamente seca. Como una cabaña de cuento de hadas, ella había dicho. Excepto que las cosas que vivían en cabañas en cuentos de hadas no siempre eran benévolas...

"Al menos no está decorada con dulces y pan de jengibre", dijo Sebastian, como si leyera sus pensamientos. "Entraré primero, si quieres".

"No." Ella negó con la cabeza. "Iremos juntos".

Apenas habían despejado el umbral cuando la puerta se cerró de golpe detrás de ellos, apagando toda la luz. La negrura era implacable, impenetrable. Algo rozó a Clary en la oscuridad y ella gritó.

"Solo soy yo", dijo Sebastian irritado. "Toma, toma mi mano." Ella sintió que sus dedos buscaban a tientas la suya en la oscuridad y esta vez ella se agarró a su mano con un sentimiento de gratitud. Estúpida, pensó, agarrando los dedos de Sebastian con fuerza, estúpida para entrar aquí así - Jace estaría furioso -

La luz repentinamente parpadeó en la oscuridad. Aparecieron dos ojos brillantes, verdes como los de un gato, colgando contra la negrura como joyas. ¿Quién está ahí? dijo una voz, suave como la piel, afilada como fragmentos de hielo.

"Sebastian Verlac y Clarissa Morgenstern. Nos viste venir por el camino." La voz de Sebastian sonó clara y fuerte. "Sé que nos estás esperando. Mi tía Elodie me dijo dónde encontrarte. Ya has trabajado para ella antes..."

"Se quien eres." Los ojos parpadearon, sumergiéndolos momentáneamente en la oscuridad. "Sigue la luz de las antorchas" "¿Qué?" Clary se giró, su mano aún en la de Sebastian, a tiempo para ver cómo varias antorchas se encendían formando una línea, una de ellas encendiéndose desde la siguiente, hasta que un camino ardiente se encendía ante ellas. Siguieron su camino como Hansel y Gretel siguiendo el rastro en el bosque oscuro, aunque Clary se preguntaba si los niños del cuento de hadas se habían tomado de la mano con tanta fuerza...

El suelo crujía suavemente debajo. Mirando hacia abajo, Clary vio que el camino estaba bordeado de fragmentos de negro reluciente, como los caparazones de enormes insectos. "Escamas de dragón", dijo Sebastian, siguiendo su mirada. "Nunca había visto tantas..."

¿Los dragones son reales? Clary quería decir, pero se detuvo. Por supuesto, los dragones eran reales. ¿Qué era lo que Jace siempre le decía? Todas las historias son verdaderas. Antes de que pudiera repetir ese pensamiento en voz alta, el camino se abrió y se encontraron de pie en un jardín abierto y bañado por la luz del sol.

Al menos, a primera vista parecía un jardín. Había árboles, cuyas hojas brillaban plateadas y doradas, y senderos dispuestos entre bancos de flores, y en el centro del jardín una especie de pabellón con brillantes paredes de seda. El camino iluminado por antorchas continuaba frente a ellos, conduciendo al pabellón, pero mientras lo seguían, Clary vio que las flores a ambos lados del camino eran ingeniosas creaciones de papel y tela. No había zumbidos de insectos, ni canto de pájaros. Y cuando levantó la vista, vio que no había cielo en lo alto, solo un fondo pintado de azul y blanco, con una sola luz resplandeciente que brillaba sobre ellos, donde el sol debería haber estado.

Habían llegado al pabellón. Dentro de ella, Clary podía vislumbrar el suave y movido destello de la luz de las velas. Su curiosidad se impuso a sus nervios y soltó la mano de Sebastian y se metió por un hueco entre los pesados ​​tapices de seda.

Clary lo miró. El interior del pabellón parecía sacado de una copia ilustrada de Las mil y una noches. Las paredes eran de seda dorada, el suelo cubierto de alfombras bordadas. Bolas de oro flotantes derramaban incienso que olía a rosas y jazmín, el aroma tan espeso y dulce que la hacía toser. Había almohadas de cuentas diseminadas por todas partes y un gran sofá bajo, salpicado de cojines bordados. Pero esa no era la razón por la que ella estaba mirando. Ella había estado preparada para algo fantástico, incluso extraño. Sin embargo, no había estado preparada para ver a Magnus Bane -vestido con un chaleco de malla dorada y un par de pantalones de harén de seda transparentes- que resoplaba suavemente sobre una cachimba fantásticamente grande con una docena de brazos de tubo serpenteantes que se enroscaban en ella.

"Bienvenida a mi humilde morada". El humo que flotaba alrededor de las orejas de Magnus se convirtió en pequeñas estrellas mientras sonreía. "¿Hay algo que pueda ofrecerte? ¿Vino? ¿Agua? ¿Icor?" Clary encontró su voz. "Una explicación sería agradable. ¿Que demonios estas haciendo aquí?"

"Clary". Ni siquiera había notado que Sebastian la seguía al interior del pabellón, pero allí estaba, mirándola con horror. "No hay necesidad de que seas grosera".

"¡No lo entiendes!" Se volvió hacia Sebastian, consternada por la expresión de su rostro. "Algo no esta bien -"

"Está bien, Clary", dijo. Se giró hacia Magnus, con la mandíbula apretada. "Ragnor Fell", comenzó, "yo soy Sebastian Verlac". "Qué bueno para ti", dijo Magnus amablemente, y chasqueó los dedos una vez.

Sebastian se congeló en su lugar, su boca aún abierta, su mano parcialmente extendida a modo de saludo.

"¡Sebastian!" Clary extendió la mano para tocarlo, pero él estaba tan rígido como una estatua. Solo el ligero aumento y la caída de su pecho demostraban que aún estaba vivo. "¿Sebastian?", Dijo, otra vez, pero no tenía remedio: sabía de alguna manera que él no podía verla ni oírla. Ella se volvió hacia Magnus. "No puedo creer que hayas hecho eso. ¿Qué demonios te pasa? ¿Hay algo en esa tubería que haya derretido tu cerebro? Sebastian está de nuestro lado".

"No tengo un lado, querida Clary", dijo Magnus con un movimiento de su cachimba. "Y realmente, es tu culpa que tuviera que congelarlo en el tiempo por un tiempo corto. Verás, estabas terriblemente cerca de decirle que en realidad no soy Ragnor Fell".

"Eso es porque en realidad no eres Ragnor Fell".

Magnus arrojó una bocanada de humo de su boca y la miró pensativamente a través de la bruma. "En realidad", dijo, "para todos los efectos, lo soy".

La cabeza de Clary había comenzado a doler, ya fuera por el espeso humo en la habitación o por el esfuerzo de contener su abrumador impulso de golpear a Magnus en el ojo, no estaba segura. "No lo entiendo." Magnus dio unas palmaditas en el sofá junto a él. "Ven y siéntate a mi lado y te explicaré", ronroneó. "Confías en mí, ¿verdad?"

En realidad, no, pensó Clary. Pero, de nuevo, ¿en quién confiaba ella? ¿Jace? ¿Simon? ¿Luke? Ninguno de ellos estaba cerca. Con una mirada de disculpa al congelado Sebastian, fue a unirse a Magnus en el sofá.

Escena extendida de la mansión

Fuente: Tumblr
Nota de CC: La versión original y más larga de la escena de la "casa solariega" de Clary y Jace en Ciudad de Cristal, capítulo 9. La modifiqué para la versión publicada del libro, principalmente por razones de ritmo. No, no es particularmente atrevida, pero es un poco más detallada de lo que lo hizo en el libro, así que si quieres más Clary/Jace, podría ser de tu incumbencia.

El rugido del colapso se desvaneció lentamente, como humo que se disipa en el aire. Fue reemplazado por el fuerte piar de pájaros sobresaltados; Clary podía verlos sobre el hombro de Jace, girando curiosamente contra el cielo oscuro.

"Jace", dijo en voz baja. "Creo que se acabó".

Retrocedió ligeramente, apoyándose en los codos y la miró. Estaban lo suficientemente cerca que incluso en la oscuridad podía verse reflejada en sus ojos; su cara estaba surcada de hollín y tierra, el cuello de su camisa desgarrado. Sin pensar, ella levantó la mano, sus dedos rozando suavemente su cabello. Ella lo sintió tensarse, sus ojos se oscurecieron.

"Había hierba, en tu cabello", dijo a modo de explicación. Su boca estaba seca; La adrenalina cantaba a través de sus venas, y no solo por el peligro en el que acababa de estar. Todo lo que acababa de suceder: el ángel, la mansión destrozada, parecía menos real que lo que vio en los ojos de Jace.

"No deberías tocarme", respiró.

Su mano se congeló donde estaba, su palma contra su mejilla. "¿Por qué no?"

"Sabes por qué", dijo, y luego, "Tú viste lo que vi, ¿no? El pasado, el ángel. Nuestros padres."

"Lo vi."

"Ya sabes lo que pasó".

"Pasaron muchas cosas, Jace..."

"No para mí". Las palabras exhaló en un susurro angustiado. "Tengo sangre de demonio, Clary. Sangre de demonio. Lo entendiste, ¿verdad?

"No significa nada. Valentine estaba loco. Él solo estaba despotricando...

"¿Y Jocelyn? ¿Estaba loca? Sus ojos se clavaron en ella como taladros dorados. "Sé lo que Valentine estaba tratando de hacer. Estaba tratando de crear híbridos: ángel/humano y demonio/humano. Tú eres el primero, Clary, y yo soy el último. Soy parte monstruo. Parte de todo lo que tanto he intentado quemar, destruir".

"No es verdad. No puede ser. No tiene sentido...

"Pero lo tiene." Hubo una especie de desesperación furiosa en su expresión mientras la miraba. Podía ver el brillo de la cadena de plata alrededor de su garganta desnuda, iluminada por una llamarada blanca a la luz de las estrellas. "Lo explica todo".

Sacudió la cabeza con tanta fuerza que sintió que la hierba le hacía cosquillas en la mejilla. "¿Quieres decir que explica por qué eres un cazador de sombras tan increíble? ¿Por qué eres leal, valiente y honesto, y todos los demonios no lo son...?

"Explica", dijo, de manera pareja, "por qué me siento así".

Aliento siseó entre sus dientes. "Jace, ¿qué quieres decir?"

Él guardó silencio durante un largo momento, mirándola fijamente, durante tanto tiempo, de hecho, que ella se preguntó si alguna vez había planeado hablar, o si solo mirar era suficiente; después de todo, ella lo estaba mirando igual de impotente. Sus miradas estaban cerradas como engranajes; ya no podría haber desviado la mirada de lo que podría haber respirado con agua en sus pulmones.

"Eres mi hermana", dijo, finalmente, "Mi hermana, mi sangre, mi familia. Me gustaría protegerte -se rió en silencio y sin humor- protegerte del tipo de chicos que quieren hacerte exactamente lo que quiero hacerte."

Clary se quedó sin aliento. Todavía la miraba, pero su expresión había cambiado, había una expresión en su cara que nunca había visto antes, una luz soñolienta, mortal, casi depredadora en sus ojos. De repente y agudamente fue consciente de la dura presión de su cuerpo sobre su cuerpo, los huesos de sus caderas se ajustaban a los de ella, y le dolía por todas partes que no la tocara, dolía con un dolor casi físico.

Lo que quiero hacerte, había dicho. No pensando en otra cosa que no fuera lo mucho que lo deseaba, dejó que sus dedos recorrieran su mejilla hasta sus labios, delineando la forma de su boca con la punta de su dedo índice.

Ella fue recompensada por la captura en su respiración, el repentino oscurecimiento de sus ojos. Él no se movió.

"¿Qué es exactamente lo que quieres hacerme?", Susurró.

La luz en sus ojos era un incendio. Lentamente inclinó su cabeza hasta que sus labios estuvieron contra su oreja. Cuando habló, ella sintió que su aliento le hacía cosquillas en la piel, haciéndola temblar: "Podría mostrarte". No dijo nada. Incluso si hubiera podido reunir sus pensamientos dispersos para componer las palabras, no quería decirle que se detuviera. Estaba cansada de decirle que no a Jace, de nunca dejarse sentir lo que su cuerpo quería que sintiera.

Cualquiera que fuera el precio...

Ella lo sintió sonreír, sus labios contra su oreja. "Si quieres que pare, dime ahora", susurró. Cuando ella todavía no dijo nada, él rozó su boca contra el hueco de su sien, haciéndola temblar. "O ahora." Sus labios trazaron sus pómulos en el más leve de los besos, un beso de mariposa. "O ahora." Su boca trazó la línea de su mandíbula. "O ahora." Sus labios estaban contra los de ella, sus palabras fueron pronunciadas en su boca. "Ahora", susurró, y la besó.

Al principio la presión de sus labios fue suave, buscando; pero cuando ella respondió instantáneamente, deslizando sus brazos alrededor de él, enredándose con sus manos en su cabello, sintió que la cautelosa tensión en su cuerpo cambiaba a otra cosa. De repente, la estaba besando con una presión hematoma, sus labios aplastando los de ella. Ella probó la sangre en su boca, pero no le importó. Había rocas clavandose en su espalda, y le dolía el hombro donde se había caído por la ventana, pero tampoco le importaba eso. Todo lo que existía era Jace; todo lo que ella sentía, esperaba, respiraba, quería y veía era Jace. Nada más importaba.

Él interrumpió el beso, retrocediendo, y ella lo soltó con un suave ruido de protesta reacia. Su boca estaba hinchada, sus ojos enormes y oscuros, casi negros de deseo. Buscó los botones de su abrigo e intentó soltar el primero, pero le temblaban las manos tanto que no pudo controlarlo. Clary puso su mano sobre la de él, maravillada por su propia calma. ¿Seguramente temblaría tanto como él?

"Déjame", dijo ella.

Él se quedó quieto. Él la miró mientras desabrochaba los botones, sus dedos trabajaban tan rápido como podían. El abrigo se abrió. Debajo de él llevaba solo una delgada blusa de Amatis y el aire frío de la noche golpeó el material, haciéndola jadear. Ella levantó los brazos. "Vuelve", susurró. "Bésame otra vez."

Él hizo un sonido ahogado y cayó en sus brazos como alguien que sube por aire después de casi ahogarse. Él besó sus párpados, sus mejillas, su garganta, antes de regresar a sus labios: sus besos eran frenéticos ahora, casi torpes en su fiebre - tan diferente de Jace, que nunca parecía apresurarse, o apresurar cualquier cosa... Sin el abrigo entre ellos, podía sentir el calor de él, quemando su camisa y la de ella; sus manos se deslizaron alrededor de ella, debajo de la correa de su sujetador, trazando su espina dorsal, su toque quemando su piel desnuda. Quería más de su toque, sus manos sobre ella, su piel sobre su piel, quería tocarlo por todas partes, abrazarlo mientras temblaba como ahora temblaba, y que no hubiera más espacio entre ellos.

Ella se quitó la chaqueta y luego, de alguna manera, también se quitó la camisa. Sus manos exploraron los cuerpos del otro: ella recorrió con sus dedos su espalda y sintió una suave piel sobre los músculos delgados, y algo que ella no había esperado, aunque debería haberlo hecho, cicatrices, como finos hilos sobre su piel. Suponía que eran imperfecciones, estas cicatrices, pero no se sentían así; Eran las marcas de la historia de Jace, cortadas en su piel: el mapa elevado y topográfico de una vida de matar y luchar.

Ella acarició la cicatriz en forma de estrella en su hombro y se levantó para pasarle la boca por encima. Algo golpeó contra su clavícula con una fuerte descarga de frío. Ella retrocedió con una exclamación de sorpresa.

Jace se incorporó sobre los codos para mirarla. "¿Qué pasa?" Su voz era lenta, casi drogada. "¿Te lastimé?"

"Realmente no. Fue esto." Ella se acercó y tocó la cadena de plata alrededor de su cuello. En su extremo colgaba un pequeño círculo plateado de metal. Estaba helado al tacto.

Ese anillo, el metal curtido por el clima con su patrón de estrellas, conocía ese anillo.

El anillo Morgenstern. Había sido de Valentine, y Valentine se lo había pasado a Jace, como siempre se había transmitido: padre a hijo.

"Lo siento", dijo Jace. Él estaba trazando la línea de su mejilla con la yema del dedo, una intensidad de ensueño en su mirada. "Olvidé que estaba usando esa maldita cosa".

Un repentino frío inundó las venas de Clary. "Jace", dijo en voz baja. "Jace, no".

Punto de vista de Jace en la escena de la mansión

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
Nota de Cassandra Clare: A través de los años, mucha gente me ha pedido esto – el punto de vista de Jace sobre la escena “intima” en ESTA SANGRE CULPABLE, capítulo nueve de Ciudad de Cristal (páginas 206 -211 en el libro de portada dura de CdC). Me he tomado algunas libertades aquí, la escena sucede unos momentos después de lo que pasa en la versión impresa de CdC – pero así era el borrador original!

Las partes en cursiva son partes del libro original, para ayudaros a ubicarse mentalmente en la escena.

Clary escuchó un agudo golpeteo por todas partes alrededor de ella. Por un sorpresivo momento pensó que había comenzado a llover –entonces se dio cuenta de que eran escombros y suciedad y vidrios rotos: los restos de la mansión destrozada siendo esparcidos alrededor de ellos como granizo mortal

Jace la aplastó más duro contra el suelo, su cuerpo plano contra el de ella, su corazón casi tan audible en sus oídos como el sonido de la mansión remitiéndose en ruinas.

* * *

Más tarde, Jace recordaría poco sobre la destrucción de la mansión, la explosión de la única casa que él había conocido hasta que tuvo diez años. Él recordaría únicamente la caída desde la ventana de la biblioteca, retorciéndose y rodando hacia abajo sobre la hierba, y cogiendo a Clary, girándola boca abajo y debajo de él, cubriéndola con su cuerpo mientas las piezas de la mansión caían alrededor de ellos como granizo.

Podía sentirla respirando, sentir su corazón acelerado. La rapidez de su corazón, le recordó a su halcón, la manera en que se acurrucaba ciego y confiado en su mano. Clary estaba sosteniéndole por el frente de su camiseta, aunque él dudaba que ella se diese cuenta de eso, su cara contra su hombro; él estaba desesperadamente temeroso de que no hubiera suficiente de él para cubrirla totalmente, para protegerla por completo. Él imaginó rocas tan grandes como elefantes, rodando a través del suelo pedregoso, listas para aplastarlos a ambos, para aplastarla a ella. El suelo temblaba debajo de ellos y él se aplastó más fuerte contra ella, como si eso fuera a ayudar de algún modo. Era un pensamiento mágico, él sabía, como cerrar los ojos para no ver el cuchillo que venía hacia ti.

El rugido se había desvanecido. Él se dio cuenta para su sorpresa de que él podía escuchar de nuevo: solo pequeñas cosas, como el sonido de los pájaros, el aire contra los árboles. La voz de Clary, sin aliento. –Jace, creo que se te cayó tu estela en algún lado.-

Él se hizo hacia atrás y la miró fijamente. Ella se encontró con su mirada, quieta. En la luz de la luna sus ojos verdes podrían haber sido negros. Su cabello rojo estaba lleno de polvo, su cara manchada con hollín. El podía ver el pulso en su garganta. Dijo la primera cosa en la que pudo pensar, deslumbrado, -No me importa. Mientras no estés herida.-

-Estoy bien.- ella extendió su mano, los dedos acariciando ligeramente a través de su cabello; su cuerpo, súper sensible por la adrenalina, lo sintió como chipas contra su piel. –Hay hierba en tu cabello,- dijo ella.

Había preocupación en sus ojos. Preocupación por él. Recordó la primera vez que la besó, en el invernadero, como él finalmente lo había captado, como finalmente había entendido la forma en que la boca de alguien contra la tuya podía deshacerte, dejarte dando vueltas y sin aliento. Que cualquier experiencia que tuvieras en todo el mundo, cualquier técnica que conocieras o hubieras aprendido, se iban por la ventana cuando era la persona correcta a quien estabas besando.

O la incorrecta.

-No deberías tocarme,- dijo él.

Su mano se congeló donde estaba, la palma contra su mejilla. – ¿Por qué no?-

-Tú sabes por qué. Tu viste lo que yo vi, no es así? El pasado, el ángel. Nuestros padres.-

Sus ojos se oscurecieron. –Lo vi.-

-Tú sabes lo que pasó.-

-Un montón de cosas pasaron, Jace-

-No para mi.- Las palabras salieron en un angustiado suspiro. –Tengo sangre de demonio, Clary. Sangre de demonio. Entiendes eso, no es así?-

Ella levantó la barbilla. El sabía cómo le disgustaba que sugiriera que no entendía algo, o que no lo sabía, o que no necesitaba saberlo. El amaba eso de ella y lo volvía loco. –No significa nada. Valentine estaba enfermo. El solo estaba despotricando-

-¿Y Jocelyn? ¿Estaba loca? Sé lo que Valentine estaba intentando hacer. Estaba intentando crear híbridos; ángel/humano, y demonio/humano. Tú eres el primero Clary, y yo el último. Soy en parte monstruo. Parte de todo lo que he intentado tan duramente quemar para destruir.-

-No es verdad. No puede serlo. No tiene sentido.-

-Pero lo tiene.- ¿Cómo ella no podía entenderlo? Parecía tan obvio para él, tan básico. –Lo explica todo.-

-¿Quieres decir que explica por qué eres un cazador de sombras tan increíble? ¿Por qué eres tan leal y atrevido y honesto y todo lo que los demonios no son?-

-Explica,- dijo él sin inflexiones,- por qué me siento de este modo sobre ti.- El aliento siseó entre sus dientes. – ¿Qué quieres decir?-

-Eres mi hermana,- dijo, -mi hermana, mi sangre, mi familia. Debería querer protegerte,- el se atragantó con las palabras, - protegerte del tipo de chicos que quisieran hacerte exactamente lo que yo quiero hacerte.-

Él la escuchó contener su aliento. Ella estaba mirándolo fijamente, y aunque el había esperado ver horror en sus ojos, alguna clase de repulsión – por lo que él no había pensado nunca decir tan claramente ni con tan poco tacto, la forma exacta como se sentía – el no vió nada de eso. El vió únicamente curiosidad, como si ella estuviera examinando el mapa de algún país desconocido.

Casi ausentemente, ella dejó sus dedos recorrer por su mejilla hacia abajo a sus labios, delineando la forma de su boca con la punta de su dedo índice, como si ella estuviera trazando una maldición. Había asombro en sus ojos. El sintió que su corazón se volteó y su cuerpo, siempre traidor, respondía a su toque.

-¿Qué es, exactamente, lo que quieres hacerme?.- ella susurró.

No pudo detenerse. Se inclinó, los labios raspando su oído: -Puedo mostrártelo.-

Él la sintió estremecerse, pero a pesar del temblor en su cuerpo, sus ojos lo retaron. La adrenalina en su sangre, mezclada con deseo y la imprudencia de su desesperación, hizo que su sangre cantara. Le mostraré, pensó. Parte de él estaba convencido de que ella lo alejaría. La otra mitad estaba demasiado lleno de Clary: de su cercanía, la sensación de ella contra él – como para pensar claramente. –Si quieres que me detenga, dímelo ahora,- él susurró, y cuando ella no dijo nada, el frotó sus labios contra el hueco de su sien. –O ahora.- Su boca encontró su mejilla, la línea de su mandíbula: probó su piel, dulce y salda, polvo y deseo. –O ahora.- Su boca trazó la línea de su mandíbula y ella se arqueó contra él, haciendo que enterrara los dedos en el suelo. Sus pequeños jadeos estaban volviéndolo loco, y el puso su boca contra de ella, para silenciarla, susurrando, diciéndole, no preguntándole: -Ahora.-

Y él la besó. Suavemente al principio, probando, pero de pronto sus manos estaban apuñando la parte de atrás de su camiseta, y su suavidad estaba presionada contra su pecho y él sintió la tierra sólida deshacerse debajo de él mientras caía. El estaba besándola del modo en que siempre quiso, con un salvaje y total abandono, su lengua lamiendo dentro de su boca en un duelo con la de ella, y ella era tan atrevida como lo era él, probándolo, explorando su boca. El alcanzó los botones de su abrigo justo cuando ella ligeramente mordió su labio inferior y todo su cuerpo se sacudió.

Ella puso sus manos sobre las de él, y por un momento el tuvo miedo de que ella fuera a decirle que se detuviera, que esto era enfermo, que ellos se odiarían a sí mismos mañana. Pero: -Permíteme,- dijo ella, y él se quedó quieto mientras ella tranquilamente desabrochó los botones y el abrigó cayó abierto. La camiseta que estaba usando debajo era casi transparente, y él podía ver la forma de su cuerpo debajo: las curvas de sus pechos el hueco de su cintura y la curva de sus caderas. Se sintió mareado. Él había visto esto mismo en otras chicas antes, por supuesto que sí, pero nunca había importado.

Y ahora nada más importaba.

Ella levantó sus brazos, su cabeza echada hacia atrás, suplicando con sus ojos. – Vuelve aquí,- susurró. –Bésame otra vez.-

Él hizo un ruido que nunca pensó haber hecho antes y cayó de vuelta contra ella, sobre ella, besando sus parpados y labios, garganta, su pulso ahí – sus manos se deslizaron debajo de la camiseta translucida y sobre el calor de su piel. Estaba bastante seguro de que toda la sangre había abandonado su cerebro mientras luchaba contra el cierre de su sujetador –lo que era ridículo, ¿cuál era el punto de ser cazador de sombras y experto en todo, si no podías arreglártelas para abrir un sujetador?- y escuchó su propia suave exhalación cuando este se liberó y sus manos estuvieron en su espalda, la frágil figura de sus omóplatos bajo sus palmas. De algún modo, el pequeño ruido que ella hizo fue más erótico que lo que pudo haber sido ver a cualquiera otra desnuda.

Sus manos, pequeñas y determinadas, estaban en el borde de su camisa, tirando de ella. Él la cogió hacia arriba por las costillas, queriendo más de sus pieles tocándose. Así que esta era la diferencia, pensó. Esto era lo que significaba estar enamorado. Él siempre se había enorgullecido de su técnica, en tener control, en la respuesta que podía provocar. Pero eso requería evaluación y la evaluación requería distancia, y no había distancia ahora. Él no quería nada entre él y Clary.

Sus manos encontraron la cinturilla de sus jeans, la forma de los huesos de su cadera. Él sintió los dedos de ella en su espalda desnuda, las puntas encontrando sus cicatrices y trazándolas luego ligeramente. No estaba seguro de que ella supiera que estaba haciéndolo, pero ella estaba retorciendo sus caderas contra las de él, poniéndolo tembloroso, haciéndole querer ir demasiado deprisa. Él se estiró hacia abajo y la encajó más firmemente contra él, alineando sus caderas con las suyas, y sintió su jadeo en la boca. Pensó que ella podría alejarse, pero en cambio ella pasó su pierna sobre su cadera, acercándolo aún más. Por un segundo creyó que iba a desmayarse.

-Jace,- ella susurró. Ella besó su cuello, sus clavículas. Sus manos estaban en la cintura de ella, moviéndose hacia arriba sobre sus costillas. Su piel era sorprendentemente suave. Ella se alzó cuando él deslizó sus manos bajo su sujetador, y besó la marca con forma de estrella en su hombro. Él estaba a punto de preguntarle si lo que estaba haciendo estaba bien, cuando ella se alejó de él abruptamente con una exhalación de sorpresa... * * *

-¿Qué pasa?- Jace se congeló. –¿Te he hecho daño?-

-No. Fue esto.- Ella tocó la cadena plateada alrededor de su cuello. En un extremo colgaba un pequeño círculo de metal plateado. Había golpeado contra ella cuando se había alzado. Ella lo miraba ahora.

Ese anillo – el metal curtido con su patrón de estrellas- ella conocía ese anillo.

El anillo Morgenstern. Era el mismo anillo que había brillado en la mano de Valentine en el sueño que el ángel les había mostrado. Había sido suyo y él se lo había dado a Jace, como siempre había sido traspasado de padre a hijo.

-Lo siento,- dijo Jace. El trazó la línea de su mejilla con la punta de su dedo, su mirada con una intensidad de ensueño. –Olvidé que estaba usando la maldita cosa.-

Un frío repentino inundó las venas de Clary. –Jace.- dijo en voz baja. –Jace, no lo hagas.-

-¿No hacer el qué? ¿No usar el anillo?.-

-No, no me toques. Detente por un segundo.-


La historia de Jocelyn

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
Nota de CC: Esta es la historia de la vida temprana de Jocelyn, contada para Clary, así que recordad - "tú" en esta historia se refiere a Clary, que escucha. Aunque esto fue originalmente escrito como parte de Ciudad de Cristal, era muy largo, explicaba demasiado, y tuvo que ser acortado y modificado. Aunque sea divertido pensar que es así como fueron las cosas para Jocelyn, este fragmento debe ser considerado no-oficial o perteneciente a un universo alternativo, así que no les sorprenda si algunas cosas en libros futuros de Cazadores de Sombras contradicen esta versión de los acontecimientos, o si contradice algunas cosas ocurridas en Ciudad de Cristal.

"Conocí a tu padre en la escuela, casi al mismo tiempo que tu encontraste a Simon. Todo el mundo debería tener un amigo así en sus vidas. Pero él no era ese amigo para mí, Luke lo fue. Siempre estábamos juntos. De hecho, al principio, odiaba a Valentine, porque alejó a Luke de mí.

Valentine era el estudiante más popular en la escuela. Era todo lo que esperas de un líder natural - hermoso, brillante, con el tipo de carisma que llevó a los estudiantes más jóvenes a adorarlo. Él era amable, pero había algo en él que ya entonces me pareció aterrador - él brillaba, pero con una especie de brillo frío, como un diamante. Y como un diamante, él tenía un borde afilado y cortante.

Cuando tenía diecisiete años, su padre fue asesinado en un ataque a una manada de licántropos. No fue un ataque corriente - la manada no había hecho nada para romper la Ley, pero no consideré eso hasta años más tarde. Nadie de nosotros, de hecho. Lo que sabía era que Valentine regresó a la escuela totalmente cambiado. Se podían ver sus bordes afilados todo el tiempo, el peligro en él. Y comenzó a reclutar.

Atrajo a otros estudiantes hacia él, como polillas a la luz - y al igual que las polillas, su anhelo por él resultaría la ruina de muchos de ellos al final. Atrajo a Hodge, y Maryse y Robert Lightwood, a los Penhallow y los Wayland. Fueron, pues, agrupándose en torno a él e hizo su oferta. Se acercó a mí muchas veces, pero yo estaba al margen de todo, observando, suspicaz. Y entonces él vino a por Luke. . .

Sé que a menudo Luke se preguntó por qué Valentine lo quería en el Círculo. Él no tenia mucho de guerrero en ese momento, no era un luchador nato. Yo nunca le dije esto, pero a veces pienso que Valentine lo vio como un medio para un fin. Un medio para llegar a mí. . .

Valentine era alguien que siempre supo lo que quería. Y él me quería a mí. Nunca supe por qué. La primera vez que me fijé en él, me miraba a través del campo de prácticas, lo sabía. La expresión de su rostro - no era melancólico, o de anhelo, era de cálculo y seguridad. La mirada de alguien que posa sus ojos sobre un menú y sabe exactamente lo que quiere pedir. Su frío deseo me daba miedo. Pero cuando Luke se fijó en él, y luego habló tan entusiasmado de su brillantez y su bondad, supe que ya no podía mantenerme al margen. Tuve que unirme al Círculo, para ver qué era lo que había visto mi amigo en él. 

De alguna manera, Valentine - tu padre - era exactamente como Luke lo había descrito. El Círculo se reunía cada noche, a menudo en el campo de prácticas abandonado o en el bosque, bajo los árboles, y Valentine se podía a disertar sobre sus temas habituales: los demonios, submundos, y lo que él llamó la perversión de las leyes de la Clave. En lo que a él concernía, el Ángel nunca había querido que viviéramos en paz con los submundos, sino que los hiciéramos desaparecer de la faz de la tierra junto con los demonios. Los Acuerdos fueron una farsa, nunca habíamos sido destinados a vivir en armonía con "hombres a medias".

Sus palabras fueron de fuego, pero fue su tipo de actitud. Tenía una manera de hacerte sentir como si fueras la única persona en la tierra que le importaba, el único cuya opinión realmente respetaba. Sus creencias eran absolutas y también su dedicación al Círculo. Llegué a ver su fanatismo malévolo, pero a la vez su convicción me fascinaba. Él parecía estar lleno de pasión. Pude ver lo que Luke vio en él. Muy pronto, yo estaba medio enamorada de él.

Pero también lo estaban todas las chicas en el Círculo y probablemente algunos de los chicos, también. Tú no perteneces a algo como eso - un culto a la personalidad - sin estar un poco enamorado de su líder. Valentine comenzó a hacer que me quedara después de las reuniones, sólo para hablar con él. Él dijo que valoraba mi mente y la inteligencia práctica desapasionada. Me di cuenta de que las otras chicas estaban celosas. Estoy segura de sus pensamientos - bien, tú puedes imaginar lo que pensaban. Pero no pasaba nada entre nosotros. Con Valentine realmente se trataba sólo de hablar - sobre el futuro, acerca de la Ley, sobre el Círculo y hacia dónde se dirigía. Al final, yo fui quien se dio por vencida y le di un beso primero.

"Yo lo sabía," fue lo primero que dijo, y luego dijo: "Siempre te he amado, Jocelyn". Y ya sabes, lo decía en serio. Nos quedamos toda la noche en el bosque, hablando. Él me contó que ambicionaba que lleváramos el Círculo juntos, para siempre. Me dijo que no podía hacerlo sin mí. Él dijo: "Siempre supe que habías venido a amarme así, yo no tenía ninguna duda."

"No tenía ni idea de por qué era yo que la elegida. Me pareció que no había nada especial en mí. Pero Valentine hizo clara su elección: a partir de ese momento, estábamos juntos, y nunca miró a otra mujer, no de esa manera, ni entonces ni en todos los años que estuvimos casados. Las otras chicas me dejaron de hablar, pero parecía un pequeño precio a pagar. Luke - Luke estaba feliz por mí. Yo estaba un poco sorprendida por eso, de hecho, tenía dudas y estaba extrañada -, pero él estaba feliz. Me di cuenta.

Se dedicó de manera que me llevó mucho tiempo darme cuenta de los cambios en él. Era como si la muerte de su padre hubiera raspado algunas capas de su humanidad, y ahora estaba extrañamente, particularmente cruel - pero sólo a ráfagas, tan breve que cuando las notaba podía decirme a mí misma que nunca habían sucedido.

Había una chica de la clase que querían unirse al Círculo. Su hermano mayor había sido mordido por un vampiro, y ahora era uno de ellos; él debería haberse suicidado, o dejar que su familia lo matara, pero no  lo había hecho y se rumoreaba que aún se asociaba con él. Valentine le dio una estaca de metal afilada y le dijo que saliera, estacara a su hermano llevándolo a la muerte y trajera sus cenizas, y sólo entonces podría permitirse entrar en el Círculo. La chica echó a correr llorando. Me enfrenté a él más tarde, le dije que no podía ser tan cruel o él no sería mejor que los mismos Submundos. "Pero es un monstruo," dijo. Le dije que su hermano podría muy bien ser un monstruo, pero ella no. Ella era Nefilim, y no había ninguna excusa para torturarla. Acabé por estar tan de mente abierta y tolerante - que me enferma pensar en eso ahora.

"Pensé que estaría enojado por haber sido reprendido, pero no lo estaba. Él se calmó. "Tengo miedo de perderme en todo esto a veces, Jocelyn-dijo-. "Es por eso que te necesito. Tú me mantienes humano.” Era la verdad. Siempre podía alejarlo de los planes más extremos, desviar su rabia, calmarlo. Nadie más podía hacer eso. Yo sabía que tenía este poder sobre él y me hacía sentir importante, indispensable.

Creo que confundí ese sentimiento con amor. . . 

Después salimos de la escuela, nos casamos en el Salón de los Acuerdos, con todos nuestros amigos allí. Aun así, tuve dudas. Miré hacia arriba durante la ceremonia y vi a través del techo de cristal, una bandada de pájaros volando. Sentí un pánico repentino, tan fuerte que mi corazón revoloteaba en mi pecho como las alas de una de esas aves. Yo sabía que mi vida nunca sería la misma. Traté de llamar la atención de Luke - se quedó con su hermana, en la primera fila de invitados, y aunque Amatis sonrió en mi dirección, Luke no me miraba. . .

Nos fuimos a vivir en una casa en el campo, fuera de Alacante de la que mis padres eran propietarios, aunque desde que se habían hecho más viejos se había mudado a una casa junto al canal dentro de la ciudad. Valentine se había criado en una casa justo en las fronteras del bosque Brocelind, pero afirmó que había caído en mal estado desde la muerte de sus padres, y yo estaba feliz de vivir en la casa solariega. No estábamos más que a un cuarto de milla de la casa de nuestros amigos los Wayland - conveniente para Valentine, ya que Michael Wayland fue uno de los más entusiastas miembros del Círculo, y visitar a los Wayland nos impedía estar demasiado recluidos en nosotros todo el tiempo.

Dicen que los hombres cambian después del matrimonio. Si Valentine cambió o si simplemente empecé a ver más claramente su verdadera naturaleza, no estoy segura. Llegó a estar cada vez más obsesionado con su causa y más y más perverso en su ejecución. Mantuvo la mentira acerca de nunca haber matado a un Submundo que no hubiera roto los Acuerdos, pero yo sabía que no era cierto. Una noche llevaron la masacre del Círculo a una familia de hombres lobo en su casa, alegando que habían estado asesinando a los niños humanos y quemando sus cuerpos, y de hecho en la chimenea encontramos muchos huesos carbonizados.

Más tarde oí riendo a Valentine con Hodge sobre que era bastante fácil obtener huesos humanos en la Ciudad de hueso, si se atrevían a buscarlos.

Él comenzó a desaparecer de nuestra cama a altas horas de la noche, tratando de no despertarme, luego volvía al amanecer, apestando a sangre y cosas peores. Yo encontraba ropa ensangrentada en la lavandería, extrañas heridas y rasguños en las manos y los brazos. Era despertada por la noche con gritos y chillidos que parecían venir desde el interior de las paredes de la casa.

Me enfrenté a él con estas cosas en mente, exigí que me dijera lo que estaba haciendo todas las noches. Pero él solo sonrió. "Te estás imaginando cosas, Jocelyn -dijo-. "Es probablemente debido al bebé." Me quedé mirándolo. "¿Debido al bebé? ' ¿Qué bebé? '

Tenía razón, por supuesto. Yo estaba embarazada. Lo había sabido antes que yo.

Yo intentaba sofocar mis temores, me dije que sólo estaba tratando de protegerme.

En las reuniones del Círculo no había lugar para una mujer embarazada, él lo dijo, así que me quedé en casa. Estaba tan sola - Le rogué Luke que fuera a visitarme, pero rara vez tuvo tiempo. El Círculo y sus relaciones lo mantenían ocupado. Pero ¿cómo iba a quejarme? Valentine era un marido extraordinariamente atento, nunca me dejaba levantar una mano, trataba de fortalecerme con las bebidas que él mismo había mezclado, té dulce cada noche que me hacia a dormir. Y si a veces me despertaba con lesiones extrañas o magulladuras, bien, Valentine me decía era porque yo había estado sonámbula - una dolencia común entre las mujeres embarazadas, me aseguró.

Y entonces, una noche me despertó un terrible golpe en la puerta… Corrí escaleras abajo y me encontré a Valentine de pie en los escalones, sosteniendo a Luke, lo llevaba como un niño, y la sangre los cubría. Valentine se balanceaba sobre sus pies por el cansancio. «Ataque  de hombre lobo -dijo-. "Puede que sea demasiado tarde'

"Pero yo no quería oír hablar de que ya era demasiado tarde. Le ayudé a arrastrar arriba a Luke a un cuarto de repuesto, y envié un mensaje a Ragnor Fell, el brujo que mis padres a menudo empleaban en caso de enfermedad. Las mordeduras de Licántropo no responden a las runas de curación - hay demasiada energía demoníaca en ellas. Luke estaba gritando y moviéndose; yo trataba de remover la sangre con una esponja, limpiaba la sangre de su hombro, pero aparecía más, mucha más. Valentine estaba a su lado, mirando hacia abajo. "Tal vez debería haberle dejado morir-dijo-, con los ojos negros en llamas," tal vez sería más clemente que haberlo traído.

"'No digas eso-le dije-. "No vuelvas a decir eso. No todas las mordeduras dan lugar a la licantropía. '"Y entonces se calló y Valentine dejó de lado su discurso de abandonar a Luke y se quedó a un lado mientras lo trataban. Dormí en la habitación de Luke esa noche, y por la mañana estaba despierto, sano y capaz de sonreír.

"No es que ninguno de nosotros estuviera muy sonriente en las próximas tres semanas. Te dirán que hay una posibilidad de cada dos que una mordedura de hombre lobo dé paso a la licantropía. Creo que es más bien tres de cada cuatro.

Pocas veces he visto a nadie escapar de la enfermedad, y por mucho que oré en silencio durante esas terribles semanas, Luke no fue una excepción. En la próxima luna llena, él cambió.

Él estaba allí, delante de nuestra puerta en el mañana, cubierto de sangre, su ropa rota a jirones. Puse mis brazos hacia fuera para él, pero Valentine hizo mis hombros a un lado. "Jocelyn", dijo, "el bebé". Como si Luke estuviera a punto de correr y desgarrar al bebé de mi vientre, como si él me significara ningún daño en absoluto. Fui hacia Luke, pero Valentine me empujó y arrastró Luke por las escaleras y luego al bosque.

Cuando volvió mucho más tarde, estaba solo. Corrí hacia él. "¿Dónde está Lucian?, ¿dónde está? 'Pregunté.

"Le di un cuchillo y le dije que hiciera lo que debe. Si él tiene honor, hará como he dicho. Yo sabía lo que quería decir. Le había dicho a Luke que se matara, y Luke, casi con toda seguridad lo haría.

Creo que debo haberme desmayado. Recuerdo una terrible y helada oscuridad, y luego despertar en mi propia cama, con Valentine a mi lado. Él me acariciaba el pelo. "No llores por él ahora," dijo, "debimos tener el llanto hace unas semanas, cuando él realmente murió. Lo que estaba en la puerta esta mañana, no era Lucian".

Pero yo no le creí. Yo había visto los ojos de Luke, como él me miró por la mañana, incluso fuera de esa máscara de sangre. Yo hubiera conocido esos ojos en cualquier lugar, y no pertenecían a un monstruo. Supe entonces, con una certeza terrible, que al perder a Luke había perdido lo más importante en mi vida.

Una terrible miseria descendió sobre mí. Si no hubiera sido por el bien del bebé, no creo que hubiera comido ni dormido de nuevo en los próximos terribles meses. Mi única esperanza era la posibilidad de que Luke no se hubiera quitado la vida, que simplemente hubiera huido. Fui a Amatis con la esperanza de que ella me ayudara a buscarlo, pero tenía su propio tormento que lidiar. Valentine había tomado a Stephen como su lugarteniente en el lugar de Luke, pero no podía tolerar el matrimonio de Stephen con Amatis. Según decía, era porque se había opuesto al tratamiento de su hermano, pero sentí que era porque Amatis había despertado su sentimiento de culpa por Luke. En cualquier caso, convenció a Stephen a divorciarse de ella y casarse de nuevo una hermosa joven llamada Céline. Amatis estaba devastada, tanto es así que se negó a verme, culpándome a mí, junto con Valentine por su infelicidad. Y así perdí otro amigo.

En medio de la desesperación, fui a Ragnor Fell y le rogué que mirara hacia fuera por noticias de Luke entre los Submundos. Se quedó en silencio mucho tiempo después de que le pregunté. Finalmente dijo: "Hay quienes me verían muy mal por ayudarte,"

“¡Pero has conocido a mi familia por años! "Protesté. '"Me has conocido desde que era una niña."

"Eso fue cuando eras Jocelyn Fairchild. Ahora ya eres Jocelyn Morgenstern, la esposa de Valentine." Él dijo el nombre de Valentine como si se tratara de veneno. “Valentine sólo mata a los que incumplen los acuerdos, "dije débilmente, pensando en la familia de licántropos y los huesos que había plantado en su chimenea. Pero sin duda ¿podría haber sido la única vez?

"Eso no es cierto", dijo Fell, Él hace cosas peores que matar. Si hago esto por ti, si busco a Lucian Graymark, debes hacer algo por mí. Una noche, debes seguir a tu marido y ver a dónde va. "

"Y así lo hice. Una noche, yo sólo fingí tomar el té que me trajo y dormirme a su lado. Cuando se levantó y abandonó la habitación, yo lo seguí. Lo vi entrar a la biblioteca y tomar un libro de la pared, y cuando lo quitó la pared se apartó y dejó un agujero oscuro detrás. . .

Nunca te he contado la historia de la esposa de Barba Azul, ¿lo hice, cuando eras una niña? Dudo que lo hiciera, la historia todavía me da miedo. El marido que le dijo a su esposa que no mirara en la habitación cerrada con llave, pero ella miró allí, y encontró los restos de todas las esposas que había asesinado antes que ella, guardadas como mariposas en una urna de cristal. Tenía miedo - pero se lo había prometido a Fell. Tuve que averiguar lo que estaba haciendo Valentine. Una noche esperé que saliera de la casa, y me fui a la biblioteca y retire el libro de su lugar.

Utilizado mi estela me guíe hacia la oscuridad. El olor - ¡oh, el olor ahí abajo!, como la sangre, la muerte y podredumbre. Se había excavado un lugar bajo tierra, en lo que habían sido las bodegas. Había celdas allí abajo, con cosas presas en ellas. Criaturas demoníacas, atadas con cadenas eléctricas, se retorcían y se dejaban caer, gorgoteaban en sus celdas, pero había más, mucho más - los cuerpos de Submundos, en diferentes etapas de su muerte y diferentes formas de morir. Había hombres lobo, sus cuerpos disueltos por medio de polvo de plata. Vampiros colgando con la cabeza hacia abajo en agua bendita hasta que solo quedaba piel en los huesos. Hadas cuya piel había sido perforada con hierro frío.

Incluso ahora, no pienso en él como un torturador. En realidad no. No era que le gustara su dolor. Parecía estar dando fin a experimentos científicos. Había libros de notas en cada puerta de las celdas, grabaciones meticulosas de sus experimentos, el tiempo que había tomado a cada criatura morir. Desde sus notas, parecía casi como si se inyectara la sangre de los demonios a estas criaturas – pero no podía estar haciendo eso. ¿Qué persona sensata haría eso?

Hubo un vampiro cuya piel se había quemado una y otra vez para ver si había un punto más allá del cual la pobre criatura no podía regenerarse. A través de la grabación de una página de experimentos en particular en la que había escrito una serie de notas reconocí la partida. Era mi nombre. Jocelyn.

Mi corazón empezó a latir dentro de mi pecho. Con dedos temblorosos, pasaba las páginas, las palabras se quema en mi cerebro.  

Jocelyn bebió la mezcla de nuevo esta noche. No hay cambios visibles en ella, pero de nuevo es el niño el que me preocupa. . . 

Con infusiones regulares de icor demoníaco como la que he estado dando a ella, el niño puede ser capaz de cualquier hazaña. . . Anoche escuché que el corazón del niño latía, con más fuerza que cualquier corazón humano, el sonido de una campana poderosa, de peaje del comienzo de una nueva generación de Cazadores de Sombras, la sangre de los ángeles y los demonios mezclada para obtener poderes más allá de cualquier posibilidad imaginada. . . ya no será el poder de los Submundos el más grande en esta tierra...

Hubo más, mucho más. Arañé las páginas, mis dedos temblorosos, mi mente girando rápido, las mezclas que Valentine me había dado a beber todas las noches, los moretones en mi cuerpo por la mañana, las heridas de la punción. Negué todo, tanto que el libro cayó de mis manos y golpeó el suelo.

El sonido me despertó de mi aturdimiento. Corrí por las escaleras, a través del hueco en la estantería, y en el dormitorio. En un frenesí, empecé a empacar mis cosas, lanzando sólo lo que era más importante para mí en una bolsa. Tuve algún vago plan de correr a casa de mis padres, ya ves, pidiendo que me dejaran quedarme con ellos. Pero nunca llegué tan lejos. Cerré la bolsa, me volví hacia la puerta - y allí estaba Valentine, que me miraba en silencio.

Mis nervios, ya al límite, se rompieron como cuerdas rotas. Grité y dejé caer la bolsa al suelo, me estaba alejando de mi marido. No se movió, pero vi sus ojos brillar como los de un gato en la luz del amanecer. "¿Cuál es el significado de esto Jocelyn?"

Yo no podía mentir. "Descubrí tu puerta en la estantería", le dije. "Y encontré lo que estaba debajo de ella. Tu teatro carnicero”.

"Esas cosas ahí abajo son monstruos -"

"¿Y qué soy yo? ¿Soy un monstruo?" Yo le gritaba. "¿Qué has hecho conmigo? ¿Qué le has hecho a nuestro bebé?"

"Nada que lo perjudique. Te aseguro que es bastante saludable. "La cara de Valentine era como una máscara blanca todavía. ¿Cómo nunca antes había visto lo monstruoso al mirarlo? Y aún no levanta su voz, la que nunca cambió cuando me habló de sus experimentos, de las formas que él había tratado de enseñarse a sí mismo de manera más efectiva como destruir Submundos, acabar con ellos en masas. Él lo había intentado inyectándoles sangre demoníaca - pero para su sorpresa, no había tenido el efecto deseado. En lugar de probar ser fatal, les había hecho más fuerte, más rápidos y capaz de soportar el daño que trató de hacerles.

"Si tiene ese efecto en semi-hombres", dijo, con el rostro brillante, "piensa lo que podría hacer por Cazadores de Sombras".

"Pero esas criaturas ya son parte demonio - ¡nosotros no! ¿Cómo has podido pensar en experimentar en tu propio hijo?"

Experimenté en mí mismo en primer lugar," dijo con calma, y me dijo cómo había inyectado sangre de demonio en sus propias venas. "Me ha hecho más fuerte, más rápido", anunció, "pero soy un hombre crecido - ¡piensa en lo que va a hacer por un niño! El guerrero que podría desarrollarse a partir de esto”

“Estás loco”-le dije, temblando. "Todo este tiempo yo pensaba que estaba manteniéndote humano, pero tú no eres humano. ¡Eres un monstruo! - peor que cualquiera de esas cosas patéticas en el sótano.”

Él era un monstruo - Yo lo sabía - y, sin embargo, de alguna manera, se las arregló para mostrarse profundamente herido por lo que yo había dicho. Alargó la mano hacia mí. Traté de rodearlo y salir por la puerta, pero él cogió mi brazo. Tropecé y caí, golpeando el suelo duro. Mientras trataba de levantarme, un tirón de dolor agudo me atravesó. Sentí mi ropa pegada a mí, húmeda y pesada, me mire y vi que yo estaba en un círculo de mi propia sangre. Empecé a gritar hasta que la conciencia se me escapó.

Me desperté en mi cama, aturdida, sedienta y desesperada. “Jocelyn,” dijo una voz en mi oído. "Jocelyn, Jocelyn,". Era mi madre. Ella me acarició el pelo de la frente y me dio agua. "Estábamos tan preocupados", dijo. "Valentine nos llamó-"

Miré hacia abajo, y vi mi estómago plano. "Mi bebé", le susurré, lágrimas ardientes como espadas en mis ojos. "¿Él - murió?"

"¡Oh, Jocelyn! ¡No!” "Mi madre se puso en pie y corrió a una esquina. A una cuna - mi cuna, la misma que había permanecido después de que yo naciera. Ella levantó un paquete envuelto en una manta y salió de ella con cuidado por encima de mí, acunando a su carga en sus brazos. -Aquí- dijo, sonriendo. "Ten a tu hijo."

Lo tome de ella en un deslumbramiento. Al principio yo sólo sabía que encajaba perfectamente en mis brazos, que la manta envolviéndole era suave, y que él era tan pequeño y delicado, con sólo un mechón de pelo rubio en la parte superior de su cabeza. Empecé a respirar otra vez - y luego abrió los ojos.

Una ola de terror se vertió sobre mí. Era como estar bañada en ácido - mi piel parecía quemar mis huesos y hacia todo lo que podía por no dejar caer al niño y comenzar a aullar.

Dicen que cada madre conoce a su propio hijo por instinto. Supongo que lo opuesto es cierto. Cada nervio de mi cuerpo estaba gritando que no era mi bebé, que algo horrible y antinatural e inhumano estaba en mis brazos como un parásito. Y sin embargo ella me sonreía como si no pasara nada. "Él es un buen bebé," dijo. "Él nunca llora."

"Su nombre es Jonathan," dijo una voz desde la puerta. Miré hacia arriba y vi a Valentine observar el cuadro frente a él con una expresión casi impasible, aunque la débil sonrisa en su rostro me dijo que sabía que había algo terriblemente mal con este niño.

“Jonathan Christopher.”

El bebé abrió los ojos, como si reconocer el sonido de su propio nombre. Tenía los ojos negros, negros como la noche, insondables como los túneles excavados en el cráneo. Podía mirar derecho en ellos y ver sólo un terrible vacío.

Fue entonces cuando me desmayé.

Cuando me desperté mucho después, mi madre se había ido. Valentine la había enviado a su casa - No tengo ni idea de cómo la hizo ir - y él mismo estaba sentado en el borde de la cama, cargando al bebé y me miró. Los ojos de su padre eran negros, también, y yo siempre los había encontrado fuera de lugar, tan en desacuerdo con el pelo casi blanco, pero ahora sólo me recordó el bebé. Me eché atrás de los dos.

"Nuestro hijo tiene hambre," dijo Valentine. "Tienes que darle de comer, Jocelyn."

“No.” Voltee mi cara. "No puedo tocar eso - esa cosa."

"Es sólo un bebé." la voz de Valentine era suave, persuasiva. "Él necesita a su madre."

"Tu lo alimentas. Eres el único que lo hizo. Ni siquiera es mi hijo. "Mi voz se quebró.

"Él es tu hijo. Tu sangre, tu carne.” Y si no lo alimentas, Jocelyn, morirá. "Él puso al niño en el suelo sobre las mantas junto a mí y salió de la habitación.”

Me quedé mirando la pequeña criatura durante mucho tiempo. Parecía un bebé - los puños pequeños y arrugados, la cara pequeña, incluso la pelusa blanca en el cabeza, todo lucia como un bebe. Sus ojos se cerraron, con la boca abierta en un grito silencioso, y gimió. Traté de imaginar simplemente que lo dejaba allí, dejándolo hasta que muriera de hambre, y mi corazón parecía convertirse en cristal dentro de mi pecho. Yo no podría hacerlo.

Levanté a Jonathan en mis brazos. A pesar de que lo toqué, la misma ola de repugnancia y horror que había sentido antes pasó por mí, pero esta vez luche contra ella. Hice mi camisón a un lado y me prepare para alimentar a mi hijo. Tal vez había algo en este pequeño, una pequeña parte de mí, de lo humano, que de alguna manera se pudo salvar.

En los próximos meses, me ocupé de Jonathan lo mejor que pude. Mi cuerpo parecía rebelarse contra él. Yo no produje leche y había que alimentarlo con biberón. Yo sólo podía mantenerlo durante cortos periodos de tiempo antes de empezar a sentirme débil y enferma, como si estuviera de pie demasiado cerca de algo radiactivo. Mi madre vino y cuidó de él a veces, lo que fue un gran alivio. Ella no parecía darse cuenta de nada malo con el niño, aunque a veces la veía recuperar el mirar de su cuna con una mirada interrogativa, una pregunta sin respuesta en sus ojos. . .

Pero, ¿quién podría pedir respuestas? ¿Quién podría incluso llevar a pensarlo?

Jonathan lucia como un niño normal y corriente, cuando lo lleve a su primera reunión del Círculo, en mis brazos, todo el mundo me dijo lo hermoso que era, con su colorido extraordinario, al igual que su padre. Michael Wayland también estaba allí, con su bebé, justo de la misma edad que el mío. Incluso compartió su nombre: Jonathan. Vi jugar a Michael con su hijo y se sintió mal la envidia y el odio por Valentine. ¿Cómo podía haber hecho lo que había hecho? ¿Qué clase de hombre haría algo así a su propia familia?

"Por el Ángel, lo que va a ser capaz de hacer cuando sea mayor", solía respirar a veces, inclinada sobre Jonathan en su cuna, y el bebé gorgoteaba. Era casi la única vez que Jonathan hacia algún ruido. Era un niño callado, que nunca lloraba o reía, pero él si respondió a algo, a Valentine. Tal vez era el demonio en los dos.

Fue en ese momento que recibí un mensaje en secreto Ragnor Fell. Me pidió que me reuniera con él en su casa de campo. Fui un día en que Valentine fue a la casa de Stephen Herondale, dejando a Jonathan con mi madre. Fell me recibió en la puerta. "Lucian Graymark está vivo", dijo, sin preámbulo, y casi me caí del caballo.

Le rogué que me dijera todo lo que sabía. Él sólo me miró con frialdad. “¿Y qué de lo que sabes, Jocelyn Morgenstern? ¿Hiciste lo que te pedí y seguiste a tu esposo una noche? "

Caminando en su jardín, le dije todo: lo que había encontrado en el sótano de Valentine, sobre el libro, acerca de la sangre de demonio, sobre los experimentos de Valentine, e incluso acerca de Jonathan. Hablaba poco, pero me di cuenta que aún con todo lo que sabía ya sobre Valentine, mis palabras le habían sacudido.

"Y ahora háblame de Lucian," le dije. "¿Está seguro? ¿Está bien? "

"Está vivo", dijo Fell, "y es el líder de una manada de lobos en el borde oriental de Brocelind." Mientras escuchaba con incredulidad, él me contó que Luke había derrotado al viejo lobo que lo había mordido, lo mató en la batalla y se convirtió en el mismísimo líder. "La historia esta en todo el Submundo", dijo. "El jefe de la manada que solía ser un Cazador de Sombras".

Yo sólo tenía un pensamiento. "Tengo que verlo."

Fell sacudió la cabeza. “No. He hecho lo suficiente por ti, Jocelyn. Dices que odias a Valentine, pero aún así no haces nada. Yo te ayudaré - Te traeré a Lucian – pero solamente si estás dispuesta a comprometerte con la causa de la destrucción de Valentine y el Círculo. De lo contrario, te sugiero que tomes tu caballo y vuelvas a casa."

"No podemos derrotar a Valentine. El Círculo es demasiado fuerte”-objeté-.

"La debilidad de Valentine es su arrogancia", dijo Fell. "Y tu eres nuestra mejor arma debido a ello. Tú estás tan cerca de Valentine como ninguna persona podría estarlo. Tú puedes infiltrarte en el Círculo, recoger información, conocer sus puntos suaves y débiles. Conocer sus planes. Tú puedes ser el perfecto espía. "

Y así fue como llegué a ser un espía en mi propia casa. Estuve de acuerdo en todo lo que Fell preguntó - Yo habría aceptado cualquier cosa para poder ver a Luke de nuevo. Al final de nuestra reunión, le di a Fell mi promesa, y me dió un mapa.

Cuando entré en el campamento licántropo de Luke, al principio creí que sin duda iban a matarme. Estaba segura de que me reconocieron como la mujer de Valentine Morgenstern, su mayor enemigo. -Tengo que ver a su líder" dije, mientras rodeaban mi caballo. “Lucian Graymark. Es un viejo amigo mío. "Y entonces Luke salió de una de las tiendas de campaña y corrió hacia mí. Se veía como Luke. Todavía era Luke, pero él había cambiado. Parecía más viejo. No era el gris en su cabello, aunque sólo tenía veintidós. Él me tomó en sus brazos y me abrazó y no había nada extraño en ello, en ser abrazada por un hombre lobo. Era Luke.

Me di cuenta de que estaba llorando. "¿Cómo pudiste?" Exigí. "¿Cómo pudiste dejarme pensar que estabas muerto?"

Admitió que no había sabido cómo de leal era a Valentine, o lo mucho que podía confiar en mí. "Pero sé que puedo confiar en ti ahora", dijo con su vieja sonrisa.

"Has venido hasta aquí a buscarme."

Le dije lo más que pude, de la locura creciente de Valentine y la violencia, de mi desencanto con él. Yo no podía decirle todo, de los horrores en los sótanos, de lo que Valentine me había hecho a mi y a nuestro hijo. Yo sabía que sólo sería una locura, que él sería incapaz de parar de perseguir a Valentine hasta matarlo, y sólo se haría matar en el proceso. Y yo no podía permitir que nadie supiera lo que le había hecho a Jonathan. A pesar de todo, seguía siendo mi hijo.

Luke y yo estuvimos de acuerdo en mantener reuniones e intercambios de información acerca de lo que estaba pasando dentro del Círculo. Le dije de su alianza con los demonios y cuando la Copa Mortal fue robada, y le dije de sus planes para interrumpir los Acuerdos previstos. Esos tiempos con Luke fueron las únicas veces que pude ser yo misma. El resto del tiempo yo estaba actuando - actuaba como la esposa de Valentine, y actuaba con los miembros del Círculo, con nuestros amigos. No dejar a Valentine y lo mucho que eso me enfermó fue la peor parte. Afortunadamente lo vi pocas veces. Cuando la firma de los acuerdos se acercaba el Círculo incrementado sus planes para caer sobre los Submundos desarmados en el Salón del Ángel y hacer una masacre al por mayor. Me senté en silencio en las reuniones, no puede participar en la ansiosa planificación, por mucho que sabía que debía actuar como un miembro dedicado a la causa. Céline Herondale, que ya estaba muy embarazada, a menudo se sentaba conmigo, era con frecuencia nostálgica, confundida por el entusiasmo del Círculo. Aunque ella nunca entendió bien su odio apasionado por los Submundos, adoraba Valentine. “Tu marido es tan bueno", me decía con su voz suave. "Él está tan preocupado por Stephen y por mí. Él me da las pociones y mezclas para la salud del bebé, son maravillosas. "Lo que me dijo me hizo estremecer. Quería decirle que no podía confiar a en Valentine o aceptar cualquier cosa que él le diera, pero no pude. Su marido era el mejor amigo de Valentine y seguramente me habría traicionado a él. 

Mi terror a la exposición diaria creció - Estaba pasando información de contrabando a Luke tan rápido como podía, en constante pánico de que un paso en falso me traicionaría a mi marido. Lo veía siempre que podía. Mantuve con él una maleta con mis pertenencias más preciadas, en caso de que alguna vez necesitáramos huir juntos de Idris - la Joyería que Valentine me había dado, esperaba en las maletas para ser vendida si necesitaba dinero, cartas de mis padres y amigos; un cuadro que mi padre había hecho para mi hijo, con sus iniciales grabadas en el, con un mechón de pelo de Jonathan - suave, blanco y sedoso, del mismo color que el de su padre. Tu nunca sabrías con solo mirarlo que había algo malo con mi hijo...

Sentía más y más miedo de que Valentine descubriera nuestra conspiración secreta y que me infringiera una verdadera tortura - ¿quién estaba en nuestra alianza secreta? ¿Cuándo había traicionado sus planes? Me pregunté cómo iba a soportar la tortura, si yo podría soportar en su contra. Yo tenía mucho miedo de no poder. Decidí finalmente tomar medidas para asegurarme de que esto nunca sucediera.

Fui a Fell con mis miedos y creó una poción para mí que me enviaría inmediatamente en un sueño del que no podría ser despertada, excepto por un antídoto cuya receta figura en el Libro Blanco, uno de los más antiguos libros de hechizos. Me dio un frasco de la poción y otro vial del antídoto y me instruyó para ocultarlos de Valentine, lo que hice. Me preocupaba incluso de que Valentine se encontrara una copia del libro, así que una noche fui a través de los túneles entre nuestra casa y la de los Waylands y lo escondí en su colección.

Después de eso, dormí más fácil, salvo por una cosa. Temía que iba a tomar la poción, caer en el sueño similar a la muerte, y que no habría nadie que me despertara de el, nadie que supiera lo que me había sucedido. Pensé en el final de Romeo y Julieta y me imaginé ser enterrada viva. . . . . ¿pero a quien podía confiar esta información? No podría decírselo a Luke porque él también podría verse comprometido y torturado, y egoístamente, yo temía demasiado por él, por su seguridad. Para decirle a mis padres sería necesario compartir con ellos todo el horror de mi situación, y yo no podía hacer eso. No confiaba en ninguno de mis viejos amigos, no más - Ni en Maryse, ni en cualquiera de ellos. Eran demasiado esclavos de Valentine.

Con el tiempo, me di cuenta de que había sólo una persona. Entonces envié una carta a Madeleine explicándole lo que pensaba hacer y la única manera para reanimarme. Nunca he oído una palabra al respecto de ella, aunque sabía que mi mensaje había sido entregado. Tuve que creer que ella había leído y comprendido.

Era todo lo que tenía para aferrarme.

Fue en ese momento que Stephen Herondale murió en una redada en un nido de vampiros. Valentine y los otros que habían estado en la partida de ataque fueron a la casa de los Herondale para darle la noticia a Céline. Estaba embarazada de ocho meses en el momento. Dijeron que ella recibió la noticia con tranquilidad, y sólo dijo que quería subir a recoger sus cosas antes de ir a ver el cuerpo.

Ella nunca llegó a bajar. Céline - la suave, muy suave Céline, que nunca hizo nada sorprendente o parecía tener una sola chispa de independencia - que se había sentado a mi lado en las reuniones del Círculo y murmuraba con su suave voz acerca de la seguridad de su marido - Céline se cortó las muñecas y murió silenciosa en la cama que había compartido con su marido mientras que sus amigos esperaban en el piso de abajo.

Fue una tragedia que sacudió al Círculo. He oído que los padres de Stephen, después de la muerte de su hijo y el suicidio de su hija por ley, habían perdido sus mentes, el padre de Stephen murió un mes o dos más tarde, presumiblemente de la conmoción. Sentí lástima por Céline, pero de una manera la envidiaba. Había encontrado una manera de salir de su situación, yo no tenía ninguna.

Unas noches más tarde me despertó el sonido del llanto de un bebé. Me senté de golpe y casi me tiró de la cama. Jonathan, ya ves, nunca lloraba - nunca hizo un ruido. Su silencio no natural fue una de las cosas que más me angustiaba. Debo ser la única madre en la historia que esperaba contra toda esperanza que su bebé llorara tras ella, que llorara toda la noche, incluso, pero nunca lo hizo. Y sin embargo, ahora el sonido del llanto de un bebé se hizo eco de las paredes de la mansión.

Corrí por el pasillo hasta la habitación del bebé, llevando mi estela. Se proyectaban sombras extrañas en las paredes cuando me incliné sobre Jonathan. Estaba durmiendo en silencio. Sin embargo, el llanto continuó, delgado y agudo, el sonido de un niño en peligro desgarrando mi corazón. Corrí por las escaleras y en la biblioteca vacía. Todavía podía oír el llanto, venía desde el interior de las paredes.

Cogí el libro en su lugar en el estante. . .

No pasó nada. No se habría paso. La librería ya no se deslizó de su lugar. Y todavía el llanto vino, como si saliera por debajo de la casa, o dentro de los muros, enloquecedor para mí. Pero esta mansión había sido mía mucho antes que lo hubiera sido de Valentine, había pasado todos los veranos aquí cuando era una niña. Si mi marido no pensaba que había explorado el lugar a fondo en esos años, estaba equivocado. Arrastré la alfombra persa que cubría el suelo de la biblioteca.

Debajo había una trampilla que se abría fácilmente. Yo sabía que había sido utilizada recientemente.

Los túneles debajo de las casas de los Cazadores de Sombras no son raros, sino que se utilizan en el caso de ataques de demonios, como una manera de ir de una casa a otra en secreto. Este túnel se había conectado una vez con la casa de campo de los Waylands, pero mi padre había bloqueado el túnel. Se había abierto de nuevo ahora, sin duda por Valentine, y las paredes estrechas y empedradas me llevaron a la oscuridad. Todavía podía oír el sonido del bebé que lloraba en la distancia. . .

Seguí el ruido, descalza sobre la fría piedra, deteniéndome de vez en cuando con un grito de asombro cuando una rata o un ratón aparecían en mi camino.

Finalmente los túneles se abrieron en una sala grande de piedra, lo que había sido probablemente una vez una bodega. Acurrucado en un rincón de la sala había un hombre - pero él no era un hombre, porque vi las blancas como la nieve que se levantaron de regreso en dos arcos de marfil grandes, y su piel brillaba como el metal líquido. Sus ojos eran de oro, y tan triste. . .

Sus tobillos estaban maniatados con cadenas eléctricas, hincadas en el suelo de piedra, lo tenían en el suelo, pero lo que realmente le encarceló fue el círculo de runas que le rodeaba. Me sentí a la deriva hacia él, atraída por una fuerza increíblemente fuerte. Al acercarme vi que lo que se extendía sobre una manta a sus pies era el bebé que había oído llorar. Seguía gimiendo en voz baja ahora - agotado, probablemente - un niño pequeño de pelo rubio y los ojos cerrados. Me hundí hasta las rodillas, recogiendo al niño en mis brazos, y cuando mis brazos lo rodearon la extraña sensación pasó a través de mí - lo contrario de lo que había sentido cuando había acunado por primera vez Jonathan. Una sensación de paz inmensa. . . . .

¿Cuánto tiempo tuve y mecí al niño?, no puedo decirlo. Por fin levanté la vista y vi al ángel - porque yo sabía que eso era lo que era - mirando hacia abajo a nosotros, sus ojos dorados impasible. Cuando cruce su mirada, supe su nombre: Ithuriel.

"Ayúdame", le dije, y aunque no cambió su rostro, inclinó su cabeza y sus alas se vinieron abajo, me envolvía en una nube blanca de silencio y suavidad. Sentía más paz que la que había tenido desde antes de haberme casado con Valentine - y luego un pinchazo repentino, un dolor agudo de oro pasó a través de mí, y eso fue lo último que recordaba cuando me desperté en mi cama la mañana siguiente.

Me dije que había sido un sueño. El tipo de sueño vívido, alucinante que una mujer tiene cuando está embarazada - y yo estaba embarazada. Me lo había negado a mí misma por lo menos durante un mes, pero esa mañana cuando me desperté lo sabía, y una visita a un médico lo confirmó. Yo iba a tener un hijo - de nuevo.

Yo estaba horrorizada. Yo sabía lo que Valentine había hecho a mi último hijo - ¿lo que le haría a éste? ¿Cuánto tiempo había sabido que estaba embarazada? No dije nada a él, pero a su vez, sabiendo sus ojos en mí a veces, su mirada encima de mí como un cuchillo en el agua. Él sabía - oh, lo sabía. . .

El día dl Levantamiento. Ese día terrible. Sé que has oído hablar de lo que sucedió por Luke: sobre los Acuerdos, la emboscada, la batalla sangrienta y prolongada que siguió. Traté de marcar los Cazadores de Sombras que no estaban involucrados en el Círculo para que los miembros de la sublevación no les hicieran daño, pero había tanto caos - tanta sangre - se perdieron muchas vidas, más de lo que había pensado. Y al final me enfrenté a Valentine con Luke a mi lado y vi venir la verdad clara en sus ojos. Me pregunté si el había sabido todo el tiempo la verdad sobre lo que sentía y lo que yo había estado haciendo en realidad este último año con nuestro matrimonio - pero yo lo veía ahora en su rostro - que no lo había conocido. El dolor en sus ojos mientras me miraba era real, y a pesar de todo tocó mi corazón. "Y ahora ustedes dos han trazado mi traición juntos", gruñó, con el rostro salpicado de sangre. "Os arrepentiréis de lo que habéis hecho durante el resto de vuestras vidas."

Luke se lanzó sobre él, pero Valentine arrancó el relicario de plata de mi garganta y la arrojó a Luke, que lo quemó al instante. Él se tambaleó hacia atrás y entonces Valentine se apoderó de mí y me arrastró hacia la puerta. Él estaba gruñendo cosas horribles en mi oído, cosas acerca de lo que iba a hacer a mis padres, a Jonathan, cómo iba a hacer mi vida un infierno por lo que le había hecho a él.

Abandoné la batalla, los heridos, todo aquello, y corrí a casa. Ya era demasiado tarde. Luke te habrá contado lo que encontramos- Recuerdo todo como si fuera un sueño. El gran cielo negro, la luna tan brillante que podía ver todo: la casa en cenizas por el fuego de demonio, lo suficientemente caliente como para derretir el metal, que corría por en medio de las cenizas como los ríos de plata fundida en la cara desnuda de la luna. Encontré los huesos de mis padres allí, y los huesos de mi hijo, y entonces, por fin, los huesos del propio Valentine, el colgante del Círculo que llevaba siempre todavía enrollado alrededor de su cuello descarnado. .

Luke me sacó de la ciudad esa noche. Estaba entumecida y muda, como los muertos vivientes. Seguí viendo las caras de mis padres una y otra vez - no les había advertido. Yo no les había dicho lo que era capaz de hacer Valentine. Yo no les había dicho de los planes para el Levantamiento. Nunca pensé. . .

Y yo soñaba a veces con mi bebé. Vi su cara, incluso cuando estaba despierta, los túneles vacíos de su mirada, y sentí de nuevo la repulsión y el horror que sentí la primera vez que lo toqué. Y yo sabía que era un monstruo, por sentirme de esa manera. ¿Qué madre, al enterarse de la muerte de su hijo, no puede evitar un sentimiento de – de auxilio?

En el mercado de pulgas en Clignancourt, vendí el colgante del Círculo de Valentine, un objeto repugnante que odiaba mirar. Me ofrecieron una gran cantidad de dinero. Con el dinero, compré un billete de avión a Nueva York. Le dije a Luke que iba a empezar mi vida allí - como un mundano. Yo no quería la sombra de la Clave o el Convenio tocando mi vida otra vez, o la vida de mi hijo.

Odiaba a todas las cosas relacionadas con los Nefilim, le dije.

Esto fue cierto sólo en parte. Estaba harta de la Clave, esa era la verdad, y yo sabía que a la esposa de Valentine, ahora que él era un criminal, ellos solo la querrían para ser interrogada, que siempre me mirarían con recelo los legisladores de Idris.

Yo quería esconderme de ellos. Pero más que eso, quería esconderme de Valentine.

Estaba segura de que todavía estaba vivo. Pensé una y otra vez lo que me había dicho cuando me arrastró fuera del Salón, la manera que él había prometido que el resto de mi vida sería una miseria. No eran las palabras de un hombre que planeaba quemarse con fuego demoníaco, no importaba lo desesperado que estuviera por el fracaso de sus planes. Valentine no era el tipo de hombre que cedía a la desesperación. Aún con todo lo que había construido y que ahora estaba destruido, él tendría la intención de iniciar de nuevo - como el ave fénix desde las cenizas.

Había otra cosa que no podía decir a Luke. La noche del levantamiento, antes de que me hubiera ido a la ciudad, había tomado la Copa Mortal del escondite donde la había puesto Valentine, y la había escondido en medio de mis pertenencias. Yo había pensado en volver a la Clave, pero ahora - no podía confiar en ellos para mantenerla fuera de las manos de Valentine, se sentían tan ansiosos por creer que él estaba realmente muerto. Tendría que esconderla de él, e inexorablemente, sin duda, él vendría por ella, y por mí.

Luke me rogó que no lo abandonara. Dijo que vendría conmigo - incluso cuando yo le dije que estaba esperando otro hijo de Valentine, dijo que no importaba, que criaría al niño como suyo. Pero nunca había visto a Jonathan. Yo nunca le había contado lo que Valentine le había hecho a mi hijo. ¿Cómo podía estar segura de que no había hecho algo igual de horrible para el bebé que llevaba ahora? ¿Y cómo podría yo pedir a Luke compartir ese horror conmigo, o el peligro de ser perseguido por Valentine, que me odiaba? Era imposible. Le negué la oportunidad una y otra vez, aunque yo podía ver el dolor que le causó. A pesar de que sabía que eso significaba que probablemente nunca volvería a verlo, y el pensamiento rompió lo que quedaba de mi corazón.

Nos separamos en el aeropuerto de Orly. Me aferré a él hasta que la última llamada para el vuelo llegó y él me empujó suavemente hacia la puerta de embarque. Se sentía como si estuviera desgarrando una parte de mí misma. En el último momento me di vuelta y corrí hacia él y le susurré al oído "Valentine sigue vivo." Tuve que decirle. Yo no podía detenerme. Corrí al avión sin mirar hacia atrás para ver su reacción.

Aterricé en Nueva York en la madrugada, el cielo del amanecer como el interior de un colgante de perlas de la ciudad. Con mi taxi corriendo por el puente Williamsburg Miré hacia abajo y vi el agua del río por debajo de mí, ondulada aquí y allá por las olas que perecían parpadear como dardos sirenas. Incluso aquí, entre estas paredes de vidrio y acero, esta ciudad inhóspita, el Mundo Invisible estaba a mi alrededor. . .

Tú sabes mucho del resto. ¿Cómo encontré un lugar para quedarme?, encontré trabajo haciendo lo único que podía hacer, aquí en el mundo terrenal: pintura. No es que hubiera mucho trabajo para un pintor. Si no hubiera sido por las joyas que podía vender, me habría muerto de hambre. Encontré un apartamento en un edificio propiedad de una pareja de edad que amablemente me dejó estar a cambio de un retrato de su hijo, que había muerto en el extranjero en el ejército. Yo les dije que mi marido también había muerto, y sentían pena por mí, eso creo, una joven embarazada que no tenía a nadie en el mundo. . .

La mayoría de las otras madres en mi situación habría ido en compra de una cuna, en compra de juguetes para bebés y botines y mantas. No lo hice. Yo estaba aterrorizada. Aterrorizada de que lo que pasó con mi primer hijo iba a pasar de nuevo con mi segundo hijo. Recuerdo la noche que me puse de parto y fui llevada al hospital - era tan diferente de dar a luz en Alicante, con las paredes blancas y estériles todos los ruidos y la maquinaria aterradora. Yo no podía dejar de llorar, a pesar de todo y cuando naciste, y hasta el mismo momento en que la enfermera entró en mi habitación del hospital y te entregó a mí, y me miraste a la cara.

Una gran ola de amor y alivio se apoderó de mí. Tu pelo rojo, ojos verdes – se tratara de mi hija, la mía, no había nada de tu padre en ti, ni nada monstruoso o demoníaco. Pensé que eras la cosa más perfecta que jamás había llegado al mundo.

Todavía lo creo.

La primera vez que te llevé al parque, que viste que las hadas existen entre las flores y te fuiste a jugar con ellas. Las otras madres nos miraron consternadas cuando yo te recogí y corrí a casa. Yo había sentido el frío terror. Pude ver lo que viste, pero nadie más podía. ¿Cómo podría vivir así y mentirte sobre lo que conociste? Yo había querido darte una vida normal, pero yo no había pensado sobre este nuevo factor. Y yo tenía otros miedos y había Cazadores de Sombras aquí, Submundos también, tal y como ocurría en todas partes del mundo. Si la información sobre ti salía a la luz, tal vez podría llegar a Valentine, y entonces él vendría a buscarnos. Y yo no podía dejar que eso sucediera.

Es por eso que contrate a Magnus Bane. No me siento orgullosa de lo que hice. Lo hice porque me daba miedo. Lo hice porque no me podía imaginar de qué otra manera te protegería. Lo hice porque pensé que una vida de felicidad ajena sería mejor que una vida de peligro y ser cazada. Y lo hice, tal vez, porque yo deseaba poder olvidar, todo mi pasado que todavía me torturaba.

Fue Magnus quien me presentó a Dorotea, y Dorotea, quien me dio la idea de esconder la Copa Mortal en un cuadro. Tú estabas en mis brazos cuando le conocí y le extendiste la mano y sacaste una tarjeta de la pila del Tarot que tenía sobre su mesa. Yo te regañaba, pero ella sólo dijo: "Vamos a ver qué tarjeta eligió la niña."

Fue el As de Copas - la tarjeta de amor. "Tendrá un gran amor en su vida", predijo, pero yo estaba prestando más atención a la imagen en la tarjeta. Se veía como la Copa Mortal. . . . .

Con la Copa oculta en el tarot que había pintado para Dorothea, y Dorothea oculta en su Santuario, me sentí más tranquila. La calma suficiente como para que cuando Luke tocó de repente en nuestra puerta, viéndose como si hubiera estado durmiendo en la calle durante semanas, no respondí echándolo de inmediato. Él había llegado tan lejos, y yo le había echado mucho de menos. Lo dejé dormir en el sofá, y por la mañana todavía estaba allí, y tú estabas sentada a sus pies mientras él te mostraba un juego simple con tarjetas; un juego de Cazadores de Sombras, algo que no había visto desde que había dejado Idris . Era como si hubiera estado siempre allí con nosotros, siempre perteneció allí. No podía pedirle que se fuera. . .

Luke no lo aprobó cuando le dije lo que yo había pedido a Magnus hacer a tu memoria, pero fue el único tema en que yo nunca podría ceder. Pensé que no sabía toda la verdad, y que si lo hiciera, habría estado de acuerdo conmigo. Ahora sé que estaba equivocada. Luke siempre había sido alguien que creía en la verdad, sin importar cómo de cruel o despiadada fuera, y sé que él hubiera querido que la tuvieras.

Por lo menos tú la tienes ahora - y si me odias ahora, al menos, será a causa de la verdad y no por la mentira. Y por lo menos ahora sabes que siempre te he amado y que siempre has sido la cosa más importante en el mundo para mí. Esa noche, cuando Valentine y sus demonios irrumpieron en nuestro apartamento, en busca de la Copa, apenas tuve tiempo de tomar la poción que Ragnor Fell me había dado antes de que fuera demasiado tarde, pero lo hice esperar, sólo el tiempo suficiente como para que yo pudiera llamar y decirte que te amaba. Todo lo que me ha pasado en Idris, todo de lo que Valentine me hizo, valió la pena porque te tuve.

Hay una cosa más que tengo que decirte. Magnus me habló de Jace, y lo que le pasó en Renwick, y lo que tu padre te dijo. Tengo que decirte ahora que él estaba mintiendo. Que lo que crees que es cierto acerca de ti y tu hermano no es la verdad.

Después de haber tomado la poción, Valentine intentó todo para despertarme, pero nada funcionó. Cuando él me trajo a Renwick yacía como muerta, entrando y saliendo de la conciencia. No podía moverme ni hablar, pero yo era consciente a veces de las personas que entraban y salían de la habitación. Pangborn y Blackwell llegaron a burlarse de mí, aunque nunca me han tocado. Y a veces Valentine se sentaba al lado de mi cama y hablaba conmigo.

Me habló sobre las almas muertas en el Infierno de Dante, sobre cómo decían la verdad de sus vidas porque pensaron que no iba a volver al mundo para traicionarlos. Creo que se sintió aliviado sólo por tener alguien con quien hablar, tal como yo había derramado una vez todo en mi corazón a Ragnor Fell.

Él me contó que había pensado cuando se casó conmigo que íbamos a enfrentar al mundo juntos, unidos en contra de la Clave y sus Acuerdos. Me dijo que cuando Jonathan nació, se dio cuenta de que me había perdido, que había hecho que yo lo odiara para siempre. Pero un verdadero guerrero está dispuesto a sacrificar todo, incluso su esposa. Incluso su familia. Así es como Valentine se cree. Era un cruzado moderno y todo lo que hizo fue por el bien de su causa. Deus volt, dijo. Porque Dios lo quiere.

Después del nacimiento de Jonathan, Valentine había sospechado que me negaría a tener más hijos. Y esto fue una lástima, pensaba él, porque él se había imaginado a nuestros hijos como un ejército de Cazadores de Sombras superiores, hechos de esa manera por él. Él sabía que no podía obligarme a tener un hijo que no quería, por lo que centró su atención a Céline Herondale. Era joven, dedicada, impresionable. Cuando quedó embarazada, él le dio a beber las mezclas, como me lo había hecho a mí, alegando que eran las pociones hechas por un brujo que fomenten la salud de su bebé. Ella tomó las drogas, los polvos, las pociones que le dio, incluso dejó que la inyectara como si fuera un médico. Ella estaba totalmente confiada.

Y entonces sucedió algo que Valentine no se esperaba. En una redada en un nido de vampiros, Stephen fue asesinado. Y Céline -la impresionable, emocional, fácil de desviar Céline - bebió un frasco de veneno y murió. Los Herondale, quemaron el cuerpo de Stephen y enterraron en un mausoleo a Céline a las afueras de la Ciudad de hueso - quien se suicida no puede ser enterrado dentro de sus murallas.-

Se podría pensar que habría sido el final de eso. Pero Valentine sabía que lo que había hecho había cambiado al niño dentro de Céline y tenía que saber cómo. Así que Valentine tomó a Hodge y se fue a la Ciudad de Hueso él mismo, en medio de la noche. Entró en el mausoleo de los Herondale y rompió el ataúd de Céline. Y entonces, utilizando la hoja afilada de su kindjal, le abrió su vientre y tomó el bebé todavía vivo de su cuerpo muerto.

Cualquier otro niño habría muerto cuando su madre murió. Pero Valentine había estado dando a Céline dosis regulares de la sangre de Ithuriel. La sangre de los Cielos, pura y concentrada, y debido a su efecto, por algún milagro, el niño todavía estaba vivo.

Llevó al niño de vuelta a casa esa noche, la noche que el llanto de un bebé me despertó del sueño y me fui hacia abajo para encontrar el ángel atado en la bodega de los Wayland con el niño a sus pies. Por la mañana, Valentine había dado el chico a Hodge, con instrucciones de llevarlo a la casa de la familia de Valentine a las afueras de Brocelind, y mantenerlo saludable. ¡Hodge como niñera! - Pero lo hizo, e informó de nuevo a Valentine de que el niño parecía prosperar.

El Levantamiento fue sólo unos meses más tarde. Yo ya te he dicho sobre esa terrible noche. Después de que Valentine sacrificara a Michael Wayland y su hijo, dejó sus cuerpos junto a los cuerpos de mis padres en las ruinas de nuestra casa, tomó a nuestro Jonathan y huyó a la casa en las afueras Brocelind.

Durante un año se escondió allí, envuelto en capas y desviando con  espejismos, y crió a los dos niños juntos - su propio hijo y el de su lugarteniente-, el niño parte demonio y el otro que era parte ángel. Pero mientras el niño parcialmente ángel se desarrollaba como un bebé normal, su propio hijo, el niño demonio, creció a un ritmo antinatural. Para cuando tenía dos años de edad tenía el tamaño de un niño humano de seis años de edad, y tenía la fuerza de un hombre adulto. Y él odiaba a su pequeño hermano adoptivo. Varias veces trató de matarlo y el niño se salvó sólo por la intervención de Valentine. Finalmente Valentine sabía que algo tendría que hacer.

Estaba ansioso por volver a una vida más activa, a una ubicación más cercana a la ciudad de cristal. A un lugar donde pudiera reunirse con sus antiguos seguidores, - hombres como Pangborn y Blackwell - a un lugar donde ya no estuviera tanto en la clandestinidad. Él tomó la identidad Michael Wayland y regresó con el hijo de Stephen Herondale a la mansión de la familia Wayland.

¿Por qué no traer a su propio hijo con él?, tú puedes preguntar. Debido a que su hijo ahora se parecía a un niño de seis años, y Valentine sabía que no había forma en que el muchacho fuera convincente, haciéndose pasar por el niño Wayland – y fue muy importante para él después-, necesitaba que el niño pudiera convencer a los que habían conocido a Michael que se trataba de su hijo. Por lo que tomó al pequeño rubio hijo de Stephen Herondale y lo llevó a la mansión Wayland, y vivió también con su propio hijo en la casa en ruinas a las afueras de Brocelind.

El bebé tenía un nombre ahora - el hijo de Michael Wayland fue nombrado Jonathan Wayland. Como era demasiado confuso criar a dos niños con el mismo nombre, Valentine comenzó a llamar al niño por un apodo.

Lo llamó Jace. . . . ."

Valentine y Luke

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
Nota de CC: En el primer borrador original de Cristal, después de que el Angel devolviera la vida a Jace, Alec, Isabelle, Jocelyn y Luke se reunieron con Clary y Jace en la orilla del lago. Esto fue cambiado porque en el borrador original no había epílogo; Así que esto fue todo el cierre que tenían los personajes. Decidí que era necesario un epílogo para traerles más y resolver algo de lo que no se resolvió: las relaciones de Magnus y Alec, Jocelyn y Luke, por ejemplo. Lo único que me entristeció un poco fue que en el primer borrador, Valentine tenía a alguien que lamentaba que muriera; en la versión final, además de Jace, realmente no hay ninguna mención de ello.

Había figuras que corrían por la playa hacia ellos, sus sombras formaban un aspecto desgarbado y largo por el resplandor todavía brillante de las antorchas de luz de bruja. Clary estaba contenta por las antorchas ahora, contenta de que el brillo hiciera que ella y Jace fueran más fáciles de encontrar. Reconoció a las figuras corriendo a medida que se acercaban: su madre y Luke, y detrás de ellos, Alec e Isabelle. Su corazón se hinchó enormemente al verlos, como si le rompiera las costillas. Se sentía como si estuviera llena de alivio.

Fue Luke quien los alcanzó primero, corriendo a lo largo de la arena tan suavemente como si todavía estuviera en forma de lobo. Vio a Clary y Jace primero y su rostro se iluminó, y luego su mirada pasó por delante de ellos, y vio a Valentine, y su rostro cambió.

Jocelyn estaba justo detrás de él, y mientras se acercaba, Jace soltó a Clary. Se puso de pie, quitándose la arena de la ropa, justo cuando su madre la alcanzó y la abrazó. Después de ella llegaron Alec e Isabelle, llenas de exclamaciones, alivio y ... alegría. Rodearon a un Jace de aspecto conmocionado, abrazándolo y gritando en sus oídos.

Solo Luke estaba en silencio. Clary, su mano en la de su madre, se volvió para mirarlo. Se había acercado al cuerpo de Valentine y lo estaba mirando, su rostro era un estudio de emociones conflictivas; allí había alivio, pero también pesar y hasta pena. En la muerte, la cara de Valentine había perdido su dureza y, por primera vez, Clary vio lo que su madre se había sentido atraída por él, vio que podía parecer amable y hasta amable. Cuando Luke se arrodilló junto a su cadáver, Clary no pudo evitar recordar lo que había dicho sobre haber amado a Valentine una vez, sobre haber sido su mejor amigo. Luke, pensó con una punzada. Seguramente no podría estar triste, ¿o incluso afligido?

Pero, de nuevo, tal vez todos deberían tener a alguien que llorar por ellos, y no había nadie más a quien lamentar por Valentine.

Luke se arrodilló donde estaba durante un largo momento. Por fin extendió la mano y, con una mano suave, cerró los ojos de Valentine.

"Ave atque vale, cazador de sombras", dijo.



Carta de Jace

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
La carta escrita a Clary por Jace en "Ciudad de Cristal". La carta fue incluida en copias de edición especial de "Ciudad de los Ángeles Caídos"

Clary,

A pesar de todo, no puedo soportar la idea de que este anillo se pierda para siempre, como tampoco puedo soportar la idea de dejarte para siempre. Y aunque no tengo elección sobre el uno, al menos puedo elegir sobre el otro. Te dejo nuestro anillo familiar porque tienes tanto derecho como yo.

Estoy escribiendo esto viendo salir el sol. Estás dormido, los sueños se mueven detrás de tus párpados inquietos. Desearía saber lo que estabas pensando. Desearía poder meterme en tu cabeza y ver el mundo como tú. Desearía poder verme como tú lo haces. Pero tal vez no quiero ver eso. Tal vez me haría sentir aún más de lo que ya lo hago, que estoy perpetuando algún tipo de Gran Mentira sobre ti, y no podría soportar eso

Te pertenezco. Podrías hacer lo que quisieras conmigo y te dejaría. Podrías preguntarme cualquier cosa y me rompería tratando de hacerte feliz. Mi corazón me dice que este es el mejor y mejor sentimiento que he tenido. Pero mi mente sabe la diferencia entre querer lo que no puedes tener y querer lo que no deberías querer. Y no debería quererte.

Toda la noche te vi dormir, vi la luz de la luna ir y venir, proyectando sombras en tu cara en blanco y negro. Nunca he visto algo más hermoso. Pienso en la vida que podríamos haber tenido si las cosas fueran diferentes, una vida donde esta noche no es un evento singular, separado de todo lo que es real, sino todas las noches. Pero las cosas no son diferentes, y no puedo mirarte sin sentir que te he engañado para que me ames.

La verdad que nadie está dispuesto a decir en voz alta es que nadie tiene una oportunidad contra Valentine, excepto yo. Puedo acercarme a él como nadie más puede hacerlo. Puedo fingir que quiero unirme a él y él me creerá, hasta el último momento en que termine todo, de una forma u otra. Tengo algo de Sebastian. Puedo rastrearlo hasta donde se escondieron mis padres, y eso es lo que voy a hacer. Así que te mentí anoche. Dije que solo quería una noche contigo. Pero quiero todas las noches contigo. Y es por eso que tengo que salir de tu ventana ahora, como un cobarde. Porque si tuviera que decírtelo a la cara, no podría obligarme a ir.

No te culpo si me odias, ojalá lo hicieras. Mientras pueda soñar, soñaré contigo.

- Jace.

Capitulo 13: Donde hay dolor 

Escena eliminada de Ciudad de Cristal del capítulo 13: Donde hay dolor, en la que Clary sueña sobre ángeles ensangrentados la noche antes que los demonios atacaran Idris y Hodge muriera. 

Clary flotaba en una fría oscuridad que lentamente se resolvió en una figura y una forma, la visión y la luz. Durante un largo momento pensó que tal vez estaba todavía en el sueño que Ithuriel le había dado, por que lo vio de pie frente a ella, en la superficie de un lago congelado de plata , era un ángel con las alas extendidas, las plumas de punta blanca como hueso de plata, su pelo se encrespaba como una tapa de oro, pero cuando el ángel se volvió, vio que era Jace.

Sus ojos estaban cerrados, su rostro demacrado y pensativo, como la expresión del ángel de piedra que protegía la ciudad silenciosa.

Quería correr hacia él, para preguntarle por qué se veía tan triste, pero su cuerpo no cooperaba. Sus pies se mantuvieron firmes, donde estaban, como cola con el hielo, aunque el anhelo que sentía era casi doloroso. Ella le gritó, pero su voz no emitió ningún sonido, ni siquiera un eco en la oscuridad llena de estrellas que se extendió hacia arriba de la superficie plateada del lago.

Cuando ella lo intentó de nuevo, Jace levantó la vista, su expresión de sorpresa, echando una mirada alrededor. Ella se alegró por un momento, ¿tal vez la había oído? - hasta que vio una difusa mancha roja de sangre sobre su pecho.

Ella gritó silenciosamente cuando se desplomó al suelo. De pié detrás de él, estaba la espada ensangrentada, fue otro ángel: éste con alas negras, negras como el humo y la oscuridad. Su cabello también era negro, al igual que su ropa. Tenía la cabeza inclinada, su rostro - oculto, pero había algo familiar en él, y luego levantó la cabeza y ella supo - y supo también por que no podía moverse, y que gritara no le hacía ningún bien, que nadie le oiría gritar otra vez, porque ya estaba muerta.

Escena original capitulo 13 

En Ciudad de Cristal, el enfrentamiento inicial en el Salón de los Acuerdos de después del ataque de los demonios primero fue entre Luke y Valentine, pero en la versión final fueron involucrados muchos otros personajes. Aquí está una mirada exclusiva a la escena original que formó parte del capítulo 13: Donde hay dolor.

"La Clave", dijo, "se resistía a creer que un hombre que dice odiar a los demonios tanto como lo haces realmente trafique con ellos. Pero yo lo sabía." Su voz se redujo, de manera que Clary se preguntó si los de la parte posterior de la sala, incluso podían oír. Parecía estar hablando puramente a Valentine. "Ves, yo te conozco, Valentine. Supe tus sueños y temores una vez. Los demonios nunca fueron tu peor pesadilla, ¿no? De hecho, estás agradecido por su existencia porque dan a los Nefilim una razón de ser. Sin ellos, serían normales. Mundanos. Y siempre fue tan importante para ti ser especial. Elegidos. Impulsados por un propósito más elevado. De aliarse a nosotros mismos", él mismo llamó, sonrió con ironía, y siguió -"de aliarse a sí mismos con los que cuanta de un orden inferior diluye su singularidad. ¿Qué son entonces? ¿Cómo te gusta, si los dioses se consideran por debajo de vosotros y comparten su poder y prestigio?"

"Pero nunca se puede compartir nuestro poder", dijo Valentine. "No sois como nosotros, hombre lobo. Los Nefilim protegen este mundo, pero las cosas de este mundo rechazan a los de tu tipo. Hay una razón para que plata limpia te queme, quema la luz del día a los hijos de la noche."

"Pero no me provoca quemaduras", dijo Simon con una voz muy fuerte, clara, a pesar de las garras de la mano de Clary en su muñeca. "Aquí estoy parado en la luz del sol". Pero Valentine solo rió.

"He visto como te ahogas con el nombre de Dios, vampiro" dijo. "En cuanto a por qué puedes estar parado a la luz del sol" - se interrumpió entonces y sonrió. "Eres una anomalía, tal vez. Un raro. Pero sigues siendo un monstruo". Un monstruo. Clary pensó de pronto en Valentine en el barco, lo que había dicho: Tu madre me dijo que había convertido a su primer hijo en un monstruo. Ella me dejó antes de que pudiera tener la oportunidad de hacer lo mismo con el segundo. - Jace. La idea de su nombre era un dolor agudo en el pecho, tan agudo que casi la hizo jadear. Después de lo que hizo, él está aquí hablando de monstruos. -

"El único monstruo aquí," dijo, a pesar de sí misma y a pesar de la resolución de guardar silencio, "eres tú. Vi a Ithuriel", dijo, cuando se volvió para mirarla con sorpresa. "Lo sé todo".

"Lo dudo", dijo Valentine. "Si es así, querrás mantener tu boca cerrada. Por el amor de tu hermano, o por el tuyo propio".

"Basta ya", dijo Luke. Clary vio el destello repentino de preocupación en sus ojos y sabía que la estaba cortado antes de que ella dijera algo que lamentaría. "Si Simon es una anomalía o no, el hecho de que puede caminar en la luz del día significa que hay más subterráneos de los que sabes, Valentine. ¿Crees que sabes donde cada pieza encaja en la jerarquía? ¿Qué fue lo que siempre decías? ¿Deus voltios? "¿Porque Dios lo quiere?" ¿Quién eres tú para pensar que conoces la voluntad de Dios?"

"Soy un cazador de sombras", dijo Valentine. "He hablado con los ángeles. La sangre de los ángeles corre por nuestras venas. Tú dices que piensas que eso equivale a un dios, sé que no lo soy".

"No", dijo Luke. "No lo eres. No eres más que un niño egoísta que no quiere compartir sus juguetes".

"No con animales" dijo Valentine. "Me acusas de pensar que soy mejor que tu, que somos mejor que los de tu clase". Acompañando la palabra "nosotros" con un gesto que incluyó a todos los cazadores en el salón. "Lo hago. Lo estamos. No somos dioses, pero nosotros somos sus guerreros elegido. Tu no quieres oírlo. Nunca te lo creerías. Pero es cierto, de todos modos". Se volvió a dirigirse a la multitud en silencio, mirándolos fijamente. 


Ciudad de los Ángeles Caídos

El acto de caer

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
La escena del beso del callejón desde la perspectiva de Jace. Está disponible en la edición especial de Ciudad de las Almas Perdidas de Costco.

“Porque no puedo hablar contigo” dijo Jace. “No puedo hablar contigo, no puedo estar contigo, ni siquiera puedo mirarte.” – Ciudad de los Ángeles Caídos.

Jace jamás olvidaría la mirada en la cara de Clary después de decirle eso. En shock al principio, escociéndose de dolor.

Le había hecho daño antes, nunca porque quisiera, aunque é había arremetido en su propia ceguera. El momento en el que ella entró mientras él besaba a Aline y él dijo cada cosa horrible que se le ocurrió como si sus meras palabras tuvieran el poder de hacerla desaparecer, de mandarla de vuelta a donde estuviera a salvo.

Él siempre se ha preocupado sobre si ella estaba a salvo más que sobre cualquier otra cosa. Si no lo hiciera, nada de esto estaría pasando. Jace se preguntaba si ella podía verlo en sus ojos, ese terror, los fragmentos de todas aquellas docenas de sueños en los que él la apuñalaba, asfixiaba o ahogaba y luego se miraba sus propias manos, empapadas con su sangre.

Ella retrocede un paso. Hay algo en su cara, pero no es miedo. Es definitivamente pero. Se gira, casi tropezando en su prisa por huir, y se apresura fuera del club.

Por un momento, él se levanta para ir a buscarla. Esto es exactamente lo que querías, le grita una parte de su mente. Apartarla. Mantenerla a salvo, lejos de él.

Pero el resto de su mente se queda mirando la puerta cerrarse tras ella y viendo sus sueños finalmente arruinados. Una cosa era empujarlo hasta llegar a este punto. Otra cosa es dejarla ir para siempre. Porque conoce a Clary, y si se va ahora, nunca volverá.

Vuelve.

De alguna forma él está fuera del club y la lluvia cae como si fuera un tiroteo. Lo ve todo de una sola mirada, como siempre ha hecho, como le entrenaron. La furgoneta blanca en el bordillo, la inclinación de la calle conforme gira de vuelta hacia Greenpoint, la oscura abertura de un callejón tras el bar, y Clary en la esquina, a punto de cruzar la calle e irse fuera de la vida de Jace para siempre.

Ella tira de su brazo lejos del suyo cuando él la alcanza, pero cuando él pone su mano contra su espalda ella le deja guiarla hacia el interior del callejón. Su mano se desliza a través de su espalda hasta su brazo, mientras ella se gira para encararle – y él puede ver todo su alrededor otra vez: la mojada pared de ladrillo detrás de ellos, las ventanas enrejadas, el equipo de música desechado empapándose en charcos de agua de lluvia.

Y Clary está alzando su cara, pequeña y pálida, su máscara de pestañas cayendo en forma de brillantes líneas bajo sus ojos. Su pelo se ve oscuro, pegado a su cabeza. Ella se siente frágil y peligrosa en su agarre, un cristal explosivo.

Ella tira de su brazo lejos del suyo. “Si estás planeando disculparte, no te molestes. No quiero oírlo.” Él trata de protestar, de decirle que sólo quería ayudar a Simon, pero ella sacude su cabeza, sus palabras como misiles punzantes: “¿Y no podías decírmelo? ¿No podías mandarme una sola frase dejándome saber dónde estabas? Oh, espera. No podías, porque aún tienes mi maldito teléfono. Devuélvemelo.”

Él extiende su mano para devolverle el teléfono, pero apenas es consciente de sus movimientos. Quiere decirle: No, no, no, no podía decírtelo. No puedo decírtelo. No puedo decir que tengo miedo de herirte aunque no quiera hacerlo. No puedo decir que tengo miedo de convertirme en mi padre. Tu fe en mi es lo mejor de mi vida y no puedo osar destruirla. “-Perdóname-“

Su cara se vuelve blanca, su pintalabios brilla contra su rígida piel. “Ni siquiera sé qué crees que tengo que perdonarte. ¿El no amarme más?”

Ella se aparta de él y tropieza, ciegamente, y él es incapaz de contenerse: la alcanza. Es delicada y temblorosa en sus brazos, y ambos están empapados y él no puede parar. Su boca está medio abierta, y él baja sus labios hacia los suyos, sabiendo a pintalabios, dulce jengibre y a Clary.

Te amo. No puede decirlo, así que trata de decírselo con la presión de sus labios y su cuerpo y sus manos. Te amo, te amo. Sus manos están alrededor de su cintura, levantándola, y él lo había olvidado: ella no es frágil, es fuerte. Los dedos de Clary se clavan en sus hombros, su boca salvaje contra la suya y el corazón de Jace golpetea como si tratara de liberarse de su cuerpo mientras la deja sobre un altavoz roto.

Para, le dice su mente, Para, para, para. Él fuerza sus manos lejos de ella y los apoya en la pared, a cada lado de su cabeza. Sólo que eso acerca más su cuerpo al de ella, y eso es un error. Él puede ver el pulso golpeteando en su garganta, sonrojada por el beso, mientras respira: “¿Por qué no puedes hablarme?¿Por qué no puedes mirarme?”

Su corazón sigue golpeando como si quisiera dejar su cuerpo e independizarse en cualquier otro lugar. “Porque te amo.”

Es la verdad, y una verdad inadecuada, pero él siente que golpea a través de él con la fuerza de una mentira. La cara de Clary se suaviza, sus ojos ampliándose. Sus manos están contra él, pequeñas y delicadas y cuidadosas, y él se apoya en ella, respirando su esencia bajo el olor del agua de lluvia. “No me importa,” se oye decir a sí mismo. “Estoy harto de fingir que puedo vivir sin ti. ¿No lo entiendes?¿No puedes ver que eso me está matando?”

Él se ahoga, y es muy tarde. Él la alcanza como un adicto alcanzaría desesperanzado la droga que había jurado no volver a tocar, habiendo decidido que era mejor arder en un último incendio que vivir para siempre sin ella.

Y el mundo gris se enciende a su alrededor en color mientras ellos se unen, sus cuerpos golpeando fuerte contra la pared detrás de ellos. El agua empapando su vestido lo ha hecho resbaladizo como si fuera aceite de motor bajo sus dedos. El coge y tira hacia ella, el deseo reformando sus cuerpos con cada toque. Su respiración se oye rasposa en sus oídos, sus párpados medio cerrados y aleteando. Él toca su piel en cada lugar que puede: su garganta, su nuca, sus clavículas firmes bajo las puntas de sus dedos, sus brazos suaves y resbaladizos. Las manos de Clary también están sobre él, no más vergonzosas que las suyas, y cada toque parece consumir la lluvia y el frío.

Ella aprieta sus hombros cuando levanta sus piernas y las envuelve alrededor de su cintura, y él hace un ruido que ni siquiera sabía que era capaz de hacer. Ya es demasiado tarde para volver atrás. Sus manos la agarran involuntariamente, y ella siente la tela de sus medias rasgarse bajo sus dedos, y él está tocando su piel desnuda. Y sus besos saben a lluvia. Y si él no estaba cayendo antes, lo está ahora.

Él piensa en el acto de caer, en ángeles cayendo en el fuego para siempre, y en ícaros, que habían volado demasiado cerca del sol. Él había pensado en la agonía de la caída, en su terror, pero nunca que podría ser alegre. Lucifer no había querido caer, pero tampoco había querido servir, y mientras Jace mantenía a Clary cerca contra él, más cerca de lo que nunca pensó que podrían estar, se preguntaba si era únicamente en el acto de caer que uno podía ser verdaderamente feliz.

Postales

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare y Cassie livejournal
Nota de Cassandra Clare: Esta es la historia corta contada por medio de las postales entre Magnus, Alec, Isabelle, Jace, Clary y Simon. Tiene lugar durante el viaje de Magnus y Alec, entre Ciudad de Cristal y Ciudad de los Ángeles Caídos.
Una historia contada en postales – entre Ciudad de Cristal y Ciudad de los Ángeles Caídos.

#1

Postal 1 (!)

¡Hola Chicos!

Desearía que estuvierais aquí, aunque en realidad no. Nos los estamos pasando bien. Mirad esto - las pirámides.

- Alec y Magnus.

#2

Postal 2

Queridos Alec y Magnus,


Soy Izzy. Recibí vuestra postal. Me alegro de que os lo estáis pasando bien. Nada ha pasado por aquí - la madre de Clary se va a casar con un hombre lobo. Creo que vosotros, chicos, deberíais casaros también. Estoy pensando en organizarlo. Me encanta organizar fiestas. 

- Isabelle.

#3

Postal 3

Creo que un tema otoñal estaría genial. 

-Magnus


¡ABORTA! ¡ABORTA!

Isabelle, ¿Te has vuelto loca?

-Alec.

#4

Postal 4

Queridos A & M,

He hablado con el manager del Beauty Bar porque definitivamente os veo casándoos contra un bonito telón de fondo rosa, pero él no piensa que podamos meter a más de cincuenta personas dentro y yo pensaba en unas trescientas. ¿Qué os parecería casaros en el parque? Podría ponerse frío, pero podríais llegar a la ceremonia con un carruaje de caballos. ¿Cómo os sentiríais con llevar coronas de boda?

-Isabelle.

#5

Postal 5

Querido Alec,

Como tu mejor amigo y parabatai, me siento ofendido por que no me hayas pedido ser tu padrino en la boda. Et tu, brutus.

- Jace.


Alec, él realmente se ha enfadado.

No se ha lavado el pelo en 3 días.

- Clary.

#6

Postal 6

Jace,

¡No hay ninguna boda! ¡Para a Isabelle! Siéntate encima de ella si tienes que hacerlo. Solo detenle de lo que sea que esté haciendo o no podré volver nunca a casa.

- Alec.

#7

Postal 7

Queridos Alec y Magnus,

Ya sé que no somos muy amigos, pero Isabelle acaba de pasarse por casa a dejar un esmoquin de terciopelo plisado naranja que ella dice que tendré que usar en vuestra boda. ¿Es verdad?, y si lo es, ¿Por qué naranja?

- Simon.

#8

Postal 8

Queridos Alec y Magnus,

Ésta es la primera de cinco postales. No os volváis locos ni nada, pero necesito que me enviéis $150.000 para cubrir los gastos de:

1) 2 coronas de diamantes.

2) 20 pavos reales.

3) 300 caramelos de chocolate con la forma de vuestras cabezas.

4) Mi vestido.

5) 500 libras de purpurina.

6) Un caballo blanco

(más para venir en otras postales)

- Isabelle.

#9

Postal 9

Querida Isabelle,

Alec está a punto de tener un ataque de ansiedad. Si no desistes inmediatamente de planear mi boda con tu hermano, volveré a Manhattan y volaré el Instituto. Convertiré a Iglesia en una bestia de gato que alborotará las calles de Manhattan pisando mundanos. Y te haré gorda.

Con cariño,

Magnus.

#10

Postal 10

Queridos Alec y Magnus,

¿Cómo estáis? Todo va bien por aquí. Gracias por la postal con la foto del Taj Mahal. Es bonito. Veo que exageré un poco. Para compensaros, voy a redecorar el loft de Magnus gratis.

- Izzy.

Ciudad de las Almas Perdidas

Magnus y Alec

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare

La ley de los brujos fue muy clara en este punto: si amabas a un mortal, todo bien, pero no era tu lugar interferir con su mortalidad. Tomó mucho tiempo acostumbrarse a tal ley. . . generalmente hasta que te das cuenta de que ser inmortal era menos un regalo que una carga.

Magnus dejó caer la caja de rapé sobre el escritorio y levantó el teléfono, presionando el botón de marcación rápida para el número de Alec. Cuando Alec contestó, sonaba a la vez preocupado y esperanzado: “¿Magnus? ¿Has encontrado algo?

"Nada. Lo siento."

"Oh". La aplastante decepción hizo que la voz de Alec sonara pequeña.

"Pero estaba pensando en parabatai", dijo Magnus. "Cuando los parabatai están especialmente cerca, pueden sentir si el otro está muerto, o cambiado, o -"

"Lo sé", dijo Alec. "Yo sé eso. Lo sentí, por ese momento que Jace murió, de vuelta en Idris. Pero esto no es así ". Magnus podía imaginarlo, con los ojos azules en su rostro pálido, tirando de un mechón de su cabello. Por lo general, Alec parecía que se había caído de la cama y se había puesto una pila de ropa al azar, en lugar de como si hubiera escogido un atuendo, y como Jace había desaparecido, comenzó a parecer que se había detenido. cepillando su cabello también. "Simplemente no siento nada".

“¿Realmente nada? Como en . . . ¿nada?"

"¿Correcto . . .? Alec sonaba confundido.

"Eso realmente me da algunas ideas", dijo Magnus. "Haré todo lo que pueda para ayudar, lo sabes, ¿verdad, Alexander? No porque sea la Clave, sino porque eres tú ".

"Lo sé". Alec guardó silencio por un momento. "Es bueno escuchar tu voz, incluso si no puedes ayudar", agregó Alec, y colgó abruptamente.

Magnus colocó el teléfono a su lado y se sentó por un momento, lo suficientemente quieto como para oírse respirar. Lo estoy perdiendo, pensó. No sé cómo ni por qué, pero sé que lo soy.

Clary y Simon en la Corte Seelie

Fuente: Tumblr de mundiemoms
Deleted from Chapter 4.

This time, when Clary rang the bell, instead of finding themselves in the dark corridor before the Queen’s chamber, she and Simon landed in a dank, mildew-smelling cave, the walls trickling with cold water, the ground muddy and brown beneath their feet. Several passages led off what seemed to be the main chamber. As she turned, Clary’s boots slipped on the wet stone, and she caught Simon’s arm to steady herself.

He was glancing up, looking around at the walls of the cave, his dark eyes curious. He put a hand to the stone and took it away, showing her the way his palm was shining. “Look,” he said. “Phosphorescent moss.”`

“Faeries used to use it to make torches,” Clary said, remembering her Codex. “That, and trapped will-o-the-wisps in glass.”

“Come on.” Simon tugged her gently forward toward one of the darkened passages that tunneled into the wall.

“Do you know where you’re going?”

“When in doubt, head upward,” he said. “I learned that in Boy Scouts. Besides, I can see perfectly well in the dark.”

“So can I, if I make a night vision rune — oh!” Clary gasped, and they both came to a halt as Meliorn appeared before them, his white armor shining like witchlight in the dimness. There was an unpleasant expression in his pale eyes.

“So you have returned to our lands, human and liar,” he said to Clary. “You are either very brave or very stupid to desire to come before the Queen after the trick you attempted to play on her.”

“I wouldn’t say it was an attempt,” said Clary. “Last time I looked, it worked.”

“Yeah,” said Simon. Clary glanced sideways at him, and he shrugged. “Just backing you up.”

“What prevents me killing you here and taking the prize from you?” Meliorn inquired, emotionlessly.

“Two things,” Clary said, ticking them off on her fingers. “One, I don’t have it on me. He does.” She indicated Simon. “Good luck trying to kill him. Two, if you do, the Queen will never find out what I wanted, and you know she’s curious. If she wasn’t, she would have taken the whistle away from me, not let me keep it.”

Meliorn sighed. “You are the worst kind of stupid. The kind that thinks it is clever. Very well, little human Nephilim. Follow me. Perhaps, if you are lucky, the Queen will let you live.” He turned and stalked off down the passage.

“Remember when we thought faeries were little creatures who lived in toadstools and wore buttercup hats?” Clary looked over at Simon as they both began to follow the faerie knight. “Wasn’t that awesome?”

Simon grinned, a flash in the darkness, and squeezed her hand.

Fuente: Escena cortada dada al Tumblr de fuckyeahmortalinstruments por Cassandra Clare

Clary negó con la cabeza. -Hay más en la honestidad de... que en una disposición de las palabras. Dicen que las hadas no pueden mentir, pero mentir en sus intenciones, su actitud, su comportamiento - -¿Y los humanos no?.- La reina deslizó la mirada a través de Clary y Simon . -Este vampiro, este diurno, te  trae a todas partes - él es el único cuyo beso no te agrada, aquí en mi corte, ¿no? ¿Te preocupas por él en absoluto, o sólo es la marca de Dios sobre él lo que hace que le lleves contigo, como un escudo? Y tú,- añadió, volviéndose hacia Simon, -tú que la amabas, ahora le prestas tu poder nada despreciable para su proyecto de encontrar al que más ama? ¿Dónde está la ventaja para ti?- Simon se aclaró la garganta. -Tal vez esa es la diferencia entre mi especie y la suya,- dijo. -A veces hacemos cosas que no están a nuestro favor.- -Ah,- dijo la reina. -La estupidez, quieres decir.- -Yo no lo llamaría así.- Clary no podía dejar de estar impresionada .- la última vez que había estado aquí Simon se había sentido demasiado incómodo y fuera de su terreno por decirlo en pocas palabras, pero ahora lo estaba llevando muy bien. -Ahora, ¿quieres que la ______ o no? Tenemos asuntos que atender.- -"Podría tomarlo de ti,- dijo la reina. -La niña no será difícil de eliminar, y en cuanto a ti, diurno, aquellos que me sirven, me sirven con sus vidas. La fiebre del suicidio podría ser un gran inconveniente a pesar de su maldición.- Ella dejó sus ojos sobre él durante largo rato.  -Yo soy la hija adoptiva del miembro del consejo Lucian Graymark,- dijo Clary. -Estoy cerca de los Lightwoods en el Instituto. ¿Vale la pena ganarse su enfado y su ira sólo para vengarse de mi por engañarla? Además - siempre he oído que las hadas aprecian la inteligencia. Usted no quiere decir que no se puede apreciar un buen truco, incluso a su propia costa, ¿verdad?.- Clary vio por el estrechamiento de los ojos de la Reina que había jugado duro - tal vez demasiado - en el orgullo de mujer de hadas, pero un momento después, la Reina sonreía, y las criaturas de las paredes gritaron con admiración.  -Jugadora como su padre,- dijo, y Clary lo sintió como una patada en el estómago. -Muy bien, ¿Qué le gustaría de mí a cambio de los ______? Voy a decidir si su propuesta merece una negociación.-


Texto descartado del capitulo 7

Fuente: Cassie's LiveJournal

Maia was waiting for them in MacCarren Park, on one of the narrow paths dusted with the skeletons of fallen leaves. She wore a gray leather jacket and a soft pink hat, pulled down over her ears, from which her wildly curling hair escaped in a golden-brown halo. She waved tentatively as they neared her; the first words out of her mouth were:

“Did you hear about Luke?”

They all nodded — Simon had told Isabelle and Jordan what he knew on the L-train ride over — and she fell into step beside Jordan as they went through the park, a moving foursome. Jordan had his hands in his pockets and was talking quietly to Maia, werewolf to werewolf. Simon glanced at Isabelle, walking silently beside him.

Weak November sunlight had come out from behind the clouds and picked out reddish highlights in her hair. She smelled like his own apple shampoo and Shadowhunter. “So,” he said. “Do you want me to ask why you were passed out in my bed last night when I came home, or not?”

“I didn’t pass out in your bed,” she said, as they swung left on Manhattan Avenue. The G train stop was there, and a guy was leaning against the railing, picking out a tuneless song on a guitar. Across the street was a Thrifty store where you could still get ice cream cones for 50 cents. “I passed out in your living room and Jordan put me in your bedroom.”

“He did?”

“Well, if it wasn’t Jordan, someone broke into your house and put me in your bed. Personally I prefer the Jordan theory. Less creepy.”

“It’s not that, it — what were you doing, drunk, with Jordan? He doesn’t drink much.”

“I’d imagine not. He has awful taste in tequila.”

“Iz.” Simon put his hand on her wrist. “I only want to know why you came over.”

She turned her head away from him, her shining black hair slipping across her back. There was a small Mark on the lower left side of her throat, just above her collarbone. It looked vulnerable, somehow. Simon wanted to brush it with his fingertips, but kept his hands in his pockets. “Everything sucks,” she said. “I saw Helen and Aline last night. We had dinner. They’re just so happy, and I keep thinking —” She bit her lip. “My parents are getting divorced, I think,” she said. “Alec is happy but I never see him. Jace is [redacted-sorry guys!]. Max is dead. Clary—”

“I get it,” he said, gently. “You needed someone to talk to and you couldn't think of anyone else.”

“No!” Isabelle said, frustration clear in her voice. "I wanted to talk to you. I always — I mean, I like to talk to you. Even if things weren't like this, I would..." She looked at him, sidelong. “I mean, we did date.”

“But it wasn't — it was never serious,” Simon said awkwardly. “I didn't think you wanted . . .”

“Did you? Want it to be serious?” Isabelle asked. There was a certain stiffness in her voice — pride, Simon guessed. Isabelle wasn't the sort of girl who made the first move with guys. She wasn't the sort of girl who had to.

“Did you?”

Isabelle made an exasperated noise. “Look, I didn’t come by last night because you’re number six on some list and everyone else is unavailable. I came because — I like you. You make me feel better. Maybe it’s something about your face.”

“My face makes you feel better?” So she was saying he was reassuring, sweet, dependable, all of those things; things he knew Clary thought he was; things that hadn’t helped her look at him instead of Jace, not for five minutes. And Isabelle liked her guys dangerous, not . . . reassuring. Reassuring was for stuffed animals. How could you be a vampire and not be sexually threatening? He wasn’t sure, but somehow, he’d managed it.

He was saved more torturous conversation by their arrival at Magnus’ apartment, the lobby of which, as usual, smelled like a combination of cat pee and old pizza. Simon made his way up the stairs after Isabelle — remembering the first time he’d been here, crushed out on Izzy and secretly hoping to make Clary jealous, not that that had worked. Magnus’ apartment had been full of rainbow smoke and Downworlders; now, as they filed in, it was quiet and full of late morning sunlight.

Magnus, Jocelyn and Alec were seated around a long rectangular table. Magnus was clutching a cup of coffee, wearing a dark green jumpsuit with yellow racing stripes, his dark hair an unruly mass of bed-head. Alec looked like . . . Alec. He raised his eyebrows at his sister as she came into the room, but didn’t seem inclined to kill either her, or Simon.

But Jocelyn looked at Simon with eyes as piercing as nails. “Where’s Clary?” she said, tightly.

Clary y Jace

Fuente: Cassie en Tumblr

Jace dejó lo que estaba sosteniendo en el alféizar de la ventana y se acercó a ella. Ella vino a apoyarse contra él, y su mano se deslizó debajo de su camiseta y descansó acariciando, posesivamente, en la parte baja de su espalda. Él se inclinó para besarla, suavemente al principio, pero la gentileza se fue rápidamente y pronto ella se presionó contra el cristal de la ventana, sus manos en el borde de su camisa - su camisa -

"Jace". Se alejó un poco. "Estoy bastante seguro de que la gente allá abajo en la calle puede vernos".

"Podríamos ..." Hizo un gesto hacia la cama. "Muévete ... hacia allá".

Ella sonrió. "Dijiste eso como si te tomara un tiempo pensar en la idea".

Cuando habló, su voz estaba amortiguada contra su cuello. “Qué puedo decir, haces que mis procesos de pensamiento se ralenticen. Ahora sé lo que es ser una persona normal ".

"¿Cómo ... está?" Las cosas que estaba haciendo con las manos debajo de la camiseta lo distraían.

"Terrible. Ya estoy muy atrasado en mi cuota de comentarios ingeniosos para el día. "

Clary y Sebastian

Fuente: Cassie en Tumblr

Los esfuerzos de Clary casi no sirvieron de nada cuando ella levantó la vista y vió a Sebastian , apoyado contra la pared opuesta del pasillo, de brazos cruzados, mirando a ella. Se sintió inmediatamente consciente de lo que llevaba puesto. El mismo vestido que había llevado al club , pero sin sus botas, su chaqueta y lo más importante, sin el bullicio que había estado escuchando la noche anterior, ella se sentía desprotegida, vulnerable.

"¿Quién me quitó los zapatos?" "

¿Eso es lo que quieres saber?" Sebastián miró incrédulo. "Te desmayas en un club y te despiertas cubierta de sangre y ¿quieres saber dónde están sus zapatos?"

Simon, Jordan e Izzy

Fuente: Tumblr de Cassandra Clare

Estoy dentro.

Las palabras de Clary sonaron en la cabeza de Simon, claras como una campana, en el momento en que abrió los ojos. Estaba acostado en la cama en la habitación libre de Magnus, con las sábanas tiradas, descalzo; Isabelle se había ido. Se sentó, frotándose las sienes, y pensó en ella:

¿En donde?

¿Simon? Su voz era débil, desvaneciéndose, como si se estuviera alejando de él. Se sentó.

¿Clary?

No hubo respuesta. Se puso de pie, con la boca seca.

¡Clary!!

La palabra hizo eco dentro de su cabeza como un timbre en una habitación vacía. Jurando, se quitó la ropa, se puso unos jeans nuevos y un suéter, y salió a la sala para buscar su bolso de mensajero. Se sintió un poco enfermo, como si pudiera vomitar. Clary lo había llamado, pero él no pudo alcanzarla; ¿Y si él nunca pudiera alcanzarla? ¿Y si ella estaba muerta o perdida o los malditos anillos simplemente no funcionaban?

Jordan estaba acostado en el futón con jeans y una camisa verde, una taza de café balanceada sobre su estómago. Giró la cabeza, el cabello oscuro se derramó sobre sus ojos, cuando Simon entró. "Tu teléfono ha estado sonando toda la mañana".

Simon agarró su bolsa de mensajero, colgando de una clavija en la pared. "¿Quién fue?"

"No lo sé. No lo comprobé. Es tu teléfono. Recibes muchas llamadas, hombre.

Simon se abstuvo de señalar que no tenían un teléfono fijo, por lo que todos los que lo conocían tenían que llamar a su teléfono móvil. Sacó el teléfono y miró el número. Un prefijo 718 irreconocible; Alguien en Brooklyn. Miró a Jordan. "¿Has visto a Isabelle?"

Una pequeña sonrisa jugó alrededor de la boca de Jordan. "Se está duchando". Simon miró hacia la puerta del baño, que estaba cerrada. Isabelle —Clary— fue demasiado. El tipo de cosas que te harían querer respirar profundamente y de manera constante, si respiraras. En cambio, abrió su teléfono y marcó; se escuchó en el primer timbre. "¿Hola?"

Simon estaba asombrado. "Magnus?"

Risas entre dientes. "Hola Diurno"

"No te ofendas, pero realmente nunca antes te imagine llamándome."

"Difícilmente es una llamada social" Había un ruido en el fondo; un murmullo de voces. "Simon, has-"

"No, quiero decir no te imaginaba usando el teléfono. Más bien- apareciendo en una explosión de diamantina."

"¿Has visto a Clary?", Dijo Magnus, con firmeza. "Abordaré el problema del brillo más tarde. Pero Jocelyn está aquí con el hermano Zachariah y - "bajó la voz -" Clary no está en su habitación ".

Simon se rindió y respiró hondo de todos modos, solo por reflejo. "No", dijo. "No, ella no lo estaría".

"¿Pero sabes dónde está ella?"

Simon cerró los ojos con fuerza. "Sí."

Hubo una pausa. "Creo que es mejor que vengas aquí".

"¿Quieres que traiga a Isabelle?"

"¿Isabelle está ahí?" Magnus logró sonar secamente divertido, a pesar de todo.

"Ella - ella, ah, pasó la noche".

"Alec estará encantado de escuchar eso. Quizás podamos tener un concurso para ver si él o Jocelyn te matan primero". Magnus se rió. ¿Ya le hablaste a Jordan sobre Luke?

"No." Simon abrió los ojos; Jordan todavía estaba acostado en el futón, absorto en una gorda novela de ciencia ficción. "¿Debería?"

“Él debería saberlo. Él es el pretor lupus y esto es un gran problema para los niños de la luna. De hecho, tráelo. Trae a todos tus pequeños amigos. ¡Los necesitarás! ”Con ese pronunciamiento alegre, Magnus hizo clic. Jordan se sentó, dejando a un lado su libro. "¿Qué fue eso de decirme -"

Se interrumpió, con los ojos muy abiertos. La puerta del baño se había abierto, y en una nube de vapor salió Isabelle, con el pelo como un río negro y húmedo por la espalda. Estaba envuelta en una toalla roja que acababa de golpear la parte superior de sus muslos y sus piernas parecían millas de largo. Ambos muchachos la miraron.

"Tengo tanta resaca", anunció, se pasó el pelo por un hombro y se dirigió hacia la habitación de Simon. Simon miró a Jordan, cuyas cejas se habían alzado hasta la línea del cabello.

Magnus y Jocelyn

Fuente: Cassandra Clare Twitter

"Es un cazador de sombras", dijo Jocelyn. "Su lealtad será hacia la Clave y el Convenio".

"Es mi amigo", dijo Magnus con frialdad. "Su lealtad es hacia mí".

Una pregunta de poder

Fuente: Sitio web de Cassandra Clare
Alec y Camille hablan sobre Magnus y su father.

“Cuéntame más” dijo Alec, yendo de un lado a otro por el suelo de cemento de la abandonada estación de metro en el City Hall. “Necesito saber.”

Camille miró al chico en frente de ella. Estaba reclinada en el diván escarlata con el que había amueblado el pequeño espacio; tenía una manta suave de terciopelo, aunque estaba deteriorada en algunas partes. No era el mejor mueble que había tenido; y, por supuesto, una estación de tránsito debajo de Manhattan difícilmente se comparaba con su estudio en París, su adosado en Ámsterdam o su gran casa solariega junto al río cerca de San Petersburgo que ahora tan solo percibe como un pequeño recuerdo.

“¿Saber más sobre qué?” le preguntó, aunque sabía perfectamente la respuesta.

“Sobre Magnus,” dijo Alec. Él sostenía una piedra de luz mágica en su mano, descuidadamente, como si hubiera olvidado que estaba ahí. Típico de los Nephilim, quienes daban por hecho sus poderes angelicales y la magia que corría por sus venas. La piedra echó su luz hacia arriba, dejando ver claramente los planos y los ángulos de la cara de Alec. “Él no hablará conmigo sobre su pasado, y no puedo soportarlo. No puedo soportar no saber.”

Ella le miró. Era pálido como la leche, sus ojos azules destacaban contra tanta piel blanca y la oscuridad de sus cabellos y pestañas. Sus piernas eran largas, su cuerpo delgado como una rama de sauce, pero fuerte: un chico muy guapo, incluso para ella, quien miraba a los seres humanos y veía mortalidad y putrefacción.

“Deberías tener que soportarlo,” le dijo ella, tratando de no dejar ver el aburrimiento con su voz. “Si Magnus aún no ha compartido sus secretos contigo, a lo mejor decide no hacerlo nunca. Así que tú puedes tenerle a él y a sus secretos o no tenerle del todo.”

Alec se dio la vuelta. “Pero él compartió sus secretos contigo.” Ella se encogió de hombros ligeramente. “Nos conocíamos el uno al otro por mucho tiempo. Yo tenía mucho tiempo para darle.” Sonrió, sintiendo el afilado roce de sus colmillos contra su labio inferior. Tenía hambre. Pensó en el chico, el pulso en su cuello que latía más rápido de lo que él hablaba, la abertura de sus ojos. Se preguntó si lloraría. Las lágrimas de los humanos eran saladas, como su sangre. Pero él no lloró. Su expresión se endureció, y ella vio una chispa de sus ancestros en la unión de su mandíbula. “¿Quién es su padre?”

Camille volvió a reposar su cabeza en el diván. “¿Y por qué debería decírtelo?”

“Porque quieres que mate a Raphael,” dijo él. “Y porque podría hacerte la vida muy desagradable, si quisiera.” Elevó la luz mágica, y sus blancos y fríos rayos se extendieron por la habitación. Así que sí la recordaba, después de todo.

Ella se incorporó, echando su pelo hacia atrás. “Esta es la última vez, Alexander. Después de esto, no diré una palabra más hasta que vengas con la sangre de Raphael en tus manos y su corazón atravesado en una cadena para que yo la lleve.”

Alec tragó saliva. “Dime. Dónde nació. Quién es su padre.”

“Tú lo llamarías Indonesia,” dijo Camille, “pero para nosotros eran las Indias Orientales. La madre de Magnus era mestiza – de padre blanco y madre indonesia. Su padre era un Príncipe del Infierno. ¿Conoces a los Príncipes del Infierno, chico ángel?”

La pálida piel de Alec palideció aún más. “Claro que los conozco,” le dijo, rígidamente. “Soy un Cazador de Sombras. Pero ellos son… míticos. Los más grandes ángeles del Cielo se convirtieron en los grandes Príncipes del Infierno. Y el más grande de todos ellos es… Lucifer.” Él retuvo un suspiro. “No estarás diciendo…”

Camille estalló en una carcajada. “¿Qué el padre de Magnus es el Portador de la Luz? ¿La Estrella Matutina? ¡Claro que no!”

“Pero es un Príncipe del Infierno.”

“Tendrás que preguntarle eso a Magnus por ti mismo,” dijo Camille, jugando con una borla en el extremo del brazo del sofá.

“A lo mejor él nunca quiso decírtelo,” dijo Alec. “¿Te amaba lo suficiente para decírtelo? ¿Tú lo amabas?”

“Él me amó,” dijo Camille, convencida. “Yo no a él no. Le tenía cariño. Pero nunca le amé. No de esa forma.” Ella se removió irritada. “Me he cansado de contarte cosas, pequeño Cazador de Sombras, especialmente cuando tú me has servido para tan poco.”

Las mejillas de Alec se enrojecieron. Camille podría decir, por la tensión en su delgado cuerpo, que estaba reteniendo tanto ira como vergüenza: él la necesitaba, pensó con satisfacción, la necesitaba para satisfacer la curiosidad que le consumía, alimentada por el miedo. Su necesidad de ella era como la sangre.

“Una última cosa,” le dijo él, en voz baja. “Una última cosa, y te dejaré en paz.” Ella levantó sus cejas.

“¿Soy diferente?, le preguntó. “¿Hay algo en la forma en que me ama que es diferente de las formas en las que ha amado antes?”

Ella dejó que sus labios se curvaran en una pequeña sonrisa. “La respuesta a esa pregunta, Alexander, te costará.”

“¿Me costará qué? ¿Qué más?”

Había dolor en su voz.

“Sangre,” respondió ella.

Un largo silencio se instauró entre ellos. Finalmente, en un tono incrédulo, le preguntó: “¿Quieres beber de mi sangre?”

Ella rio entre dientes. “¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde que bebí d un humano dispuesto? Y la sangre de Cazador de Sombras tiene una calidad especial. No todos vosotros sois como tu Jace, por supuesto, portando la luz del día en vuestras venas. Pero, aun así, tiene una calidad especial.”

El rubor en las mejillas de Alec se intensificó. La miró fijamente, mientras ella volvía a tumbarse sobre el terciopelo, entrecerrando sus ojos. Ella sabía que su belleza podía no calentar ni seducir al chico, pero eso no importaba. La belleza era poder, pero existían otros tipos de poder.

A esa distancia de Alec, ella podía percibir su aroma: perfume de sándalo, frío de invierno, el sabor salado del miedo humano. Y eran humanos, los Cazadores de Sombras. Ante todo, todavía humanos, presos de las emociones humanas, las debilidades humanas, los miedos humanos, de todo por lo que creían que eran especiales.

“Muy bien,” dijo él. “Sólo por esta vez.”

Ella le miró a través de sus ojos entrecerrados que ocultaban su triunfo, el ligero temblor en sus dedos cuando él alcanzó el botón que sujetó el puño de la camisa en su muñeca izquierda y lo abrió, ofreciéndole su piel desnuda y desprotegida.

Clary, Jace y Seb

Fuente: Cassie en Tumblr
A present from Cassie for trending #weareshadowhunters.

Clary estaba en la habitación de Jace cuando él y Sebastian regresaron a la casa. Había encontrado muy poco durante su búsqueda. No había nada en la habitación de Sebastian que pudiera considerarse interesante, excepto algunos libros escritos en latín, y su latín no era lo suficientemente bueno para leerlos. Había páginas que parecían haber sido arrancadas de viejas guías, ilustradas con bocetos a lápiz en blanco y negro, pegadas a las paredes, pero no parecía haber conexión entre ellas. En las chimeneas había trozos de ceniza que parecían los restos de fotografías quemadas, pero se desmoronaron cuando ella trató de recogerlas.

La habitación de Jace era la siguiente, limpia como un alfiler, que no contenía casi nada de sus pertenencias. Había armas, pero ella no las reconoció, ni tampoco los libros en los estantes. Su armario estaba lleno de ropa, pero al igual que la ropa en el dormitorio principal, eran en gran parte nuevas: debió de comprarlas en la última semana, ya que las etiquetas de precios todavía colgaban de varias de ellas. No eran lo que ella pensaba que era el estilo de Jace. Siempre se había vestido de manera simple: cosas que eran simples, colores sólidos, ropa que le quedaba bien pero que no llamaba la atención. Él era lo suficientemente hermoso como para que no importara, ella siempre había pensado; Se veía increíble en solo jeans y una camiseta. Y tenía muchos de esos en su armario ahora, pero las camisas tenían etiquetas de diseñador, los abrigos y las chaquetas eran Burberry y Hugo Boss y Dolce & Gabbana.

Como la ropa en el armario de Sebastian.

Como la ropa cara que Valentine siempre había usado.

Cerró la puerta del armario y se sentó en la cama de Jace, diciéndose que estaba siendo estúpida. La ropa de diseñador no era nada de qué preocuparse. Había otras cosas en la habitación que hablaban del Jace que siempre había conocido: la pulcritud, la disposición de sus armas sobre su cómoda en orden, el tamaño de los libros en la mesita de noche. Siempre usaba una daga delgada como un marcador; Eso no había cambiado. La foto de los dos, pegada a la pared. Incluso el jabón cítrico en su baño era el mismo jabón que siempre usaba -

Oyó pasos en la escalera, voces. La rosa de Sebastian: "¿Dónde está ella?"

Apenas tuvo tiempo de apagar la luz, se arrojó sobre la cama y se acurrucó con la cabeza sobre la almohada cuando se abrió la puerta. Jace se quedó allí, enmarcado en el resplandor del pasillo, Sebastian detrás de él. Se incorporó sobre un codo, parpadeando somnoliento a pesar de la aceleración de su corazón. "¿Acaban de regresar?"

Jace le dirigió a Sebastian una mirada, una mirada que decía claramente: te dije que estaría aquí. "¿No nos escuchaste subir?"

Ella sacudió su cabeza. "Lo siento, me cansé. Creo que todavía estoy exhausto por haberme quedado despierto hasta el amanecer de la otra noche ". Miró a Jace con recelo. "Me sentía un poco solo, así que pensé que si me acurrucaba en tu cama ..."

¿Sueno como que lo digo en serio? Su rostro se había relajado, pero Sebastian la miraba como si su mirada pudiera atravesarla como un cristal transparente, y se divirtió con lo que vio.

Se incorporó, sacudió el pelo hacia atrás y alcanzó la lámpara de la mesita de noche. "No ..." comenzó Jace, pero ella ya se había encendido.

Ella se puso rígida. Los dos chicos la miraron, Jace con cierta preocupación y Sebastian con su habitual peculiaridad de diversión. Sus ojos oscuros se encontraron con los de ella con el mensaje que siempre tenían, el que ella trató de no leer: Lo sabemos, tú y yo. Sabemos la verdad.

Pero nada de eso era lo que la había endurecido. Era que los dos estaban salpicados de sangre; había una mancha en la mejilla de Jace, manchándose las mangas, y una camisa en la camisa, los bordes oscuros y rígidos con la sangre seca, aunque la piel debajo no estaba marcada. Sebastian, sin embargo, Sebastian tenía sangre incluso en su pelo blanco plateado, y en su ropa, y en sus manos tan gruesas que parecía que llevaba guantes rojos. La pulsera de plata que llevaba alrededor de la muñeca donde se había regenerado su mano estaba manchada de rojo.

Clary escuchó su propia voz desde muy lejos. "¿Que pasó?"

"Tuvimos un pequeño problema", dijo Sebastián. "Nada que no pudiéramos manejar". Él inclinó la cabeza hacia un lado. "Te ves tan pálido como un fantasma, hermanita. No me digas que no has visto cosas peores. Somos cazadores de sombras. Esto es lo que hacemos."

"Por supuesto." Clary habló mecánicamente. "Simplemente no quiero que te lastimes".

"Entonces no tienes nada de qué preocuparte. La mayor parte de esto no es de nuestra sangre ".

Ella tragó contra su garganta seca. "Entonces, ¿de quién es?"


Extended DSCS

Fuente: Cassie's LiveJournal - sitio TMI
CC's note: Now keep in mind a version of this does still exist in the books, but it is much less... well. You'll see. I wrote this in Mexico, probably having had too much mezcal, and I was trying to capture a mood of really dark, tipping over the edge sensuality, doing things that are probably a bad idea, you get the picture.

“What’s going on?” It was Jace, having fought his way free of the pack of dancers. More of the shimmering stuff had gotten on him, silver drops clinging to the gold of his hair. “Clary?”

“Sorry,” she said, getting to her feet. “I got lost in the crowd.”

“I noticed,” he said. “One second I was dancing with you, and the next you were gone and a very persistent werewolf was trying to get the buttons on my jeans undone.” He took Clary’s hand, lightly ringing her wrist with his fingers. “Do you want to go home? Or dance some more?”

“Dance some more,” she said, breathlessly. “Is that all right?”

“Go ahead.” Sebastian leaned back, his hands braced behind him on the fountain’s edge, his smile like the edge of a straight razor. “I don’t mind watching.”

Something flashed across Clary’s vision: the memory of a bloody handprint. It was gone as soon as it had come and she frowned. The night was too beautiful to think of ugly things. She looked back at her brother only for a moment before she let Jace lead her back through the crowd to its edge, near the shadows, where the press of bodies was lighter. Another ball of colored light burst above their heads as they went, scattering silver, and she tipped her head up, catching the salt-sweet drops on her tongue.

Jace stopped and swung her toward him. She could feel the silver liquid trickling down her face like tears. He pulled her against him and kissed them, as if he were kissing tears away, and his lips were warm on her face and made her shiver. She reached for the zip on his army jacket, ripped it down, slid her hands inside and over the cotton of his shirt, then under the hem, her nails scratching lightly over his ribs. He stopped and cupped the back of her neck with his hand, leaning to whisper in her ear. Neither of them could be said to be dancing any more: the hypnotic music went on around them, but Clary barely noticed it. A couple dancing past laughed and made a derisive comment in Czech: she couldn't understand it, but suspected the gist was get a room.

Jace made an impatient noise and then he was pulling her after him again, through the last of the crowd and into one of the shadowy alcoves that lined the walls.

This alcove was conical, with a low stone pedestal in the center on which an angel statue, about three feet tall, stood. It was made of black basalt, but its eyes were glass, like doll eyes, and its wings were silver. The floor was slippery and damp. They skidded across it to fetch up against a wall, Jace with his back to it, and then he was kissing her, bruising hard and hungry kisses. He tasted salt-sweet, too, and moaned as she licked the taste off his lips. Her hands threaded through his hair. It was dark in the alcove, so dark Jace was just an outline of shadows and gold. She gripped the edges of his jacket, pushing it off his shoulders; it fell to the ground and he kicked it away. Her hands came up under his shirt, clawing at his back, fingers digging into the skin there, softness layered over hard muscle.

He kissed her harder and she clutched his shoulders as he sucked her bottom lip into his mouth and bit down on it, sending a shock of pleasure mixed with pain through her body. She squirmed to get closer to him and felt his breath quicken; she could taste blood in her mouth, salt and hot. It was as if they wanted to cut each other apart, she thought, to climb inside each other and breathe each other’s breath and share each other’s heartbeats, even if it killed them both. There was blood under her nails where she had clawed his back.

Jace pressed her forward, spinning them both around so she was pinned between his body and the wall. As they turned, he caught the edge of the angel statue, toppling it to the ground and shattering apart in a cloud of marble dust. He laughed and dropped to the ground in front of her on his knees among the remnants of broken statuary. She stared down at him in a daze as he ran his hands up her boots, to her bare legs, to the lace that edged the bottom of her slip dress. She sucked in her breath, as his hands slipped like water up and over the silk, to her waist, to grip her hips, leaving streaks of silver on the silk.

“What are you doing?” she whispered. “Jace?”

He looked up at her. The peculiar light in the club turned his eyes an array of fractured colors. His smile was wicked. “You can tell me to stop whenever you want,” he said. “But you won’t.”

“Jace…” His hands bunched in the silk of her dress, dragging the hem up, and he bent to kiss her legs, the bare skin where her boots ended, her knees (who knew knees could be so sensitive?) and farther up, where no one had ever kissed her before. The kisses were light, and even as her body tensed that she wanted to tell him she needed more, but didn’t know what, didn’t know what she needed exactly, but it didn’t matter because he seemed to know it. She let her head fall back against the wall, half-closing her eyes, hearing only her heartbeat like a drum in her ears, louder and louder still.

Carta de Stephen Herondale

Artículo principal: Carta de Stephen Herondale a Jace Herondale
Fuente: Blog de Radiant Shadows
Una carta de Stephen Herondale a su hijo, escrita antes de su muerte. Disponible con la edición especial de Ciudad de las Almas Perdidas de Barnes & Noble
Para mi hijo,
Si estás leyendo esta carta, es que estoy muerto.
Espero morir, si no hoy, entonces pronto. Sé que Valentine me matará. Por toda su charla sobre quererme, por todo su deseo de tener una mano derecha, él sabe que tengo dudas. Y él es un hombre que no puede admitir dudas.
No sé cómo vas a ser criado. No sé lo que te dirán de mí. Nunca sabré quién te dio esta carta. Se la encomiendo a Amatis, pero no puedo ver qué es lo que depara el futuro. Todo lo que sé es que esta es mi oportunidad de contarte algo sobre el hombre a quien es posible que odies.
Hay tres cosas que deberías saber sobre mí. La primera es que he sido un cobarde. Durante mi vida he tomado malas decisiones, porque eran fáciles, porque pensaba en mí mismo, porque tenía miedo.
Al principio creí en la causa de Valentine. Le di la espalda a mi familia y me uní al Círculo porque me creía mejor que los subterráneos, la Clave y mis agobiantes padres. Mi odio hacia ellos fue una herramienta que Valentine dirigió hacia su voluntad y nos cambió a muchos de nosotros. Cuando él apartó a Lucian yo no lo cuestioné, sino que gustosamente tomé su puesto para mí. Cuando él me pidió que dejara a Amatis, la mujer a la que amo, y me casara con Céline, una chica a la que no conocía, yo hice lo que me pidió, para mi eterna vergüenza.
No puedo imaginarme qué estarás pensando ahora, sabiendo que la chica de la que hablo era tu madre. La segunda cosa que debes saber es esta: no culpes a Céline por nada de esto, hagas lo que hagas. No fue su culpa, sino la mía. Tu madre era una inocente de una familia que la maltrataba: ella solo quería amabilidad, para sentirse segura y querida. Y aunque mi corazón ya había sido entregado, la quise, a mi manera, así como en mi corazón le fui fiel a Amatis. Non sum qualis eram bonae sub regno Cynarae. Me pregunto si amas el latín como yo lo hago, y la poesía. Me pregunto quién te lo habrá enseñado.
La tercera cosa y la más difícil que debes saber de mí es que estaba preparado para odiarte. Un hijo mío y de la joven novia a la que apenas conocía, parecías ser la culminación de todas las malas decisiones que había tomado, todos los pequeños compromisos que llevaron a mi disolución. Aún mientras crecías dentro de mi mente, mientras crecías en el mundo, un inocente sin culpa, empecé a darme cuenta de que no te odiaba. Está en la naturaleza de los padres verse a sí mismos en sus hijos, y era a mí a quien odiaba, no a ti.
Solo hay una cosa que quiero de ti, hijo mío – una cosa de ti y sobre ti. Quiero que seas mejor hombre de lo que yo lo he sido. No dejes que nadie más te diga quién eres o quién debes ser. Ama donde quieras. Piensa como quieras. Toma tu libertad como un derecho.
No te pido que salves el mundo, mi chico, mi hijo, el único hijo que alguna vez tendré. Solo te pido que seas feliz.
Stephen

Clace en el capítulo 7

Fuente: Cassandra Clare en Tumblr
A deleted/rewritten Clace scene from City of Lost Souls.

Clary didn’t know how long she’d been sitting on Luke’s front steps when the sun began to come up. It rose behind his house, the sky turning a dark pinkish-rose, the river a strip of steely blue. She was shivering — had been shivering so long that her whole body seemed to have contracted into a single hard shudder of cold. She had used two warming runes, but they hadn’t helped; she had a feeling the shivering was psychological as much as anything else. Would he come? If he was still as much Jace inside as she thought he was, he would; when he said he would come back for her, he would have meant as soon as possible. Jace was impatient. And he didn’t play games.

But there was only so long she could wait. Eventually Magnus would wake up, and look for her; her mother would return from the Iron Fortress with Brother Zachariah. She would have to give up on Jace, for at least another day, if not longer.

She shut her eyes against the brightness of the sunrise, resting her elbows on the step above her. For just a moment, she let herself float in the fantasy that everything was as it had been, that nothing had changed, that she would meet Jace this afternoon for practice, or that night for dinner, and he would hold her and make her laugh the way he always did. Warm tendrils of sunlight touched her face. Reluctantly, her eyes fluttered open.

And he was there, walking toward her up the steps, soundless as a cat as always. He wore boots, black pants, a dark blue sweater that made his hair look like sunlight. She sat up straight, her heart pounding. The brilliant sunshine seemed to outline him in light, and his eyes shone like polished shields. She thought of that night in Idris, watching the fireworks, how they had streaked across the sky and she had thought of angels, falling in fire.

He reached her and held his hands out; she took them, and let him pull her to her feet. His pale gold eyes searched her face. “I want you with me,” he said. “But I want it to be your choice. Once we go, there’s no coming back.”

“And if I say no?” she said, in a whisper.

“Then I’ll come back and ask you again later. And again after that. But it’ll always be your choice.”

“I love you,” she said. “There never has been, never will be anyone for me but you.”

He shook his head. “Love is too small a word,” he said. “You’re in my bones and my blood and my heart. I’d have to tear myself open to let you go, and even then …” He pulled her against him, against his heart. “Come with me, Clary. Come with me.”

“I hate the idea of living without you,” she said, and thought, and now the lying begins. “I want to come with you. I don’t care where we go, or what you’re doing, or about anything but being with you.”

He smiled, brilliant as the sun coming out from behind the clouds. “You’re sure?”

“I’m sure.”

He leaned forward and kissed her. Reaching up to hold him, she tasted something bitter on his lips; then darkness came down like a curtain signaling the end of of the act of a play.

Ciudad de Fuego Celestial

Boda

Fuente: City of Heavenly Fire; shared online by Cassandra Clare on Tumblr
This comes with the paperback UK edition of City of Heavenly Fire. This was drawn by Cassandra Jean.

Portal a Los Ángeles

Fuente: Ciudad del Fuego Celestial; compartida por Cassandra Clare en Tumblr
This is a deleted scene that was drawn into a mini-comic by Cassandra Jean and came with the special edition of City of Heavenly Fire from Target.

DSES director's cutEditar

Fuente: Cassandra Clare en Tumblr

…For a moment Jace just looked at her in astonishment, his lips parted slightly; Clary felt her cheeks flush. He was looking at her like she was the first star that had ever come out in the sky, a miracle painted across the face of the world that he could barely believe in. He swallowed. "Let me —" he said, and broke off. "Can I kiss you? Please?"

Instead of nodding, she leaned down to press her lips to his. If their first kiss in the water had been an explosion, this was a sun going supernova. A hard, hot, driving kiss, a nip at her lower lip and the clash of tongues and teeth, both of them pressing as hard as they could to get closer. They were glued together, skin and fabric, a heady mix of the chill of the water, the heat of their bodies, and the frictionless slide of damp skin.

Jace lifted her, dragging her up his body, and she felt him suck in his breath at the contact. His hands slid under her, grasping her thighs as he walked them both out of the lake. The cold air hit her body and she shuddered; Jace went down on his knees on the powdery sand beach, laying her gently atop the pile of their heaped clothes.

Clary stretched her body out, trying to line herself up with him, and saw his eyes darken as he watched her. Her wet underclothes clung to her body as Jace's clung to his. She let her eyes roam over him, taking in what was familiar and what wasn't: the flare of his shoulders, the curve of his waist, the scars on his skin … her gaze dipped lower …

He laughed, a low, dark rasp. "It's a little unfair," he said, breathlessly, "that you can tell how much I want this just by looking at me and I can’t tell the same thing about you." She shifted under him. Their bodies scraped together and his pulse jumped, his hands digging into the sand on either side of her. "Look at me," she said.

His eyes had been half-lidded; he opened them wide now, and stared at her. There was hunger in his, a hot devouring hunger that would have frightened her if it had been anyone else but Jace. But it was Jace, and she trusted him. "Look at me," she said, and his eyes raked her, adoring, devouring, swallowing, and her body felt as if burning liquid were surging through it everywhere his gaze touched. He dragged his eyes back up to her face: they fixed on her mouth. "I do want you," she said. "I always have." She kissed him, slow and hard. "I want to, if you do."

"If I want to?" There was a wild edge to his soft laugh. She could hear the soft rasp of sand between his fingers, saw the hesitation in his eyes, the concern for her, and she lifted herself up and wrapped her legs around his hips. He pressed his hot face into her throat, his breath ragged. "If you do that — I won’t be able to stop —"

"Don’t stop, I don’t want you to stop," she said, and tightened her grip on him, and with a growl he took her mouth again, hot and demanding, sucking her lower lip into his mouth, his tongue sliding against hers. She tasted him in her mouth, the salt of sweat and cave water. She had never been kissed like this before, even by Jace. His tongue explored her mouth before he moved down her throat: she felt wet heat at the hollow of her collarbone and almost screamed. She grabbed at him instead, running her hands all over his body, wildly free in the knowledge that she could touch him, as much as she liked, however she liked. She felt as if she were drawing him, her hands mapping his shape, the slope of his back, flat stomach, the indentations above his hips, the muscles in his arms. As if, like a painting, he were coming to life under her hands.

When his hands slid underneath her bra to cup her breasts, she gasped at the sensation, then nodded at him when he froze, his eyes questioning. Go on. He unsnapped the front and the bra fell open and for a moment he just froze, staring at her as if she shone like witchlight. Then he bent his head again and the feel of his mouth on her breasts did make her scream. She clapped a hand over her mouth, but he reached up and pried it away. "I want to hear you," he said, and it wasn't a demand, but a low, prayerful yearning. She nodded and buried her hands in his hair.

He kissed her shoulders and her breasts, her stomach, her hips; he kissed her everywhere while she gasped and moved against him in ways that made him moan and beg her to stop or it would all be over too soon. She laughed through her gasps, told him to go on, tried to hold herself still but it was impossible.

He stopped before removing each piece of clothing from either of them, asking her with eyes and words if he should keep going, and each time she nodded and said yes, go on, yes. And when finally there was nothing between them but skin, she stilled her hands, thinking that there was no way to ever be closer to another person than this, that to take another step would be like cracking open her chest and exposing her heart.

She felt Jace's muscles flex as he reached past her for something, and heard the crackle of foil. "Good thing I brought my wallet," he said, his voice unsteady.

Suddenly everything seemed very real; she felt a sudden flash of fear. "Wait," she whispered. He stilled. His free hand was cradling her head, his elbows dug deep into the sand on either side of her, keeping his weight off her body. All of him was tense and shaking, and the pupils of his eyes were wide, the iris just a rim of gold. "Is something wrong?"

Hearing Jace sound uncertain — she thought maybe her heart was cracking, shattering into pieces. "No," she whispered. "Just — kiss me," she pleaded, and he did, not moving to do anything else, just kissing her: hot languorous slow kisses that sped up as his heartbeat did, as the movement of their bodies quickened against each other. Each kiss was different, each rising higher and higher like a spark as a fire grew: quick soft kisses that told her he loved her, long slow worshipful kisses that said that he trusted her, playful light kisses that said that he still had hope, adoring kisses that said he had faith in her as he did in no one else. Clary abandoned herself to the kisses, the language of them, the wordless speech that passed between them. His hands were shaking, but they were quick and skilled on her body, light touches making her want more and more until she pushed and pulled at him, urging him against her with the mute appeal of fingers and lips and hands.

And even at the final moment, when she did flinch, she pressed him to go on, wrapping herself around him, not letting him go. "Jace," she whispered, and he bent his head to kiss her as he carefully, carefully started to move. She could see in the tension of his body, his grip on her shoulder, that he didn't want it to be over too quickly: he closed his eyes, his lips moving, silently shaping her name.

In the past days, weeks, her body had been torn by weapons, by shards of glass, flung through Portals, broken and bruised. Now she let all that fall away, let her body remind itself that it was also a thing that could give pleasure to her, and to the person she loved most in the world. "I love you," she said, her hands in his hair. "I love you."

She saw his eyes widen and something behind his expression crack. The last wall around his heart, the last piece of self-protection he’d held in place. It crumbled away into blazing light as he came undone against her, like sunlight bursting into a room that had been walled up for a long, long time. He buried his face in her neck, saying her name over and over before he collapsed against her shoulder. And when finally Clary closed her eyes she thought she saw the cavern blaze up in gold and white, wrapping them both in heavenly fire, the most beautiful thing she had ever seen.

Capitulo 23

Fuente: Cassandra Clare en Tumblr
No tengo mucho en el camino de escenas de corte sustantivas de City of Heavenly Fire. La mayoría de las cosas fueron reescritas en lugar de eliminadas. Pero aquí hay un poco de la escena de la muerte de Sebastian que no logró entrar.

"Te perdonamos", dijo Jocelyn. Seguía llorando, en la misma terrible manera silenciosa, así como hacía cada año cuando sostenía la caja con sus iniciales y lloraba.

"No," dijo él. "No hay perdón por lo que hice. Sé donde arderé cuando muera."

"El cielo no perdona, pero las madres lo hacen," dijo Jocelyn. "Cuando eras un bebé dentro de mi, soñé en todo para ti. Que serías guapo y fuerte y bueno. Que te cantaría y te querría y cuidaría de ti." Agarró su mano con fuerza. "A lo mejor no en este mundo, pero en otro, creo que esto era la verdad."

"No me perdones," susurró él. "Ódiame. Regocíjate en mi muerte. Después de todo lo que he hecho, lo último que desearía sería traerte más dolor."

"Jonathan", susurró Clary.

Sus ojos se movieron hacia ella. "Y las hermanas," dijo él. "¿Perdonan las hermanas?"

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